martes, 10 de abril de 2012

¡SACRISTÁN DESPIERTA!


Genero: Novela      
© 2009 Harold Mota
Caracas, Venezuela
Todos los derechos reservados
Registro S.A.P.I. Nº: 7.424


  

…A Dios le debo la creatividad con la cual se ha desarrollado cada párrafo, y día a día le doy gracias, sólo le pido tres cosas: humildad, fortaleza y sabiduría.
  

   
CAPITULO 1: El sonido de los tacones en la vieja escalera.

─ ¿Francisco has colocado el nuevo corporal?

─ Si padre, sólo falta pulir el cáliz y apagar algunas velas del fondo, ya casi termino.

─ Estaré afuera conversando con el Padre Santiago, cuando hayas terminado acércate hasta allá.

        Desde muy chico me ha gustado servirle al sacerdote y colaborar con la iglesia. Cada día al salir de clases voy a la capilla y ayudo al Padre Alberto en lo que puedo, a mi abuela no le gusta mucho la idea de que esté tanto en la iglesia, pues siempre dice que todos buscamos una excusa para irnos de casa y dejarla sola. 

        A la hora de la cena, encuentro servido en la mesa un plato de sopa de espárragos y apio que noche a noche ella me guarda, es una de las comidas más detestables que he probado, pero debo comerla porque ella dice que es bueno para mi crecimiento; tanto así que apenas me escucha llegar, paso a paso oigo sonar sus tacones bajando por la vieja escalera de madera, luego se sienta en la mesa mientras como, y de esa forma se asegura de que no voy a botar la sopa.

        A mis amigos poco les gusta estar en casa, les molesta la actitud algo descortés que suele tener mi abuela. En el fondo es una buena persona, simplemente ocurre que luego de enviudar por tercera vez se volvió un poco terca y desde entonces, progresivamente ha ido adquiriendo un rostro poco amigable. En ocasiones salimos de compra, pasamos por la floristería y escoge coronas de flores que son enviadas a algunas personas, una vez le pregunté cual era el motivo, y me dijo que eran para sus difuntos esposos, pero me he dado cuenta que no es cierto, ya que suele colocarles tarjetas que indican distintas direcciones, realmente no las envía al cementerio sino a la casa de algunas personas. Un día se soltó de una de las coronas una tarjeta y luego de manera disimulada la leí y vi que decía: “Me sentaré en la puerta de mi casa a ver pasar tu escuálido y podrido cadáver.”Realmente nunca he entendido cual es la razón de enviar flores a esas personas, quizás es parte de un extraño ritual.

        Hace semanas, he notado que todos en la casa actúan de manera extraña, como si hubiera algún problema y nadie me lo quisiera decir, lagrimas por aquí, gritos por allá y miradas que se esconden como tratando de ocultar algún asunto del cual no he sido participe. Realmente no se de que se trata, lo que si es cierto, es que mi abuela siempre anda preocupada por cualquier cosa y piensa que si algo anda mal es motivo de discordia y de aislamiento. Y eso le hace creer que algún día, todos nos iremos, y morirá sumida en su soledad. 

        Yo por mi parte trato de no mortificarme por cualquier tontería, al fin de cuentas he aprendido a hacer mis cosas solo y a ocupar mi tiempo en cosas productivas, tengo tantos libros por leer que siento que el tiempo no me alcanza, y en la medida que voy aprendiendo más, aumentan las preguntas y dudas que poseo sobre la vida; en especial la manera tonta con la cual en la historia de la humanidad, los hombres han batallado y han destruido pueblos por el simple hecho de pensar distinto.

        El Padre Alberto me comentó que las Fuerzas Armadas estaban haciendo un llamado de alistamiento para los reservistas que debían ir a la guerra en el venidero mes, y que hace años su padre había muerto batallando en tierras lejanas; era algo que por un lado lo apenaba y por el otro lo entristecía, razón por la cual en ocasiones afloran algunos de sus viejos recuerdos y su espíritu alegre se muestra ensombrecido.

        Siempre he sido de las personas que busca la manera de levantar el animo de la gente, me invento mil y una formas de hacerlo hasta que lo logro, es algo que me ha definido; aunque últimamente y para mi extrañes, me he sentido muy enfermo, paso horas dormido y todo lo que como me da nauseas, no he querido decir nada para no alarmar a nadie, pero de pronto siento que todo me da vueltas y  algunas veces veo todo negro.
  

CAPITULO 2: Padre Árbol     
                                       
                                                                        
Villarrica de Oropeza, Perú. 1905


        Es domingo, y luego de pasar varios días lloviendo, el sol aparece más radiante que nunca y me levanta con el reflejo de sus rayos en mi cara, volteo a mi alrededor y todos siguen dormidos aún, en cambio yo no aguanto las ganas de salir al patio y observar los agujeros hechos en la tierra por las hormigas león, es impresionante como llenan todo el inmenso patio con sus cuevas, como si fuese una gran ciudad que brotara  debajo de la tierra. Cada mañana nos dirigimos a los hormigueros y cada uno de nosotros, hace la escogencia del territorio que resguardará, se le debe dispensar a las hormigas con comida y evitar la entrada de depredadores e intrusos, además de cubrir cada hormiguero con trozos de madera para evitar que el agua y los frutos que caen de los árboles lo destruyan.

Salgo al pasillo central y observo a la hermana Bartola más alegre que nunca, ella tiene ya muchos años y le cuesta un poco caminar, pero a pesar de todo siempre está feliz y llena de vida, me cuenta que cada día al levantarse, le da gracias a Dios y a todas sus vírgenes por regalarle un día más, yo copié la costumbre de darle gracias a Dios pero a las vírgenes no, sólo a algunas porque son muchos nombres y no logro memorizarlos todos.

La hermana Ruth me llama para que le ayude a servir la mesa, ella es la más joven y bella de todas las monjas que he visto, si alguna vez tuviera una madre, quisiera que fuera como ella. Es blanca y su cabello es muy rojo, parece como de otra parte, he oído que sus padres eran alemanes y que murieron cuando aún era niña, y sabrá Dios cómo vino a parar aquí; es muy callada y no habla sino lo necesario.

Al llegar la hora del desayuno todos corren a la mesa en busca de las sillas que aún sirven, esta vez sirvieron avena y cereal, es mi comida favorita y siempre que puedo y las hermanas me dejan pido dos raciones, tanto así que quedo muy lleno y casi no puedo caminar, pero hago como que si no me pasa nada a ver si la próxima vez corro con la misma suerte.

Poco a poco van juntándose todos en el patio y empezamos a observar a nuestro “Padre árbol”, es el caobo más grande y verde de todos los árboles del pueblo, desde que tengo uso de razón los más viejos me hablaban de él, y el encanto ha transcendido de niño a niño, no sabemos quien le puso el nombre, sólo sabemos que es el “Padre árbol” y bien que se  lo merece.

