Genero: Obra de teatro
© 2011
Harold Mota
Caracas,
Venezuela
Todos los
derechos reservados
Registro S.A.P.I.
Nº: 9.064
PERSONAJES: F (3); M (2)
Jacinta
Rómulo
Rolando
Priscila
Aurora
ÚNICO ACTO
Todo transcurre en el comedor de la casa de los
Branger. Un par de sillones se ubican en los extremos, mientras una mesa grande
con seis sillas se sitúa al centro. Priscila se halla sentada en un sillón y
conversa con Aurora, quien se encuentra colocando en la mesa un mantel rojo con
motivos navideños y un florero.
AURORA: Sí, ya sé. Me lo has dicho mil veces, tengo que
hacer dieta. Pero no es fácil con este sueldito que tengo…y tú bien sabes que
para hacer dieta hay que tener plata, este lunes comienzo.
PRISCILA: (Incrédula) Si claro…el
próximo lunes.
AURORA: Cambiemos el tema… por cierto, ¿qué dijo tu
cuñada de los regalos? No me echaste el cuento completo.
PRISCILA: (Aclarando) Nuestra cuñada…
lo de siempre, dijo lo de siempre. Que el de Joseíto no se veía tan bien como
el de Camila, pero que igual gracias… después le vio el precio, que de estúpida
le dejé y se le alegro la cara.
AURORA: Francamente, hay días que es tan materialista,
¿qué van a saber esos niños de precios y marcas?...Con que les guste y aguanten
golpes está bien…lo demás son tonterías que a la gente se le meten en la
cabeza.
PRISCILA: (Resignada) Lo mismo pienso
yo, pero como una es la doctora, la que tiene plata, la que no tiene hijos… (Suspira) Le toca botarse con los
regalos.
AURORA: Yo les compre una cosa sencillita, me parece
una ridiculez dejar la mitad de las utilidades comprándole a Camila un regalo
carísimo…eso no me hace mejor madre.
PRISCILA: (Esquiva)
Es
así… hablando de regalos, ¿por fin mi mamá le compró el regalo a la hija de los
vecinos?
AURORA: Si vale, una muñeca bien bonita… hasta barata
le salió. Pobrecita esa niña, no es posible que siendo hija única, nunca le
compren nada en navidad.
PRISCILA: (Sorprendida)
¿Nunca?
AURORA: Jamás…el papá y la mamá son igual de
tranquilos… y eso que la alcaldía les da ayuda social, aparte de la casa que
prácticamente se la regalaron.
PRISCILA: ¿Y qué hacen con el dinero?
AURORA: Ah bueno, ella se va a la peluquería y gasta un
realero, él se compra par de cajas de cerveza y se sientan en la puerta a
escuchar su vallenato.
PRISCILA: (Indignada) ¿Siempre?
AURORA: Todos los quince y último. Y mi mamá que los
tiene mal acostumbrados, claro, ellos saben que todos los años ella les cuadra
el regalo.
PRISCILA: ¡Que gentecita!… Al fin al
cabo, ¿qué culpa tiene esa niña?
AURORA: Sí es una lástima.
(Entra Rolando.)
ROLANDO: ¿Y qué tanta gente viene? En la cocina hay
comida como para un mes.
PRISCILA: ¡Gracias a Dios!
AURORA: No vale, casi nadie…viene la abuela, dos amigos de mi papá y con nosotros… (Saca la cuenta con los dedos) somos
doce… metiendo a los niños.
ROLANDO: ¿Y los vecinos vienen?
AURORA: Ni quiera Dios… (Priscila lanza una carcajada) ¿Para qué?... ellos mandan a la niña
y listo, además aquí no escuchamos vallenatos.
PRISCILA: ¿Ah no?… ¿Qué era eso que
estabas escuchando el día que terminaste con Gerónimo? No era precisamente La Quinta Sinfonía de Beethoven.
(Rolando ríe.)
AURORA: ¡Que memoria!... ese era un CD viejo que papá
tenía arrumado.
ROLANDO: (Riendo
aún) Y lo escuchaste hasta que se ralló la última canción… (A Priscila) ¿Tú te imaginas que se
aparezca Gerónimo hoy?
AURORA: ¡No vuelvas a nombrar a ese señor hoy 31 de Diciembre
que eso es pavoso!... mejor me voy a darme mi baño con destrancadera.
PRISCILA: ¡No olvides la pantaleta!
AURORA: Lo que sea para anular esas malas energías, el
año que viene va a ser un año de luz, así lo decreto.
ROLANDO: ¡Habrase visto!
(Sale Aurora arrastrando los pies y entra Jacinta con
ropa elegante.)
JACINTA: (A
Aurora) Levanta los pies que te pareces a Doña Francisca… (A Priscila) ¿Cómo me veo?
ROLANDO: (Comiendo
una manzana) Bien… siempre te ves bien.
JACINTA: ¡Tan bello!
PRISCILA: ¡Viste que se te ven bellos
los zapatos!
ROLANDO: (A
Jacinta) Esos zapatos yo los veo bien altos. Camina para allá para verte bien (Jacinta camina)… quítate eso mamá,
pareces una lora en plancha e’ zinc.
PRISCILA: (A
Jacinta) Mamá no le hagas caso, qué va a saber él de eso… (A Rolando) No se los va a quitar, esos zapatos se los regalé yo.
JACINTA: (A
Priscila) Yo te dije que estaban muy altos… con dos copas que me tome me
voy a ir de boca.
ROLANDO: ¡Viste que tengo razón! (A Priscila) Qué manía la tuya de ponerle a mamá cosas incomodas…
si ella no los siente bien, debería quitárselos.
PRISCILA: (A
Rolando, molesta) Que ella decida… yo me voy a la cocina a ver si hace
falta algo.
(Se escuchan unos gritos de Rómulo.)
RÓMULO: (Gritando, aún
fuera de escena) ¡Jacinta!… ¿Dónde está mi camisa negra?
PRISCILA: Amarren a su loco.
(Sale Priscila y echa una mirada de rabia a Rómulo que
viene entrando apurando el paso.)
RÓMULO: (Molesto) No consigo mi camisa negra.