Siempre jugamos a conseguir la hoja más grande que ha desprendido el árbol, pasamos horas enteras removiendo entre la grama y los restos de hojas secas a ver quien es el afortunado en conseguirla, trato de esmerarme y casi siempre soy yo el que la consigue, pareciera que “Padre árbol” me diera ese honor, la agarro y la guardo con todas las demás que tengo en mi caja de madera, desafortunadamente con el tiempo se vuelven tan secas que apenas al tocarlas se hacen polvo, pero igual trato de conservarlas, no tengo muchas cosas y para mí esas hojas valen mucho.

La hermana Hilda me prometió que para mi cumpleaños me regalaría un buen libro, que aparte de leerlo me servirá para guardar las hojas y evitar que se desmoronen. El año pasado me regaló un camisón azul que ella misma me tejió; lo uso cuando en las mañanas hace mucho frío, o a veces para dormir, sólo tengo un par de sábanas muy delgadas, y aunque las hermanas se aseguran de cerrar bien las ventanas todas las noches, a veces el frió se cuela por quien sabe donde y casi no me deja dormir.

Ya en el orfanato somos más de veinte, pero siempre que alguno de nosotros cumple años, las hermanas nos regalan algunas cosas y ese día nos dan el honor de sentarnos en la punta de la mesa como premio. También hacen en el almuerzo la comida que más nos gusta y son atentas con nosotros.

Yo aún conservo todos los obsequios que me han dado, un escapulario, un rompecabezas, una armónica, muchos pares de medias y mi camisón azul; cuido tanto mis regalos, que a veces ni los uso para que no se deterioren.

Siempre por estas fechas, al levantarnos las hermanas nos arreglan muy bien, es agosto y es cuando suelen venir más personas a adoptar niños, debe ser porque es época de vacaciones y es cuando más niños se observan en los parques y por todas las calles y eso hace que muchas parejas reconsideren la idea de tener un hijo.

En su mayoría vienen en busca de los más pequeños, yo ya tengo nueve años pero aún conservo la esperanza de que alguien venga por mí y tendré una gran casa con una linda familia y muchos perros. Siempre me han gustado los perros y en especial los más grandes.

Cada verano ocurre exactamente lo mismo, viene un montón de parejas, nos arreglan una y otra vez, a duras penas son tres o cuatros niños que corren con suerte. Una vez hubo una familia me quiso llevar consigo; todo iba bien, les parecí un buen niño, la hermana Hilda les mostró los dibujos que hacía y les gustaron mucho, hasta decían que Francisco era un excelente nombre. Pero un simple y mínimo detalle los espantó y hasta ahora no entiendo por qué. El día que me venían a buscar, yo me encontraba en una mesa terminando el dibujo de mi familia perfecta; yo, mi papá y mi mamá adoptiva y un grande y oscuro pastor alemán, todos en una montaña verde cubiertos por el esplendor de un cielo despejado.

Casualmente ellos entraron y me sorprendieron dibujando, se veían muy alegres, tanto o más que yo, cuando de pronto la señora, me miró y me dijo:

─ ¿Eres izquierdo?

        Y le dije, de siempre. Eso le causó un horror indescriptible, además observó mi dibujo y empezó a llorar, no entendía que pasaba, el señor se quedó en silencio y con la boca abierta como si hubiera visto un fantasma. Ella corrió a la oficina de la hermana Hilda, y se encerraron los tres por un largo rato. Luego de eso salieron sin darme ninguna explicación, la señora seguía llorando y a la hermana Hilda se le notaba en el rostro una profunda tristeza, ella los acompañó hasta la puerta y únicamente el señor se volteo para decirme:

─ ¡Qué Dios te bendiga, lo siento mucho!

Después de eso, se marcharon y nunca más los volví a ver. Me sentí más solo y triste que nunca, pasé horas llorando en mi cama y no comprendía por qué no tuve la dicha de ser adoptado. Esa noche no comí, y la hermana Ruth se sentó al lado de mi cama y me dijo que no llorara más, que a veces la gente es muy extraña y repentinamente cambian de parecer.

Sin darme cuenta me quedé dormido, tan temprano como jamás lo había hecho, con sentimientos de duda y culpa por algo que ni siquiera en el fondo de mí comprendía.
       
Esa noche tuve la más extraña y horrible de las pesadillas.

 Iba en una calle oscura con edificios muy viejos y de ventanas largas, y de pronto me perseguían unas bestias sanguinarias de dientes enormes, eran como leones pero de su lomo salía una  hilera de pelo que le recorría desde la cabeza hasta la punta de la cola y sus patas eran como de avestruz, era una gran manada donde corrían uno tras otro, además no tenían ojos pareciera que los gusanos se los habían comido, yo los miré y corrí tanto como nunca pensé que podía hacerlo, me subí por una pared y andaba por los techos de las casas corriendo y saltando, sentía que ya no podía respirar, cuando de pronto me caí en un hoyo enorme y profundo, al sentir que tocaba fondo desperté. Mi cama estaba en una posición muy rara, me paré de prisa y le pregunté a mi compañero de la cama de al lado, si yo era una mala persona; y él me respondió que no, que sólo tenía mala suerte. El cuarto empezó a temblar y de un espejo salieron las bestias y sentí como una de ellas me agarraba y me mordía el cuello, empecé a gritar y sudaba mucho, cuando de pronto desperté nuevamente, pero esta vez era real, mire a mi alrededor y constaté que estaba en mi verdadero dormitorio, observé que los demás dormían placenteramente, me senté en mi cama y no pude dormir más.

Me impactó tanto el que no me hubieran adoptado, que pasé semanas teniendo extraños sueños con personas y lugares que no conocía, era de verdad muy raro, esa vez era tanto mi curiosidad por los sueños, que adopté el hábito de dormir frecuentemente. Hoy por hoy estoy más crecido, ya hace bastante tiempo que eso pasó, entiendo que en ocasiones anhelamos cosas y logros que por cuestiones del destino no suelen llegar.

A pesar de todo me siento muy cómodo aquí y tengo muchos amigos, a veces soy muy callado y simplemente me siento en el patio a observar los demás jugar o leer cualquiera de los libros que la Hermana Hilda me presta; una mujer que tiene una capacidad asombrosa de decir las cosas, persuadir y lograr que entiendas todo, me ha recomendado buenos libros y en ocasiones voy a su oficina y los discuto con ella, siempre me ha inculcado que la persona que lee mucho, tiene la capacidad de ver la vida desde diferentes ángulos y aprender a afrontar situaciones, aquí todos la llaman Sor Alegría. Otras veces participo con mis compañeros en los juegos y corremos hasta más no poder, jugamos trompo y papagayos o construimos pequeñas ciudades hechas con barro y pequeñas piedras.