JACINTA: (Afable) Tu me dijiste
que te planchara la amarilla y esa fue la que te planché… la otra está
arrugada.
ROLANDO: (A
Rómulo) Deja el escándalo…es verdad, yo escuché cuando le decías que era la amarilla
la que ibas a usar.
RÓMULO: (Molesto) Sí, pero resulta
que Aurora se va a vestir de amarillo de pies a cabeza y mi mamá me acaba de
llamar diciéndome que se iba a poner la blusa amarilla que yo le regalé… vamos
a parecer “Los Panchos”.
ROLANDO: (A
Rómulo) Hasta donde yo sé, la blusa amarilla de la abuela la compró Priscila.
JACINTA: (A
Rómulo) Eso ya es asunto tuyo. Usted me dijo la amarilla y esa fue la que le
planché. Además tienes toda la vida sabiendo que todo el mundo en año nuevo usa
ese color.
RÓMULO: (A Jacinta) Yo no sé como
vas a hacer pero yo no me voy a poner esa camisa.
JACINTA: (Esquiva)
Yo
tampoco sé.
ROLANDO: (A
Rómulo, molesto) ¿Vas a seguir con esa necedad?, en qué cabeza cabe
que mi mamá a está hora va a estar planchado camisa… ¿no ves que ya se vistió?
RÓMULO: Ultimadamente no me quiero poner la maldita
camisa amarilla.
ROLANDO: (Molesto,
autocontrolado) Ponte la que quieras pero la planchas tú.
JACINTA: ¡Hijo por favor no empiecen!
ROLANDO: Pero si es él.
(Rómulo mira a ambos con incontenible rabia, y
repentinamente sale de la sala pateando una silla.)
ROLANDO: Que manía la de mi papá de echar a perder
siempre la fiesta… todos los años es lo mismo.
JACINTA: Déjalo hijo…eso debe ser la úlcera.
ROLANDO: (Incrédulo)
¡La
úlcera!… Ese está armando show para tener una excusa e irse… y luego llega bien
tomado a las once y media… la úlcera. Yo te voy a decir algo, si se llega a
poner insoportable, no respondo. No es posible que uno no pueda pasar una
navidad tranquilo. Todo el año entre un problema y otro, para que venga el a
jodernos el día, no me calo. No me la calo.
JACINTA: Es tu padre, ¿qué le vamos a hacer?
ROLANDO: Me molesta su actitud… siempre te trata como a
un perol. Es más, si esto va a seguir así, el año que viene alquilamos en algún
lado, nos vamos de viaje o no sé… pero lo dejamos aquí, que él vea que es
mejor.
JACINTA: (Esquiva) ¿Y tú no te vas a cambiar?... Ponte el traje gris.
ROLANDO: Sí ese mismo, a Corina también le gustó.
(Entra Priscila.)
PRISCILA: ¿Y que le pasa a aquél?
Entró a la cocina tirando las cosas.
ROLANDO: La andropausia en su máxima expresión…
JACINTA: ¡Rolando por Dios!
PRISCILA: Mamá tu siempre
defendiéndolo, no puede ser que yo venga a ésta casa dos veces al año y nunca
falta una pataleta de aquél… ¿qué le cuesta ser gente una vez al año? ¿Qué le
cuesta?
ROLANDO: Por lo menos tu vives en Bogotá y casi ni lo
vez, pero Aurora que vive aquí, tiene que calárselo día y noche.
PRISCILA: Aurora es un caso especial.
JACINTA: Hablemos de otra cosa. Ya tu abuela debe estar
por llegar… que lindo los gorritos que Corina les compró a los niños.
ROLANDO: (Sorprendido) ¡Se me había
olvidado ir a buscar a Corina!
PRISCILA: (Insidiosa) ¿Y dónde está?
ROLANDO: Comprándole unas cosas a los niños…luces de
bengala.
(Sale Rolando.)
PRISCILA: (Resignada) ¡Corina la cuñadita!
JACINTA: Es la esposa de tu hermano y hay que quererla.
PRISCILA: Si acaso respetarla, no me
pidas más... ¡qué rápido se te
olvido lo de los cachos!
JACINTA: Chismes de la gente… además las dos sabemos que
Rolando no es ningún santo.
PRISCILA: No es igual.
JACINTA: Eso ya es asunto de pareja, nada tenemos
nosotras que opinar ahí…ahora cuéntame ¿cómo te va en Bogotá? No hemos tenido
tiempo de hablar bien, ¿mucho frío por allá?
PRISCILA: A veces mamá, no siempre.
JACINTA: Si no fuera por el pavor que le tengo a los
aviones me iría unos días contigo.
PRISCILA: Te puedes ir en bus… son
como dos días.
JACINTA: ¡Dos días! Eso es demasiado… llegaría muerta.
(Entra Aurora con un atuendo completamente amarillo,
Jacinta y Priscila se miran y lanzan una risa disimulada.)
PRISCILA: (Cortés) ¡Hay pero que bella!
JACINTA: Aurora, hija ponte algo negro… un cinturón, unos
zarcillos… no sé, así pareces un araguaney.
AURORA: Esto es para alejar la pava y atraer todo lo
bueno… ¿dime si no me veo espectacular?
(Se da la vuelta)
PRISCILA: (Sonriente) Si mi amor, bella como tú sola.
AURORA: ¿Cuál era el escándalo que había hace rato?
JACINTA: Nada… tonterías.
PRISCILA: Mi papá y sus arranques de
locura de fin de año.
JACINTA: ¿Priscila vas a seguir con lo mismo?
PRISCILA: Pero si es la verdad.
JACINTA: Me voy a secar las copas y buscar la bandeja para las
avellanas.
AURORA: ¿Para qué mamá?... Nadie se come eso.
JACINTA: No importa, se ven bien en la mesa… además
atraen las buenas energías.
(Sale Jacinta.)
AURORA: Hay días que me da pesar con mi mamá, siempre
queriendo contenerlo todo, tapando las grietas de la casa. A veces pienso que
un día va a explotar y nos dejará.
PRISCILA: También pienso lo mismo,
¡que paciente!
AURORA: ¡Es única!
PRISCILA: Eso se llama, saber querer.
AURORA: El día que mamá falte… esta casa se viene
abajo.