Sólo falta un mes para mi cumpleaños y estoy contando las horas; hace unos días, llegó al orfanato una niña muy atractiva pero a la vez muy callada y tímida, siempre se sienta sola en el patio sin hablar con ninguno de nosotros, trato de buscarle la mirada y entre su timidez la esconde. Es la primera vez que me gusta alguien, y aún soy muy tosco para hacerle saber lo que siento, se que cuando llegue el día, me armaré de valor y le robaré aunque sea un par de palabras.

Entre tanto pensar no me imagino de que tratará el libro que me regalarán, ni tampoco qué novedades me tendrán. A mi amigo Juan le regalaron una guitarra hace una semana, que aunque pequeña y sencilla la cuida mucho y ya la toca muy bien. Un día me la prestó, como ya había hecho con casi todos los demás, cuando la quise tocar se me hizo muy difícil porque todas las cuerdas parecían invertidas y fue cuando me di cuenta de que el único izquierdo de todas las personas del orfanato era yo.


CAPITULO 3: Alma Compartida.

Desde hace días me ha rondado la idea de trepar “Padre árbol” siempre lo he querido hacer pero nunca me he atrevido, además las hermanas nos tienen prohibido subirnos a los árboles, en especial en ese, tendría que ser en horas después del mediodía cuando todos se acuestan a reposar y no haya nadie que lo impida.

Sus ramas frondosas y el verdor de las hojas me invitan a subirlo, indudablemente el tributo al árbol es tanto mágico, como instintivo. Siento que ha llegado el día idóneo para hacerlo y poco a poco me dirijo al patio. Al no ver moros en la costa, subo con mucho cuidado y de rama en rama logro llegar hasta la parte más alta donde la fuerza de las ramas me lo permitían; desde ahí veía a casi todo el pueblo, la gente caminando, la iglesia, las palomas de la plaza y el verdor de todas las siembras, el árbol resultaba un prodigioso laberinto natural del cual no provocaba salir. De repente comienzo a bajar y noto que Juan me está observando y me dice:

─ ¿Qué se siente? ¡Yo también quiero subir!

Luego bajé y le expliqué que era muy peligroso, además el era un poco gordo y yo dudaba de que tuviera fuerza para subir. Sin hacerme caso, subió y subió hasta que sintió tanto miedo que luego no podía moverse, le dije que se quedara quieto y en medio de su nerviosismo empezó a llorar, subí rápidamente y traté de convencerlo de bajar por el lado más seguro, cuando de repente la rama donde se apoyaba se rompió y me cayó encima. Sin darnos cuenta íbamos vía abajo en una larga y dolorosa caída, de pronto sentí como mi cuerpo golpeaba el suelo y Juan me caía con todo su peso en mi pierna.

No me podía mover, el se levantó sin señales del más mínimo daño y yo perecía inmóvil y con la pierna muy adolorida.

Él corrió hasta donde la hermana Bartola y dentro del bullicio ya estaban casi todos posando sus ojos sobre mí, no quería moverme porque cada vez que lo intentaba sentía que la pierna me dolía más. Entre el señor Luís y la hermana Hilda me cargaron y me llevaron hasta mi cama.

 La hermana Hilda quien sabe mucho de primeros auxilios, me examinó e inmediatamente se percató que mi pierna se había fracturado y procedió a colocarme un montón de vendas, tan apretadas que parecían cortarme la circulación, dentro de mi profundo dolor, todo me daba vueltas y sentía como poco a poco me quedaba dormido y me hundía en un profundo sueño.

 De pronto; me veo sentado en el suelo apoyando mi espalda en un tronco hueco, en el horizonte observo el pasto seco y una llanura inmensa y casi desnuda, siento cómo la brisa me golpea el rostro, y veo pasar una gran vaca de color blanco con negro, pero entre el cerco que nos separa a lo lejos, noto que lleva grabado en su pelaje un símbolo tan grande que casi le cubre todo el costado, se trata de dos espirales que se confundían una dentro de la otra en sentidos contrarios, la imagen se quedaba fija por mucho tiempo, como si tuviera que descubrir algo en ella, todo termina con un destello de luz verde.

Al despertar aún estaba oscuro, y a lo lejos se escuchaba el sonido de los pájaros iniciando el día, fue entonces cuando de una extraña manera mi cama se alumbró con una luz verde que se elevaba hasta el techo formando un cono traslucido, en eso observé la silueta de un niño que se escondía dentro de esa luz.

Me quedé perplejo, y esa situación me producía más que miedo, una sensación de tranquilidad y curiosidad a la vez. Luego la figura del niño se fue volviendo más nítida y observé claramente su cara, era un niño de más o menos diez años y un poco más alto que yo. Entonces escuché que dijo:

 ─ No tienes que temerme soy alguien que lleva tiempo observándote y sé que eres una persona no común y además inteligente, me llamo Samuel y vine porque creo que es hora de que sepas muchas cosas.

Me quedé mudo sin saber qué hacer ni decir, no podía creer que había alguien que estuviera espiándome y no entendía cómo ni por qué.

 ─ No sé que estés pensando, sólo puedo observarte o entrar en tus sueños mientras duermes, tus pensamientos sólo los controlas tú, pero lo que sí sé, es que debes escucharme, te explicaré qué hago aquí:

¿Te acuerdas cuando hace exactamente un año vino una pareja a adoptarte y repentinamente cambiaron de opinión?; bueno, ellos fueron mis padres y yo al igual que tú era izquierdo, además el dibujo que tú hiciste es exactamente el mismo que hice yo un día antes de desaparecer.

 ─ ¿Y como puede ser eso? ¿Acaso tú me incitaste a hacer ese dibujo? ¿Y cómo es eso que desapareciste? ¿Por qué tienes que vigilarme?

 ─ Sé que quieres saber muchas cosas, que para ti debe ser extraño que se aparezca alguien y te diga palabras que no entiendes, pero estoy seguro que dentro de ti, algo te decía que este día iba a llegar.

Tú y yo nacimos exactamente el mismo día y casi en el mismo instante, sólo que por doce horas de diferencia y a miles de kilómetros de distancia, justamente en lados opuestos del planeta, somos un alma para dos cuerpos y mentes distintas, esto es una particularidad de la creación poco vista desde que el mundo existe, ahora yo duermo, es mi mente quien está aquí, no podemos estar despiertos los dos a la misma vez.

 ─ ¿Y cómo es que tú sabes eso y yo no? ¿Por qué yo no puedo espiarte al igual que tú a mí?

 ─ Yo literalmente soy mayor, nuestra alma entró primero en mi cuerpo, y luego en el tuyo, es por eso que yo me percaté del error y tú no.

 ─ ¿Y desde siempre puedes observarme?