PRISCILA: No quiero ni pensarlo.
AURORA: Mejor ni hablemos de eso…
PRISCILA: Sabes que he estado llamando
a Cristina y no me atiende.
AURORA: Mi amor, hoy se ponen las líneas
insoportablemente abarrotadas.
PRISCILA: ¿Pero desde las tres de la
tarde?
AURORA: ¡Si señorita!... Además las llamadas al
exterior se ponen peor… ¿ya le dijiste a mamá que Cristina viene la próxima
semana?
PRISCILA: (Nerviosa) No me atrevo… yo
se que ella sabe o se imagina… a decir verdad, no me atrevo.
AURORA: ¿Se imagina qué?
PRISCILA: Bueno… lo de nosotras.
AURORA: Por favor, ¿de dónde sacas eso? Esa es más
despistada.
PRISCILA: No creo, cuando llegué me
dijo tenía la cara triste… le dije que era el cansancio del viaje.
AURORA: Eso no quiere decir que sepa, ¡por Dios!
PRISCILA: ¿Y cuando Cristina venga?
AURORA: Esperemos entonces que llegué. No vale la pena
que te mortifiques antes.
(Entra Rolando vestido con un elegante traje gris, dos
botellas de champagne en una mano y tres copas en la otra.)
AURORA: ¡Ya éste se va a emborrachar antes de tiempo!
(Rolando destapa una botella)
PRISCILA: (A
Rolando) Pon música y sírveme ya… estoy aburrida.
(Rolando coloca la canción “Vampiro” del Grupo
Barranco.)
ROLANDO y PRISCILA: (Cantando
abrazados) Vampiro, vampiro, me chupa el vampiro. Vampiro,
vampiro, me chupa el vampiro. Vampiro, vampiro, me chupa el vampiro. Vampiro,
vampiro, me chupa el vampiro.
(Aurora se pone
a bailar.)
AURORA: (Cantando) Yo soy como los
vampiros que salgo al anochecer, porque en la noche me inspiro y me llevo a una
mujer. Yo soy como los vampiros que salgo al anochecer por que en la noche me
inspiro y me llevo a una mujer.
AURORA y PRISCILA: (Cantando
abrazadas) Vampiro, vampiro, me chupa el vampiro. Vampiro,
vampiro, me chupa el vampiro…
ROLANDO: Vamos a cantar ahora esta.
PRISCILA: Si eres necio no la cambies.
(Rolando cambia la canción y coloca ahora “Hace un mes” del mismo grupo.)
AURORA: (A Rolando) Precisamente vas
a poner esa canción.
ROLANDO: ¿Y que tiene esa canción ahora? Hace tres años
cuando estabas de novia de Gerónimo la bailaban toda la noche… y había que
calársela.
AURORA: Y dale con ese señor. Hazme el favor y quitas
esa canción.
PRISCILA: No importa Aurora, déjala.
ROLANDO: ¿Ahora que hice?
PRISCILA: Nada, fue una casualidad.
Una de esas coincidencias menudas que te echan a perder el cuerpo.
AURORA: Por si no lo sabes Cristina terminó con
Priscila precisamente hace un mes.
ROLANDO: ¿Qué voy a saber yo de historias de amor de
cachaperas?
PRISCILA: (A
Rolando) No empieces con tu sarcasmo… te he dicho que se dice lesbianas, no
cachaperas ni camioneras.
ROLANDO: La misma vaina es… pura semántica.
AURORA: Adelanta esa canción y te quedas como en la cédula.
ROLANDO: Si me contaran un poquito más de sus cosas, no
pasara esto.
PRISCILA: (A
Rolando) No había tenido tiempo de contarte bien…pero es así…Cristina me dejó
por otra más alta y con los senos más grandes que yo.
ROLANDO: (Bromista)
Eso
tiene solución… te pones lo zapatos que le compraste a mamá y te operas las
tetas.
AURORA: (A Rolando, extrañada) ¿Qué zapatos?...
(A Priscila) Tú eres más bella, más
joven y ganas más que Cristina, ella se lo pierde. Te puedo asegurar que unas
tallas más no son motivo para terminar una relación.
(Rolando sirve tres copas y entrega una a cada una.)
PRISCILA: (Llorosa,
se toma la copa de un solo trago) Rolando sírveme más.
ROLANDO: ¡Y luego dicen que el borracho soy yo!
AURORA: ¿Priscila vas a llorar por esa tipa?... De
verdad no entiendo como tiene las santas bolas de venir a Caracas y quedarse en
esta casa…hay que ser bien cara dura.
(Rolando le entrega la copa llena a Priscila.)
ROLANDO: ¿Que Cristina viene a Caracas? ¿Para qué?
PRISCILA: No sé, ayer hablé con ella y
me dijo que la próxima semana debía tramitar unas cosas acá… me pidió el favor
de que la alojara.
ROLANDO: ¿Por qué no se quedar en un hotel? ¿O acaso
viene a pedir cacao?
AURORA: Eso lo pudo haber hecho por teléfono.
ROLANDO: Yo siempre lo he dicho: “toda negra pelo liso,
tiene su mala intención.”
AURORA: No siempre.
ROLANDO: A las pruebas me remito.
AURORA: ¡Y pensar que el año pasado recibió el año con
nosotros!
(Priscila se tapa la cara y empieza a llorar.)
ROLANDO: A pues… mejor dejan el champagne para más
tarde… no quiero peas lloronas tan temprano.
(Aurora le acaricia el cabello a Priscila. Entra
Jacinta y coloca unas bandejas en la mesa.)
JACINTA: ¿Qué pasa aquí?... ¿Priscila estás bien?
AURORA: Nada… que el año se va y la gente le da
nostalgia.
ROLANDO: Sí… y a mí me dejó la misma suegra de mierda
que llevo años aguantando.
AURORA: Te escuchara Corina.
JACINTA: Por cierto, ahora que nombras a Corina ¿son
ideas mías o el vestido que carga Corina es igualito a que usó Cristina el año
pasado? Cuando salió la vi, y estaba por comentarles.
AURORA: Ideas tuyas.
ROLANDO: Ni cuenta me había dado.
JACINTA: ¿Entonces Priscila qué es lo que te pasa?
PRISCILA: Nada mamá.
JACINTA: ¿Cómo que nada?
AURORA: No pasa nada mamá.
JACINTA: La gente no llora por nada, ¿no me piensas
contar?... ¿O acaso la distancia te ha hecho perder la confianza en mí?
(Silencio absoluto)
PRISCILA: (Aún
llorosa) ¡Mamá Cristina me dejó!
(Aurora y Rolando quedan mudos y se observan
asombrados ante aquella confesión.)
JACINTA: (A
Rolando y Aurora) ¿Ustedes para que se ponen a beber tan temprano?... (A Priscila, pausada) Hija quédate
quieta que por ahí viene tu papá y se puede dar cuenta… lo de tu amiga Cristina
lo hablamos otro día.
ROLANDO: Yo mejor quito ese CD.
AURORA: Busca el de los villancicos para cuando lleguen
los niños.
JACINTA: (A
Priscila) Seguro es el cambio de clima que te pone así.
ROLANDO: ¡Ahora le llaman cambio de clima!...Cuando todo
el mundo decía que Corina me había puesto los cachos, entonces ahí si era
guayabo.
AURORA y JACINTA: ¡Rolando cállate!
PRISCILA: (Calmada)
Discúlpame
mamá, pero tenía que decirlo.
JACINTA: Tranquila…eso pasa.
PRISCILA: Que pena con ustedes.
AURORA: Estamos en familia… se te corrió el maquillaje.
PRISCILA: Voy al cuarto a retocarme.
JACINTA: ¿Te acompaño hija?
PRISCILA: No, gracias voy sola… estaré
bien.
(Sale Priscila.)
JACINTA: Ni una palabra de esto a Corina, los problemas
de la casa, en la casa y con la gente de la casa se discuten.
ROLANDO: Díselo a Aurora.
AURORA: Si porque fui yo la que le contó a todo el
mundo, que habíamos hipotecado la casa.
JACINTA: ¿Quién es todo el mundo? ¿A quién le contaste
Rolando?
ROLANDO: A nadie mamá.
AURORA: A Corina y a la abuela, pequeño detalle. Eso es
como si le hubiera contado a los de la prensa.
JACINTA: (A
Rolando) ¿Qué te he dicho?... Los trapos sucios se lavan en la casa… además ni
Corina, ni la abuela, van a ayudar con el pago de la hipoteca.
AURORA: Lo mismo pienso yo… de igual forma papá va a
pagar la deuda en tres meses.
ROLANDO: ¿De dónde va a sacar plata ese señor para pagar
eso?... Deberíamos contarle a Priscila, ella sí es de la casa y podría ayudar.
JACINTA: ¿Para qué? Priscila hace seis años que vive en
afuera y no tenemos porque preocuparla con nuestros problemas… bastante tiene
ella con su lió amoroso.
AURORA: Algún día se enterará… quizá para el año
entrante se encuentre con la sorpresa de que no tenemos casa. Y créeme que eso
jamás nos lo perdonará.
JACINTA: No hables así, no parecen cosas tuyas, ¿qué
pasó con lo de pregonar las buenas energías y todo eso?
AURORA: (Obediente) Está bien, hay
que decretar que todo saldrá bien.
JACINTA: Eso me gusta más.
ROLANDO: Esperamos que el día llegue y punto… ¿mamá y te
quedaste con esos zapatos?
AURORA: Ah… esos son los fulanos zapatos. Pero a mí me
gustan.
JACINTA: A mí también… aunque son muy altos, pero me da
pena quitármelos, Priscila me los dio con tanto cariño.
ROLANDO: Cuando se descuide te los quitas… te hubieras
visto como venías con esas bandejas, parecías un zanquero de Sabana Grande.
(Aurora y Jacinta lanzan una carcajada.)
AURORA: Tanto así no… que exagerado eres (A Jacinta) Lo que sí te digo es que no
te vayas a poner a beber tanto, prudencia.
JACINTA: Dejen la mortificación que yo voy a lucir mis
zapatos con elegancia… si me paso de tragos para eso están las paredes y las
sillas.
ROLANDO: (Riendo) Y el paraguas.
AURORA: (Riendo) Que cómico lo
del día del paraguas, ese fue el mejor día de todos.
JACINTA: El mejor de todos porque fui yo la que se
emborrachó… hubiera sido uno de ustedes dos y no lo contarán con tanta gracia.
ROLANDO: Era para morirse de la risa verte usando ese
paraguas de bastón, en pleno verano y a las doce de la noche.
AURORA: Y la abuela gritaba “Jacinta pa’ donde me
llevas el paraguas, ni siquiera está lloviendo.”
JACINTA: Yo de la borrachera ni me acuerdo que me decía…
yo me hacía la loca y por nada del mundo soltaba ese paraguas.
ROLANDO: Claro, si lo soltabas te venías al suelo.
(Aurora y Rolando ríen por largo rato.)
AURORA: Que cómico, me duele la barriga de tanto
reírme.
JACINTA: Ya está bueno… vayan buscando oficio.
ROLANDO: Ya yo hice lo que me tocaba.
AURORA: ¿Que se habrá hecho Priscila?
JACINTA: Anda ver que está haciendo.
ROLANDO: Si anda… no queremos suicidios pasionales a
esta hora.
AURORA y JACINTA: ¡Rolando!
(Entra Rómulo, trae puesta la camisa amarilla.)
RÓMULO: ¿Y cuál es el relajo que tienen ustedes?
AURORA: (Circunstancial) Agradecidos de
la vida y de las cosas buenas que nos deja el año viejo.
ROLANDO: (Sarcástico) Sí… y hablando
de lo bien que se te ve tu camisa amarilla.
JACINTA: (Oliendo a
Rómulo) ¿Dejaste perfume para mañana?... Después te quejas porque no tienes.
AURORA: (Aduladora) Más bello mi papi… ¿mira y quienes son esos amigos que
vienen?
RÓMULO: Juan y la novia.
JACINTA: (Sorprendida) ¡La novia! ¿Y qué
paso con la esposa? Él la trajo aquí el día de tu cumpleaños.
ROLANDO: No le toca mamá… un día una y un día la otra.
RÓMULO: Eso ya es asunto de él.