 ─ Sí, cada vez que quiero hacerlo sólo tengo que dormir y nada más, yo no puedo soñar, tú eres mi sueño, y tus sueños son el inconciente de mi mente, soy yo el que decide quien está despierto y quien no. Cuando tenía seis años, me atormentaba todo esto, era un niño emocionalmente inestable, mis padres me llevaron a un babalao y él les dijo que yo estaba poseído y que había que hacer algo conmigo, yo no quería creer eso. Un día escapé de casa y anduve deambulando por las calles, hasta que fui a dar con un monje que me llevó a su monasterio, y fue allí donde aprendí a conocerme internamente y pude entender todo esto.

 ─ ¿Y tus padres? ¿Qué pasó con ellos?

 ─ Casualmente ellos son nativos de este país y supongo que luego de mi desaparición decidieron emigrar a su tierra, pero nunca imaginé que fueran a dar contigo. Desde que nací mis padres me dieron todo lo que quise, lo hacían para hacerme sentir seguro, ya que todos pensaban que era una especie de niño fenómeno, la gente no me quería porque decían que un niño tan perspicaz, con sueños raros y que escribiera con la izquierda era cosa del demonio. Es por eso que cuando aprendí a escribir mis padres me obligaron a hacerlo con la otra mano, porque decían que en nuestra sociedad era prohibido ser izquierdo, hasta que aprendí a hacerlo con ambas manos; y sé, que sin darte cuenta  tú también lo puedes hacer. Puedo hablar tu idioma y aprender todo lo que aprendes; si no lo sabías, también tú puedes hacerlo.

        Por un momento me quedé estupefacto y lleno de rabia e impotencia, no podía creer que era un niño fenómeno y no ser normal como todos los demás. Tenía tantas preguntas, tantos reproches que hacer, que preferí quedarme callado y no decir nada. En eso Juan me preguntó:

─ ¿Francisco estás hablando con alguien?

Me quede quieto y estaba algo asustado, no quería que nadie supiera lo que me pasaba, podían pensar que estaba loco, o lo que es peor, que estaba fingiendo estarlo. Se que hay niños que lo hacen para conseguir atención, pero ese no era mi caso. Samuel me dijo:

 ─ Tranquilo solo tú puedes verme, hablamos luego.

 En un abrir y cerrar de ojos se había ido. Voltee mi cabeza hasta la cama de Juan y le dije:

 ─ No amigo, sólo me estoy reprochando el haber sido tan terco y haber subido a ese árbol, ahora tengo que pasar el día de mi cumpleaños echado en esta cama, la culpa es mía y de nadie más.

 ─ Te equivocas, por mi culpa es que estás ahí, tú te arriesgaste para salvarme y eso no lo hace cualquiera.

 ─ De igual manera lo que pasó, ya pasó. Ahora me preocupan otras cosas de las cuales no tiene sentido que te hable, necesito tiempo para pensar y comprenderme a mi mismo.

 ─ No sé de que hablas, espero que ese golpe no te haya afectado algo más que la pierna, tú sabrás a qué te refieres, o por lo menos supongo que es así. Me voy al patio, descansa mucho y que te mejores.

Al rato escuché que alguien venía hacia la habitación, y cuando ví, era la niña nueva que se acercaba a mi cama, se situó al frente de mí y me miraba fijamente sin soltar palabras, duró un par de minutos callada. De pronto me dijo:

 ─ ¿Te duele mucho?

 ─ Ya no tanto, creo que pronto se curará, tomo mucha leche y es bueno para los huesos, sé que en un par de semanas estaré bien.

 ─ Esperemos que así sea, yo me llamo María Fernanda y vine porque vi como te habías roto la pierna, una vez mi brazo también se rompió.

 ─ Yo me llamo Francisco.

 ─ Sí, ya lo sé, todos en el patio están hablando de ti, “Francisco el héroe”. Mira lo que te traje, es la más grande que conseguí.

 ─ ¡Ah no había pensado en eso! Es una de las cosas que voy a extrañar por estar postrado aquí, el no poder buscar mis hojas del árbol; de verdad gracias, no sabes cuan agradecido estoy.

 ─ No te preocupes, te las traeré todos los días mientras estés en cama.

Luego se marchó y aparte de mí no había absolutamente nadie en la habitación. Las dos hileras de camas que se situaban una frente a la otra, se exponían limpias y bien acomodadas, el techo tenía unos caminos hechos por los comejenes quienes se colaban por las grietas de la pared, todo olía a madera húmeda y yo estaba notablemente fastidiado, en ocasiones me llevaba bien con la soledad pero esta vez me causaba desconfianza.
En un abrir y cerrar de ojos, apareció nuevamente la imagen de Samuel:

 ─ Pensé que nunca te ibas a quedar solo, hay más cosas de las que aún no estás al tanto. Sé que esa pierna vendada es producto de una fuerte caída, pudiste haber muerto. Tienes que cuidarte, si tú estás en peligro yo también lo estaré, podemos tener mentes y cuerpos distintos, pero nuestra alma sólo puede pasar de un cuerpo a otro si nos encontramos en la fase IV del sueño y eso sucede veinte minutos después de habernos quedado dormidos, si en un repentino accidente tu cuerpo queda inútil, nuestra alma no entrará a mi cuerpo, sino que se irá a otra dimensión y por ende mi cuerpo también quedara inútil; lo que es más claro, si uno de nosotros muere trágicamente el otro también morirá.

─ ¿Quiere decir, que si te pasa algo yo lo sentiré también?

─ No, eso sólo ocurre con los gemelos, nuestro caso es más complejo, tenemos el doble de probabilidad de morir, pero nuestra alma tiene el doble de probabilidad de vivir, no es posible la muerte natural o lenta para ella, en ese caso como sistema de defensa sólo pasaría del cuerpo condenado al cuerpo sano. Pero hay una manera de protegernos, “El Maestro” me ha proporcionado una clase de hierba mágica que nos servirá de mucho en el caso de una muerte repentina.

 ─ ¿De qué maestro hablas?

 ─ Primero hablemos de la hierba, es algo que se conoce como cornezuelo de centeno; ésta, mezclada con un tipo especial de catalizador, actúa sobre el sistema nervioso y en sólo segundos se alcanza la fase IV del sueño. Lo que te quiero decir, es que si alguno de nosotros sintiera que corre peligro simplemente la consumiría, en dado caso de que sea posible.

 ─ ¿Y cómo se supone que lo obtendré?