AURORA: A mí de verdad que me daría mucha pena
encontrarme a esa señora en la calle, y me pregunte como recibimos el año
nuevo… yo no sabría qué decirle.
JACINTA: (Indignada a
Rómulo) Debiste habernos adelantado lo de la noviecita de Juan.
ROLANDO: Mamá no te des mala vida.
RÓMULO: (Esquivo) Voy a salir a
comprar unas cosas.
AURORA: ¿A ésta hora?... Si ya la gente ésta por
llegar.
RÓMULO: (A Rolando) Préstame algo de
plata… me quedé sin efectivo.
ROLANDO: Lo poco que tenía se lo di a Corina.
AURORA: (A Rolando) ¿Tú no saliste a
buscarla?
ROLANDO: La llamé y me dijo que se viene sola.
(Pausa incomoda)
RÓMULO: (A Jacinta y
Aurora) ¿Ustedes no tienen?
AURORA: De verdad no tengo.
JACINTA: Yo tampoco… si me hubieses avisado temprano.
RÓMULO: Yo que nunca les pido nada y cuando lo hago
todo me lo niegan.
ROLANDO: ¿Qué culpa tenemos nosotros de no tener plata? Además,
¿quién te manda a planear compras con plata ajena?
JACINTA: ¿Y cuál es la urgencia?
AURORA: Papá pregúntale a Priscila, ella debe tener.
RÓMULO: Aquí todo el mundo opina y nadie resuelve.
ROLANDO: Empezando por ti… y mejor lo dejamos hasta aquí,
no estoy de ánimo para discusiones.
JACINTA: Rómulo no vayas a empezar… ve y resuelve tu
urgencia… sabrá Dios que favor le debes a Juan como para que traigas a esa
mujer a ésta casa.
AURORA: Mamá obviemos lo de esa mujer, capaz y a Juan
se le caen los planes.
ROLANDO: (Irónico) ¡Juan!... Sólo
lo vemos cuando hay fiesta, whisky y comida. Cuando la cosa está fea ni se
aparece. ¿O se les olvida que fue el primero que nos dio la espalda cuando le
pedimos que nos ayudara con lo de la hipoteca?
AURORA: ¡Dios mío ya van a empezar!
JACINTA: ¡Rolando ya por favor!… Dejemos lo de la
hipoteca a un lado, no quisiera que Priscila nos escuchara.
RÓMULO: (A Rolando) ¿Tenías una
mejor idea para salir de la deuda? ¿O se te olvida que hasta hace poco vivían tú
y tu esposa arrimados aquí?
JACINTA: ¡Por los clavos de Cristo!
ROLANDO: Es verdad… y bastante que nos amargaste la
vida.
AURORA: Si van a seguir, me voy.
RÓMULO: (A Rolando) Que muchacho tan
mal agradecido… aparte de inútil, mal agradecido.
JACINTA: ¡Ya basta, por favor! No consiguieron otro
momento para discutir.
ROLANDO: Lo inútil, lo herede de ti… mamá voy a estar
afuera.
AURORA: Lo hecho, hecho está, no nos amarguen la noche.
El año tiene 365 días para quejarse y resolver, hoy sólo nos toca agradecer y
disfrutar.
(Rolando sale de la sala conteniendo su ira. En ese
momento Rómulo siente un dolor, coloca su mano en el pecho y se sienta.)
AURORA: ¿Papá te sientes bien?... Tienes la cara roja.
JACINTA: ¿Rómulo qué tienes? Aurora busca la pastilla,
la cajita que está allí en la mesa… apúrate.
(Aurora trae la caja y saca una de las pastillas.)
RÓMULO: Tranquila que no es nada.
AURORA: Abre bien la boca papá.
JACINTA: ¡El agua! Déjame buscar el agua.
(En la carrera de salida Jacinta choca con Priscila
quien venía al comedor)
PRISCILA: ¿Qué pasó mamá?
JACINTA: Nada chica, pásame un vaso de agua rápido.
(Priscila sale e inmediatamente entra con el vaso y
las dos corren hasta donde está Rómulo.)
RÓMULO: (Luego de haberse
tomado la pastilla) Ya se me pasó, les dije que no era nada.
AURORA: No era nada y parecías un camarón.
PRISCILA: Déjame tomarte el pulso… saca
la lengua y levanta los dos brazos.
JACINTA: ¿Priscila será que fue un pre infarto?...
Rómulo, Dios quiera y no te de un patatús a esta hora.
AURORA: Ni lo menciones mamá.
PRISCILA: Al parecer no fue nada
grave… por lo menos el pulso lo tiene bien. Pero no deberíamos confiarnos. Voy
a llamar a la gente de asistencia médica a ver si de aquí a las doce se dignan
en venir.
JACINTA: Rómulo vamos a la cama para que te recuestes un
rato.
RÓMULO: Pero me quitas la camisa, no vayas a decir
después que la arrugué.
(Jacinta levanta a Rómulo y abrazados salen de
escena.)
PRISCILA: ¡Qué nochecita! Y pensar que apenas comienza.
AURORA: Te lo juro que si a mi papá le pasa algo yo me
muero… de verdad que me muero.
PRISCILA: Deja de decir locuras, bicho
malo no se muere.
AURORA: Tú no cambias Priscila, deja ese rencor… Rolando
y tú se la pasan en eso, dejen a mi papá quieto, ya ese señor tiene 60 años.
PRISCILA: Trataré, sólo por hoy me
aguantaré.
AURORA: Si él se cuidara y dejara el mal carácter no le
darían esas descompensaciones tan seguidas.
PRISCILA: El pez muere por la boca…
todo lo que se come y todas las barbaries que dice, lo terminaran matando, de
eso no me cabe la menor duda. Yo realmente estoy resignada.
AURORA: Si cumple bien el tratamiento no tendría por
qué pasarle nada. La abuela tiene años sufriendo del corazón y ahí está, vivita
y coleando.
PRISCILA: ¡Y no llamamos al servicio
de asistencia médica! Busca la guía telefónica.
(Aurora va a la mesa y revisa la guía y cuando
encuentra el número se la da a Priscila)
AURORA: Dame para hablar yo, me sé el número de la
póliza de memoria.