 ─ Es sencillo, debido a lo inusual que resulta nuestra existencia, nuestros cerebros ocultan cosas que conservamos de nuestros antepasados, me refiero a la percepción extrasensorial, además de poseer el don de la telecinesis, podemos hacer mover cosas y materializar algo que deseemos, ¿o acaso no te parecía extraño que fueras tú el que consiguiera las hojas más grandes que tanto te gustan? Tú lo deseabas así, y sin saberlo por medio de la telecinesis ellas se materializaban. Puedo entregarte un poco de la mezcla que “El Maestro” me ha suministrado; él es el más sabio y anciano de los monjes del monasterio, se ha paseado por todos los dogmas y religiones que puedes imaginar, para él nada es extraño, es mi consejero y de quien he aprendido todo lo que sé, lo siento como un gran padre, comprensivo y dispuesto a escucharme siempre que lo necesite, fue él quien me sugirió que era hora de que supieras todo, cumplirás diez años y pronto te irás del orfanato, y cuando estés en la calle nada será igual.


  
CAPITULO 4: “Don Lorenzo”

Al pasar de los días, todo transcurría exactamente igual, María Fernanda me llevaba algunas hojas, la Hermana Bartola me ayudaba con lo de la comida y el baño, y la Hermana Hilda me leía todas las noches. A pesar de todo no estuvo tan mal el estar echado en la cama, es como dice la Hermana Hilda; cuando uno tropieza debe levantarse y aprender de la caída, todo ocurre por alguna razón y con las caídas uno se va volviendo fuerte y difícil de hacer caer.

         También me sentía muy a gusto, pues hace dos días unos limeños vinieron a adoptar a mi amigo David, el era el único niño con problemas de retraso en el recinto, las hermana lo llaman “niño especial” y siempre recibió un trato ameno por todos nosotros, sus nuevos padres visitaban frecuentemente el orfanato y a veces traían consigo a su hijo sanguíneo, el cual también es un niño especial. Poco a poco se fueron encariñando con David y las hermanas les propusieron que lo tomaran en adopción, y sólo en cuestión de días se habían decidido a llevárselo. Ese día le hicimos una gran fiesta de despedida.   

Uno de esos días, noté que ya era pasado el mediodía y aún no había señales de María Fernanda, de verdad me extrañaba esa situación, ella solía venir todos los días en la mañana después del desayuno, me traía todas las novedades que ocurrían en el patio y le gustaba cantar mientras yo tocaba mi armónica, se veía que al igual que yo disfrutaba mucho de mi compañía.

 Luego ví a la Hermana Ruth que se encontraba guindando la imagen de una de sus vírgenes al fondo de la habitación, le pregunté que si había visto a María Fernanda e hizo como si no me escuchaba, le hice la pregunta de nuevo, me atendió el llamado y me contestó:

─ Ella está en un buen sitio, y con gente nueva. Hay días en los que la vida te da grandes oportunidades, y para ella, hoy es un día de esos; esta mañana fue adoptada por una pareja de recién casados, todos los trámites se dieron con celeridad y sin saberlo el golpe de suerte la tomó por sorpresa, seguramente mucho antes de lo que esperaba.

Esas palabras que parecían llenar de gozo a la Hermana Ruth, a mí me desmembraban el alma, sentía que todo empezaba a tornarse gris y lo que para ella había sido un golpe de suerte, para mí era un puntapié en el pecho, no comprendía por qué no me había dicho nada, seguramente le resultaría difícil el despedirnos, porque sé que me apreciaba mucho y eso me lo expresó cada día que pasamos juntos.

Me afligía mi incapacidad de no poder salir corriendo tras ella y gritarle de una vez todo lo que sentía y nunca tuve el valor de confesar. Por mi mente pasaban todas y cada unas de las palabras que me decía, su cara de niña segura e inocente a la vez, unos ojos que parecían ventana al más azul de los océanos y una voz medio ronca que la hacía inconfundible. Aunque era poco el tiempo que llevábamos como amigos, nunca había querido ni escuchado tanto a alguien como lo hice con ella. Sé que algún día, más temprano que tarde volveré a saber de ella, si de algo me servirá el tener mis extraños dones será para conseguirla.

Entre tanto pensar, a lo lejos escucho la voz de Juan que me dice:

 ─ Francisco, ¿qué te pasa, acaso duermes con los ojos abiertos?

 ─ ¡Qué más quisiera yo; que esta fuera otra de mis pesadillas!

 ─ ¡Ah! tú estás así porque se fue la bonita, algún día habría tenido que irse y ese día le llegó, a todos nos llega, o por lo menos eso esperamos. Pero igual no le des importancia, ya mañana es tu cumpleaños y verás que ni te acordarás que ya no está, créeme.

 ─ No es así de simple, yo creo que tendrían que pasar muchos cumpleaños para que esto se me pase…

Hoy, la Hermana Hilda me estuvo revisando la pierna y me dijo que ya estaba muy bien; que aún no se había sanado completamente pero que había mejorado mucho. Me consiguió unas muletas y ya puedo ir al patio y caminar por el corredor.

 Caminando de un lado a otro y dando vueltas como un trompo, me doy cuenta que estas paredes no muestran ni el brillo ni la alegría que tenían, siento que ya he estado demasiado tiempo aquí y que si bien es cierto, que ha sido aquí donde he tenido lo más parecido a una familia, pienso que es hora de irme, así sea por mis propios medios.

Me senté en el corredor y observé fijamente la puerta de entrada, la cual siempre estaba custodiada por el señor Luís, el portero; parece que en toda su vida no ha sabido hacer algo mejor que cuidar esa puerta día a día.

A medida que pasan las horas, la necesidad de ingeniarme un plan para escapar se hace cada vez mayor, pero aún sigue la limitante de mi pierna fracturada, mientras no sane no creo que llegaré muy lejos con unas muletas, además llamaría mucho la atención y fácilmente me encontrarían.

Será duro andar por las calles, ya no tendría la seguridad que me brinda el recinto, pero mi espíritu aventurero me empuja a intentarlo, y mi intuición me arma de valor y esconde mis miedos. En la noche quizás sea más fácil, tendría que esperar que todos duerman a ver si es posible.

Al caer la noche todo poco a poco se va quedando en absoluto silencio, luego de que las hermanas terminaran de rezar sus oraciones estelares, como lo vienen haciendo todas y cada unas de las noches; apagan las luces y apenas dejan encendida una en el corredor. Con mucho cuidado me levanto de la cama, cojo mis muletas y me dirijo hacia la puerta central con la idea de cerciorarme en qué condiciones están las cerraduras.

Al llegar noto que la puerta tiene pasada doble cerradura y reforzada con dos candados tan grandes como la punta de mi zapato, de verdad que resulta imposible salir de aquí una vez que las puertas han sido cerradas, por lo que aborto la idea de fugarme de noche.

Ya una vez en la cama, mi cabeza empieza a darle vueltas al asunto, tendría que huir de día, ¿pero cuando?, es lo que no logro conseguir.

La mañana siguiente, me levanto temprano y empiezo a recorrer todos los sitios de posible salida; las ventanas están tan altas que ni siquiera nadie se molesta en limpiarlas, las paredes del patio central son casi interminables; la seguridad es tanta, que en vez de un orfanato esto parece una prisión, a mi criterio esta perfectamente ideada para que no entre ningún intruso.