(Priscila marca de su teléfono móvil el número.)
PRISCILA: (En
el teléfono) Un momento ya le van a hablar… (Le
pasa el teléfono a Aurora.)
AURORA: ¡Que rápido! ¿Sí?... Para pedir un servicio de atención domiciliaria… un presunto
infarto…no, a mi no, a mí papá… disculpe, Rómulo Branger, número de póliza 20-11-08-20…
la dirección de siempre, allí en el registro debe estar… exactamente… gracias a
usted… buenas noches y feliz año.
PRISCILA: Más o menos a esa hora
llegarán, cuando estemos dando el feliz año.
AURORA: Sí, se tardan demasiado, pero qué se va a hacer
es una de las pólizas más baratas… ¿tú dónde aprendiste de atención médica?
PRISCILA: El pulso lo aprendí a tomar
cuando era scout, lo demás lo leí en
una de esas tantas cadenas que me envían al correo electrónico.
AURORA: Ya decía yo, una abogada con diplomado en
primeros auxilios.
PRISCILA: Si supieras que en Bogotá a
la gente que estudia ingeniería les dan clases de teatro.
AURORA: ¿Y eso para qué?
PRISCILA: Vaya usted a saber,
seguramente para engordar el pensum.
AURORA: Cierto, yo vi una materia ridiculísima donde le
enseñaban a uno a dibujar marcianos, ni me acuerdo como se llamaban… dos horas
perdidas, así le decían.
(Priscila se ríe)
PRISCILA: Con razón te gustó Gerónimo,
es igualito a E.T.
AURORA: Si eres necia.
PRISCILA: Voy a pensar que es sólo una
pequeña coincidencia.
AURORA: Quizás.
(Entra Jacinta)
AURORA: ¿Cómo sigue papá?
JACINTA: Mejor… ¡que susto! Ahí está instaladísimo
hablando por el celular con Juan.
AURORA: Esa es una buena señal.
PRISCILA: Mamá no comenten nada cuando venga la abuela,
sabes cómo se pone… por cierto, bien raro que no ha llegado.
JACINTA: Llamó hace rato, está donde tu tía Octavia, en
un rato la traen.
AURORA: Parece mentira que la tía Octavia viva a menos
de cuatro cuadras y nunca nos visite.
PRISCILA: Ni nosotros a ella, debe ser porque es
insoportable, tan sencillo como eso.
JACINTA: Desde el día que se caso Rolando y no la
invitamos a la boda, nos hizo la cruz.
AURORA: Y para colmo ese día llamó y me pidió que le
pasara a Rolando, él me hizo señas de que no se la pasara. Tuve que actuar y
decirle “tía saludos te manda Rolando, que gracias por acordarte pero ahorita
está algo complicado”. Me dio una pena con la pobre.
PRISCILA: Necedades de ella, todo el mundo sabe que
Rolando es anti-familia y por eso no la invitó.
JACINTA: Ese muchacho siempre fue así, igualito al
abuelo de antipático.
AURORA: Sincero y tajante como nadie.
PRISCILA: Mejor así. Yo siempre he dicho, uno debe estar
en donde se sienta bien y con gente agradable, de lo contrario te estarías
sometiendo a un innecesario acto de hipocresía.
AURORA: Aparte de paramédico, filósofa.
(Las tres ríen)
PRISCILA: A veces.
AURORA: Priscila te quería comentar algo... yo creo…
PRISCILA: Habla, ¿cuál es el misterio?
JACINTA: Aurora si no es algo que podamos resolver hoy,
preferiría que te quedaras con la boca cerrada.
AURORA: Mamá tranquila que no es nada grave… yo pienso
que ya es hora de… bueno, que hables con mi papá sobre lo tuyo. Lógicamente no
será hoy, pero deberías aprovechar tu estadía acá.
JACINTA: ¿Hablar de qué?
PRISCILA: Mamá deja de hacerte la
loca, las tres sabemos cuál es el asunto, yo creo que ya es hora de que se vaya
acabando la doble moral en esta casa.
JACINTA: Yo sólo te digo algo, uno no tiene que andar
por la vida dándole explicaciones a la gente de lo que uno haga o deje de
hacer, y menos si se trata de gente llena de prejuicios, es difícil cambiarle a
un viejo la manera de pensar.
AURORA: Es cierto, pero papá siempre ando preguntando
cuando se va a casar Priscila.
PRISCILA: Y yo que pensaba que estaba
claro en el asunto.
JACINTA: Que siga preguntando, algún día se cansará de
preguntar.
PRISCILA: Aurora mamá tiene razón, además no creo que
sea el momento adecuado, no está bien de salud.
AURORA: Yo estoy segura que si tú te sientas con él, se
toman unos tragos y se relajan, entenderá todo.
PRISCILA: ¿Y cuando se le pasen los
tragos?... Yo te agradezco tu esfuerzo de sincerar y acercar a la familia, pero
a veces es mejor dejar las cosas como están.
AURORA: No estaría de más que lo intentaras.
PRISCILA: Ya ustedes y Rolando lo
saben, creo que por ahora es más que suficiente.
JACINTA: Que bueno que lo tomes así hija, yo te quiero
tal y como eres, y aunque no comprendo algunas de tus cosas, te las respeto,
porque sé que eres una mujer centrada, sólo con eso me conformo.
(Priscila abraza a Jacinta y luego Aurora se une a
ellas en el abrazo.)
PRISCILA: Mamá te quedó bella la mesa.
AURORA: ¿Te quedó? Querrás decir, les quedó. Yo también
colaboré.
JACINTA: (Riendo) Cierto, Aurora
bordó el mantel y escogió las flores.
PRISCILA: Que bien le ha sentado la
soltería.
(Entra Rolando)
ROLANDO: ¿Y esas caras? No me digan que ya le contaron a
Priscila.
PRISCILA: ¿Contarme qué? ¿Mamá hay
algo que deba saber? Te vi pelándole los ojos a Aurora antes de que ella
hablara.
JACINTA: Nada hija, Rolando que no sabe ya ni qué decir…
(A Rolando) hijo la torta la trae tu
abuela, deja ya de estarla poniendo.
AURORA: Rolando sírvenos unas copas, no me gusta recibir
el año con tanta compostura, eso es aburridísimo.
PRISCILA: Rolando sirve las copas, quizás un par de
tragos les afloje la lengua… (Aurora y
Jacinta se van a la mesa a romper unas avellanas mientras Rolando sirve los
tragos)… no crean que se me van a hacer los locos y yo les voy a seguir la
corriente.
(Rolando entrega las copas.)
AURORA: Ya deberíamos estar todos acá… ¡falta traer los
taburetes!, no creo que los invitados se quieran sentar en el piso.
ROLANDO: Deja yo los buscos.
AURORA: Yo misma voy, tú nunca te percatas si están
rotos o manchados.
(Sale Aurora)
PRISCILA: Entonces Rolando ¿Qué es lo que debo saber?
JACINTA: Voy a ver como sigue Rómulo.
PRISCILA: Mamá me disculpas pero tú no
vas a ningún lado, hice una pregunta y creo que me merezco una respuesta.
ROLANDO: Corazón no es nada, ¿otro trago?
JACINTA: Otro para mí también, por favor.
PRISCILA: Por lo visto la cosa es más
grave de lo que yo pienso.
JACINTA: (Afable)
Siéntate hija.
ROLANDO: Deja mamá, yo fui el imprudente y creo que eso me
hace responsable de lo que se deba decir, deja que sea yo quien le cuente.
JACINTA: Déjame a mí, siéntate tú también.
ROLANDO: ¿Qué te parece si pongo algo de música?
PRISCILA: Preferiría que no me adornaran
la situación.
JACINTA: El asunto es el siguiente, como te has dado
cuenta hemos tenido algunas dificultades económicas, a tu padre ya casi no le
salen contratos, tu hermano gana muy poco y Aurora apenas está saliendo de su
depresión sentimental.
PRISCILA: Eso lo sé.
JACINTA: Déjame terminar. Hace unos meses la cosa acá se
puso más difícil y…
PRISCILA: ¿Es mi papá cierto? Ya el
médico le dio fecha.
ROLANDO: Déjala concluir.
JACINTA: Estábamos hasta la coronilla de deudas y nos vimos obligados a…
PRISCILA: ¿A qué?
JACINTA: Hipotecamos la casa.
(Larga pausa)
ROLANDO: Era eso Priscila, sé que no era el momento para
que te enterarás pero tú así lo quisiste.
PRISCILA: ¿Cuándo hay que pagar la
hipoteca?
ROLANDO: El 30 de marzo.
PRISCILA: ¿De cuánto estamos hablando?
JACINTA: 400 mil bolívares.
ROLANDO: En dólares sería el doble de lo que te costó el
carro.
PRISCILA: Esto es increíble, y yo que
pensaba que ya nada peor les podía pasar... (Vacía
la copa) tranquila mamá, si hay alguien que realmente ama ésta casa eres
tú, conociéndote sé que esto debe tenerte preocupada.
JACINTA: No sabes cuánto. Yo nada puedo hacer, sólo
rezar… rezar y esperar.
PRISCILA: Algo se nos ocurrirá, lo importante
es mantener la cordura y haber aprendido que las hipotecas son peor que las
tarjetas de crédito… ni siquiera te voy a preguntar qué hicieron con el dinero,
me imagino que ya nada debe quedar.
(Entra Rómulo)
RÓMULO: Ya llegó Juan. ¿Donde está la cava Jacinta? La
gente trajo hielo, y whisky del bueno… ¿A que no adivinan quien es la novia de
Juan? ¡Me quedé loco!
(Entra Aurora rápidamente intentado cortar la
conversación de Rómulo)
AURORA: Papá lleva la cava deja que yo les cuente.
RÓMULO: A pues…
AURORA: Papá por favor.
RÓMULO: La muchacha esa vale. ¿Cómo es que se llama?
AURORA: Te están esperando con la cava.
JACINTA: A mí me tiene sin cuidado quien sea esa mujer,
sea quien sea no es bienvenida a ésta casa.
ROLANDO: ¿Quién es? ¿Diosa Canales?
RÓMULO: No…
AURORA: Priscila, creo que lo que vas a escuchar no te
va a gustar.
PRISCILA: No me digas que es alguna
del colegio.
ROLANDO: ¡Qué! Ya
esas no están para esos trotes.
RÓMULO: La amiga tuya vale…
JACINTA: ¿Cuál?
AURORA: Es Cristina.
PRISCILA: ¿Cristina?
JACINTA: ¿Cristina? ¿No se supone que está en Bogotá?
RÓMULO: Sí, esa misma, la que vino el año pasado, la
amiga tuya.
(Priscila se sienta en una de las sillas del comedor.)
RÓMULO: Ese Juan sí que tiene buen gusto.
JACINTA: Resérvate ese tipo de comentarios.
ROLANDO: (A
Aurora) ¿Estás segura que
es ella?
(Priscila en un repentino arranque de rabia se levanta
en dirección a la puerta y Aurora la detiene.)
AURORA: Priscila cálmate, piensa bien lo que vas a
hacer.
JACINTA: Rómulo lleva la cava.
RÓMULO: ¿Qué es lo que pasa aquí? Desde que entré andan
como raros, queriendo que me vaya, yo sé que tengo que llevar la cava.
ROLANDO: Entonces llévala.
JACINTA: No es cortés hacer esperar a los invitados.
RÓMULO: Priscila ¿Qué es lo que pasa?
PRISCILA: Pasa que me canse de que me vean la cara de
estúpida, pasa que me harté de estar fingiendo un personaje que no soy, pasa
que estoy cansada de que la vida misma me ponga situaciones injustas y siempre
tengo que hacerme la loca por el simple hecho de ser distinta.
JACINTA: Priscila es suficiente.
AURORA: Vamos a mi cuarto Priscila.
RÓMULO: (A Priscila) ¿Qué es esto?
¿Te gusta Juan? ¿Tienes un asunto pendiente con la tal Cristina?
AURORA: Deja que seamos nosotras quienes resolvamos
esto, ve a buscar el hielo.
RÓMULO: No me da la gana de irme, yo no me voy de aquí
hasta que Priscila me explique cuál es su rabieta.