Al rato, me sorprende la Hermana Bartola por detrás y me coloca una de sus manos en mis ojos, reconozco que es ella por el inconfundible olor a naftalina que la caracteriza, me lleva al comedor y cuando retira su mano, están todos mis compañeros y todas las hermanas, en un coro algo desafinado me cantan el cumpleaños, esto alegra mi cara por un instante tan corto como el destello de un relámpago; me hicieron un pastel y todo lo demás que siempre acostumbran hacer, la Hermana Hilda me toma de la mano y en forma algo entristecida me dice:

─ Siento mucho que esta vez no tengas la misma emoción por tu cumpleaños, te conozco y sé que ahora muchas cosas están pasando por tu cabeza, abre tus manos, esta es la palabra eterna e increada “El Corán”, no le digas nunca a nadie que yo te lo di, cuídalo mucho, no es fácil conseguirlo, léelo y recuérdame cada vez que lo hagas.

Luego me fui a mi cama y me quedé dormido, hacía mucho calor y aún así el sueño me venció, era extraño porque trataba de abrir los ojos y no podía.

De pronto me vi de nuevo soñando.

Me encontraba en un bosque espeso segado de neblina con pinos secos y esbeltos, en el fondo había una gran pared blanca, el viento soplaba de un lado y los árboles se doblaban hacia el lado contrario, cada vez el vendaval se hacía más fuerte, de pronto una estampida de insectos venían a gran velocidad, unos por el aire y otros por el suelo, y en una fila que parecía infinita y que al fondo se volvía cada vez más fina se perdía dentro de un pequeño agujero que estaba en la parte más baja de la pared. A su vez, de los altos árboles bajaban decenas de personas con aspectos cadavéricos, llenos de heridas y sangre, todos vestidos con uniforme de color beige, yo me hallaba parado e inmóvil, desconcertado y horrorizado. Hasta que desperté y me quedé pensando en ello sin encontrarle ninguna coherencia a ese extraño sueño.

Al día siguiente me levanté muy temprano, noté que mi pierna estaba casi completamente sana y no había señales de dolor, al salir al corredor ví que estaban llegando los señores de la leche, inmediatamente corrí a mi habitación y tomé mi bolso con todas mis pertenencias, el cual estaba alistado desde hace horas, cuando entraron, el señor Luís procedió a ayudarlos, y fue cuando supe que era el momento indicado y de una sola carrera salí del sitio, corrí por largo rato hasta que no vi señales de nada. A pesar de lo mucho  que corrí, mi pierna no me molestó en ningún momento, no sabía donde me encontraba, sólo noté a unos músicos que tocaban una armónica y unos caramillos montados en una carreta, y les pregunté a donde irían, me dijeron que se dirigían a Lima y que tenían un concierto en una plaza de la capital y en una hora a más tardar tendrían que estar allá.

Les dije que también tenía que ir allá para visitar a mi abuelo que estaba enfermo y que mi madre se encontraba trabajando y no podía hacerlo. Me preguntaron si creía que era conveniente que fuera de viaje en mis condiciones, pues notaron una delgada venda en mi pierna. Sin dar mucha explicación subí, y en menos de dos horas ya me encontraba en Lima. Nunca había salido del pueblo y la capital me pareció más grande y sorprendente de lo que pude imaginar, me quedé un rato presenciando el concierto, el cual era parte de una celebración a raíz del aniversario del natalicio del Libertador.

Una vez culminado el acto, me senté a hablar con ellos un buen rato, eran tres hermanos huérfanos, el menor de ellos me doblaba en edad, los otros dos eran mucho mayor, tenían rasgos notablemente indígenas y hablaban un dialecto extraño cuando conversaban entre ellos, luego les dije la verdadera razón por la cual fui a parar a Lima y me sermonearon en forma algo tranquila diciendo:

─ La sinceridad es la madre de las virtudes, a medida que vamos creciendo el medio nos empuja a alejarnos de ella por muchas razones; mentimos para sentirnos importantes o hacerle creer a los demás que somos o tenemos algo de lo que carecemos, mentimos para protegernos o proteger a alguien que queremos, mentimos por egoístas o envidiosos, por vanidosos o superficiales, mentimos y cada vez lo hacemos más seguido y cuando nos damos cuenta hemos caído en un círculo vicioso, una especie de abismo negro del cual se nos hace difícil salir. En nosotros mismos está la decisión de salir del abismo y empezar de nuevo, y nunca será tarde para hacerlo, aunque el mejor momento para empezar, es ahora.

Me quedé cayado y algo apenado por la manera en la que había actuado, pero a mi parecer era mi única alternativa.

Luego de unos meses estaba en perfectas condiciones, había aprendido a tocar el caramillo y la armónica de una manera increíble, parecía el hermano menor de los músicos; dormíamos en las plazas o en los parques, la plata que recogíamos tocando apenas nos alcanzaba para comer, conocí mucha gente y aprendí a hablar aymará, en las noches nos turnábamos para hacer guardias y cuidarnos, a veces íbamos al río y pescábamos. Anteriormente no comía pescado, pero luego empezó a gustarme, sobre todo los días que tenía más hambre.

Una mañana tropezamos con un anciano de edad notablemente avanzada, era vendedor de flores y frutas, su carreta expedía una mezcla de olores magníficos, todo tenía el precio marcado, porque al parecer el señor era sordomudo, era verdaderamente un personaje, todo el mundo sabía su nombre “Don Lorenzo”, pero lo que me extrañaba era que sus ojos, no eran precisamente los de un anciano, tenía una mirada tranquilizante e intrigante; me veía y aunque no me decía nada, su rostro hablaba.

 Tomé la costumbre de ir a visitar al frutero cada vez que tenía tiempo para hacerlo, le llevaba pescado y él me regalaba frutas, le ayudaba a organizar todo y a despachar cuando había mucha clientela, la gente decía que me parecía a él, y me preguntaban si yo era su nieto.

A la hora del mediodía las calles se tornaban solas y calladas. Una tarde de esas me tomó de la mano y de manera asombrosa sentí salir el alma de mi cuerpo, y esta empezó a girar sobre mí mismo, cuando de pronto noté que “Don Lorenzo” empezaba a hablar, diciéndome:

 ─ Francisco, llego el momento que desde hace mucho, he esperado. Se que hace 10 años y tres meses exactamente naciste en Villarrica de Oropeza, mientras tu complemento lo hacía en Hong Kong, tú y Samuel son los elegidos en este tercio de milenio, cada 333 años dos seres nacen compartiendo un mismo alma. Son nuestros sucesores, hijos no engendrados, pero al igual que ustedes, “El Maestro” de quien seguro te habrá hablado Samuel y yo, somos el mismo alma, nacimos ya hace 343 años y nuestro tiempo se está acabando, nuestro ocaso pronto llegará, y serán ustedes quienes conservarán el legado, sé que será difícil estando en lados opuestos del mundo, yo nací en Honolulu y “El Maestro” en Atenas al igual que ustedes nuestra alma no descansa y aunque nunca podrán estar juntos, cuidará uno al otro y velarán por la paz y la igualdad. Pero eso no será lo más difícil, lo más complicado será entablar lucha contra los falsos líderes que envenenan al mundo en nombre de Dios y la paz.