PRISCILA: (A
Rómulo) Por más que te explique de qué se trata, no lo vas a entender. Porque
resulta que tú sólo entiendes, lo que te interesa entender.
JACINTA: Yo creo que no es el momento para hablar de
esto.
ROLANDO: En esta casa nunca es el momento de hablar
nada, por eso todo se hace sin consultarse, todo se ignora y no se enfrenta
nada.
RÓMULO: Es Cristina cierto.
AURORA: Sí, es Cristina, pero eso sólo es algo que ella
y Priscila deben resolver, ni tú ni ninguno de nosotros debe meterse en eso.
JACINTA: Rómulo yo creo que lo mejor es que te calmes, hace
rato te dio un dolor en el pecho.
PRISCILA: Mamá no te preocupes, no voy
a embarrarla. (A Rómulo) Deberías
ocuparte de asuntos más importantes. En lugar de estar mortificándote por mis problemas.
RÓMULO: Ya te fueron con el chisme de la hipoteca.
PRISCILA: Ojala fuera un chisme. Tu incompetencia siempre fue eso, “un
chisme”. Como si la solución fuese esconder tus deberes y fracasos.
RÓMULO: No voy a permitir que me hables así.
PRISCILA: Y yo no voy a permitir que
te metas en mi vida.
JACINTA: Ni una palabra más. Rómulo o sales a recibir la gente o voy yo. Así aprovecho y prendo
el riego del jardín, a ver si el agua les devuelve la vergüenza a la Cristina y al señor ese
que no pienso nombrar.
ROLANDO: Yo voy.
JACINTA: Tú te quedas ahí.
PRISCILA: Lo importante de todo esto
es que ya estamos claro -corrijo- estoy clara con el asunto de la hipoteca, que
a mi parecer es lo más importante.
AURORA: (A Priscila) Después de todo vas a ser tú quien probablemente
termines resolviendo lo de la hipoteca… (Se
sirve una copa.) Por ahora deberíamos dejar eso a un lado y actuar cual
familia decente… total, si no es una cosa es la otra, si no son las deudas, son
los cachos de Rolando, la enfermedad de papá…
ROLANDO: O el despecho de Aurora, la novia de Priscila…
¡Qué más da!
(Rómulo se queda mudo y se sienta en una silla.)
PRISCILA: Las necedades de la abuela,
Corina o la tía Octavia.
(Priscila cae en cuenta que la familia que hoy tiene,
no es ni la sombra de lo que ella soñó, se encuentra sumida en una profunda
nostalgia. Su memoria evoca recuerdos de su niñez, los momentos felices que
vivió junto a sus hermanos.)
JACINTA: Yo mejor me quito estos zapatos, ya no los aguanto.
Rolando sírveme un trago, ya aquí no hay nada de qué hablar. El año que viene
discuten, hablan y se quejan, ya no me voy a angustiar por nada.
(Rómulo toma la cava y sale sin decir nada.)
AURORA: Bueno que empiece la fiesta, después
recogeremos los vidrios.
(Rolando sirve cuatro copas y cada uno toma la suya.)
AURORA, ROLANDO Y JACINTA: (Brindando) ¡Salud!
ROLANDO: ¿Será que Cristina sabía que era aquí a donde
venía?
AURORA: No lo creo.
ROLANDO: Lo más seguro es que no se dio cuenta sino
hasta que llegó, tiene toda la estampa de las que el teléfono no las deja mirar
para los lados.
AURORA: ¿Dónde habrá conocido a Juan?
PRISCILA: (Casi
sin querer hablar) Ni me importa.
ROLANDO: Juan tiene muchos negocios raros en la hermana
república.
JACINTA: Eso sólo lo sabrán ellos, ponte a bailar, que
te vea feliz, que sepa que éstas bien y que su ausencia o presencia, poco te
importa.
(Rolando vuelve a colocar la canción “Vampiro” del
Grupo Barranco y saca a bailar a Priscila.)
AURORA: Mamá ¿por qué tenemos esa extraña costumbre de
juntar todas las cosas malas cuando termina el año? ¿Qué necesidad tiene uno de
exponer la miseria y los rencores precisamente hoy? Tanto que criticamos a la
gente de al lado, y uno los ve siempre felices, unidos, sin poses ni
formalismos, y son las seis de la mañana y es como si el año les hubiese
otorgado unas horas extras para despedirse, para estar en armonía.
JACINTA: Porqué sencillamente ellos decidieron ser
felices, con su ordinariez, su informalidad… su mesa desnuda y sus regalos
improvisados. No sé si por conformistas o por básicos. Sabes algo, siempre tuve
el temor de que nuestros logros nos convirtieran en seres soberbios, que
nuestro auge económico aflorara nuestras diferencias más y más. Hace diez años,
cuando éramos una de las familias más pudientes de la zona, mi temor era ese,
hoy que me doy cuenta que la escasez y la sombra de la ruina nos hostiga; tengo
el mismo temor. Así que concluí que no es la casa, los carros, los viajes ni
los títulos lo que nos une o divide, si no el aprender a aceptarnos y
respetarnos, tal y como somos.
AURORA: Ojala y se apareciera Gerónimo…
JACINTA: Lo que falta es que se aparezca de la mano de
Corina, sería la gota que derramaría el vaso.
AURORA: ¡Pobre Rolando!
(Entra Rómulo)
RÓMULO: La gente se fue, no quisieron entrar.
(Pausa larga, el ambiente se va tornando melancólico.)
AURORA: ¿Y la abuela?
RÓMULO: Tampoco viene, le duelen las rodillas y no
encontró quien la trajera. Nadie viene
ROLANDO: (Apagando
la música) Solos, de nuevo solos…
(Priscila y Aurora se quitan los zapatos, los llevan
en las manos y salen. Luego Jacinta se pone sus zapatos, va a la mesa, se sirve
en una pequeña cesta unas almendras y se sienta en uno de los sillones. Rolando
y Rómulo se sirven una copa y se sientan en la mesa en silencio.)
JACINTA: Rolando, ve y dile a tus hermanas que a las
doce se servirá la cena… al regresar colocas música.
(La escena se va oscureciendo poco a poco, Rómulo se
levanta de la mesa va hacia Jacinta y le coloca la mano es uno de sus hombros.)
(FIN)