 Las energías confluirán, y el alfa y el omega no siempre tendrá sentido, habrá quienes prometerán escudriñarles el corazón y la mente, aprenderás que aún sin coronas de oro ni vestiduras blancas serás digno si miras con los ojos de la razón y la lucidez, no has de sentir vergüenza de tu desnudez porque somos nosotros mismos los que nos damos la honra, sin necesidad de exigir ni atribuirse poder, ni gloria, ni alabanza; eres sabio y cada vez que aprendas el significado de la humildad lo serás, pues tu existencia vale más que mil tronos y todas las sinagogas juntas.

Hay un sin fin de conocimientos que quisiera que aprendieras; originalmente el ser humano era mucho más inteligente y fantástico de lo que puedes imaginar, conservas lo que se denomina cerebro primigenio, sólo tienes que educar tu mente para descubrir todo lo que guardas dentro de ella. Las grandes culturas en la Edad Antigua habían alcanzado el punto máximo de madurez intelectual, la actividad paranormal era algo que casi todos poseían, es por ello que lograban construir estructuras asombrosas de las cuales la ciencia moderna no da explicación. Pero el poder y la ambición poco a poco fue nublando sus mentes, y aunque sus cuerpos estén en constante evolución, la mente ha ido en retroceso. Desde hace miles de años las personas de poder han ido implementando una especie de dominio mental sobre las masas, poco a poco, valiéndose de un sin fin de mitos y artimañas han logrado que sólo un grupo muy reducido de personas continúen aumentando su coeficiente intelectual, manteniendo en la ignorancia a millones de personas, empujándolas a vivir esclavas del tiempo y el dinero.

La implementación de incoherentes y tajantes reglas han mantenido a raya a los débiles de mente, que cada vez son más. Pero existe un nuevo mecanismo de dominio que consiste en el aislamiento del ser humano en la sociedad, sobre todo a nivel de las grandes urbes, el hombre se está volviendo más egoísta e individualista, más frío e indiferente, no sólo se busca estrechar las mentes sino también se quiere limitar el contacto interpersonal.

He visto cómo se ha hecho de la moral y las buenas costumbres un verdadero circo sin sentido donde todo lo que se dice ser correcto y bueno, resulta todo lo contrario, colocando al individuo como un perfecto títere en esta inmensa tolda de farsas y burlas. Es por ello que tú y Samuel, resultan una verdadera amenaza para el sistema, hasta el punto que se les querrá ver como focos de oscuridad en un supuesto universo de luz.

 ─ ¿Y qué tengo que hacer?, son demasiadas cosas juntas que me has dicho y aunque pareciera que estuviera viviendo algo que ya he vivido, aún se me hace difícil comprender el hecho de ser tan sabio como lo es usted.

 ─ Tranquilo, no tienes ni idea del gran poder que posees sobre todas las cosas, sólo necesitas un poco de tiempo, ya verás como la conciencia que emana tu mente y tu corazón te guiarán por el lado correcto del laberinto.

 ─ ¿Y Samuel? ¿Qué hay de él? ¿Ya sabe todo esto?

 ─ Sí, “El Maestro” lo puso al tanto, él y yo nos comunicamos a menudo.

En eso oí a lo lejos la voz de uno de mis compañeros y en segundos sentí que mi alma volvía a mi cuerpo y estaba tan cansado como si hubiese pasado horas corriendo, cuando volteé era Miguel, el menor de los hermanos. Me vio y me preguntó que si quería comer y me fui con él, en el camino mostró curiosidad por el hecho de pasar tanto tiempo con alguien que no podía hablar, lo observé y le dije; hay maneras de comunicarse que no exigen ni una sola palabra.

 Al caer la noche arribamos al parque más cercano y apenas encontré un pequeño espacio que se veía cómodo, me quedé dormido y empecé a tener uno de esos extraños sueños que suelo tener.

Estábamos María Fernanda y yo, caminando por el borde de un río ancho de aguas revueltas, se escuchaba como un cardume de peces hacía mover las aguas, avanzando todos en sentido contrario de la corriente, luego notamos que los peces empezaban a saltar y cada vez lo hacían más alto, de manera asombrosa aquellos animales que apenas podían ver unos pocos centímetros delante de sus ojos, sufrían una extraña metamorfosis y se convertían en palomas grises y miles de ellas alzaban su vuelo y se alejaban lentamente de nuestros ojos.

La mañana siguiente fui muy temprano donde “Don Lorenzo”, le conté de mis sueños y de todo lo demás que había tenido, me confesó que a él también le había ocurrido lo mismo:
 ─ Esos sueños son recuerdos de tu vidas pasadas, cada uno muestra de manera alegórica la forma en la cual has nacido y muerto a lo largo de tu historia. 

 ─ Pero es que realmente no les consigo ninguna coherencia, parecen imágenes de otras dimensiones o quizás de otros mundos.

 ─ La palabra coherencia tiene un significado ampliamente subjetivo, por decirlo así de una manera genérica, debes saber que lo que se considera coherente suele ser el resultado de un montón de conductas y pensamientos aprendidos a raíz del entorno social en donde te desenvuelves.

Todo es cuestión de abrir tu mente y en un momento de soledad, luego que hayas tenido el séptimo sueño los analices y enlaces todas las imágenes, le conseguirás lógica y coherencia.

¿Te acuerdas de todos?

 ─ Es imposible que esa clase de imágenes salgan de mi cabeza.

 ─ Buen muchacho, ¿Samuel se ha comunicado contigo?

 ─ Solo en breves ocasiones, pero sé que está organizando sus ideas para ponerme al tanto de todo, cada vez que decide contarme algo, me deja desconcertado.

 ─ Es parte de todo lo que te circunda, luego las palabras fluirán y Samuel ya no tendrá que esforzarse demasiado para hacerte saber algo.

Una mañana de esas en las que hacía mucho calor y se respiraba un aire de hambruna y pobreza por todos lados, los músicos habían tomado la decisión de irnos de la ciudad y hacer parada en Cuzco, no sabía que hacer, temía por este momento, si me iba con ellos perdería el contacto con el sabio “Don Lorenzo”, pero sabía que solo no iba poder sobrevivir, de algo tenía que vivir, así que fui donde el frutero y le conté lo que pasaba, él me respondió que tenía que irme y seguir conociendo otras tierras y otra gente, que ya estaba muy viejo y un día de estos no muy lejano dejaría de existir.

Analicé por largo rato que me convenía, decidí irme con ellos, ya había alistado todo y habíamos colocado nuestras pocas cosas en la carreta. Ese día dimos un concierto de despedida y nos fue muy bien, juntamos dinero para la travesía, luego fui a despedirme de “Don Lorenzo”, ya no había marcha atrás, él me abrazó y de forma algo disimulada noté como un par de lágrimas salían de sus ojos. Y dijo:

─ Cuídate hijo, cuídate y cuida a los tuyos. Nunca te rindas en tu lucha por querer ser cada día más persona y asumir el reto de ser mejor, mejor que tu mismo.

Al partir, me entró un aire de nostalgia increíble, sentía que dejaba algo que para mí era muy importante, fue entonces cuando la cabeza me empezó a dar vueltas y frente a mis ojos pasaban todas las imágenes y recuerdos de las aventuras que viví en Lima, de la misma manera que me había ocurrido el día que me fugué del orfanato, me di cuenta del modo tan distinto con el que enfocaba las cosas y no me imaginaba el tener que empezar de cero, así que tomé mi bolso y salté de la carreta, corrí hacia donde estaba “Don Lorenzo”, los músicos se detuvieron por un instante, pero al observar que ya iba lejos siguieron avanzando. En las pocas semanas que tenía conociendo a “Don Lorenzo” había representado la figura paternal que nunca había tenido, quizás era simplemente un amigo más que había aparecido en mi camino, pero ese día presentía que necesitaba de él.

Al llegar al sitio noté un montón de personas alrededor de su carreta, me alegré mucho pues hacia días que no se juntaban tantos clientes, y en este tiempo de escasez sería algo inusual. Cuando me acerqué un poco más, noté que “Don Lorenzo” estaba tirado de largo en la calle, con los ojos y la boca abierta, era impresionante como a pesar de que había mucha gente, nadie se acercaba a ayudarlo o a constatar si aún estaba vivo, me arrodillé y puse mi cabeza en su pecho tratando de observar si su corazón latía, pero lastimosamente no era así, él estaba verdaderamente muerto, sus pulmones y su corazón se habían detenido, era una situación bien triste y penosa para mí, sentía tanto dolor que no sabía si llorar o gritar, me había quedado tristemente solo, ya no tenía a nadie con quien contar y lo que era peor, no contaba ni con un centavo.


 CAPITULO 5: El libro de los portales.

Mientras camino por el medio de una acera, voy pensando en una manera de ganar dinero, no se a donde ir, no estoy ni cerca ni lejos de nada, todo me parece grande y nada familiar, la gente de la calle no siempre es tan amable como pensé, llevo dos días sin probar bocado y el estomago me lo reprocha con cada paso que doy.

En ocasiones había corrido con la suerte de que las mucamas de las grandes casas me regalaran comida, ropa y calzado. Es difícil cuando se está solo y nada más te tienes a ti mismo, sin nadie que te pregunte cómo te sientes ni cómo te ha ido, a veces añoro el orfanato, a pesar de que no me sentía a gusto con el lugar, fue allí donde tuve lo más parecido a una familia y siempre había alguien que cuidara de mí y me escuchara; fue entontes cuando comprendí la responsabilidad que implicó el tomar aquella decisión.

La misma calle me enseñó a diferenciar entre la gente buena y la no tan buena, que no todo era lo que aparentaba ser, que la vanidad y el dinero parecía ser lo más importante para la gente, a cada instante cobraba más resistencia un dicho muy sabio que aprendí de Sor Alegría: “La vida es un juego de deberes y placeres y está en nosotros equilibrar la balanza interna de nuestras mentes”.

A pesar de todo me siento tranquilo, suspiro y me recuesto en un banco a ver a la gente pasar, estoy tan sereno que pareciera que la brisa que pasa, pesa mucho más de lo que pudiera pesar yo, y que en una de sus ráfagas me iría con ella y volaría por los aires cual hoja de árbol caída. Saco mi armónica y empiezo a tocarla con una pasión que me sale de lo más profundo de mis entrañas, le doy gracias a Dios que por lo menos aún sigo vivo.

Al final de una caminería, observo a un gato que corre persiguiendo las pequeñas ramas que caen de los árboles, me acerco y lo veo detalladamente, trato de agarrarlo y sin hacer el más mínimo esfuerzo de zafarse lo tomo en mis brazos. Es un gato gris oscuro, con mucho pelaje y olor a limpio, desde ahora lo llevaré siempre conmigo y sin molestarme en buscarle mucho nombre simplemente lo llamaré “Gris”.

Los domingos en la mañana suelo ir a una pequeña plaza situada al frente de una capilla, toco mi armónica y “Gris” toca un pequeño arpa que yo mismo le diseñé, en realidad no es él quien lo hace; sólo que mediante la telecinesis hago que sus patas simulen moverse en tal sentido que la hacen sonar, la gente parece realmente asombrada con esto, y poco a poco he ido ganando gran aceptación, siempre obtengo buena propina, cosa que parece molestarle mucho al sacerdote de la capilla, pues la gente suele dejarme de propina lo que se suponía que sería el diezmo, de igual manera lo sigo haciendo.

Cierta vez al llegar al sitio, como ya lo venia haciendo desde hace semanas, conseguí al sacerdote arrojando tobos de lodos sobre donde solía posarme, se le notaba en su cara una gran rabia y frustración; al verme llegar me dijo:

─  Esto es para que aprendas a no meterte con un enviado de Dios, hijo de Satanás.

─  Nunca presumas de algo que en realidad no eres, el lodo se secará y se volverá tierra, y será como si nada hubiera pasado, mientras que su alma ya está seca, cegada y llena de envidia.

Luego caminé un par de metros y me situé en otro sitio, empecé a tocar y aunque no llegaba gente lo seguí haciendo, sencillamente me sentía bien haciéndolo. A pesar de que ese día sólo junté unos pocos centavos, al sonar la campana que anunciaba el término de la Santa Misa, me dirigí a la capilla, junté mis centavos y los coloqué en la mano del sacerdote, este me dijo:

─  No creas que con estos pocos centavos, pagarás el precio de tus pecados.

Lo miré a los ojos y algo en su rostro me decía que era una persona a la que nunca más volvería a ver, me quedé callado, me arrodillé y cerré mis ojos, mientras oraba sentí que el sitio estaba saturado de energía negativa; al levantarme, parecía que todo hubiese sido consumido por el fuego, las paredes y los bancos estaban hechos cenizas, había un insoportable olor a putrefacción, sólo quedaba en el piso una gran mancha negra segmentada por un camino largo y fino con fondo de espejo, el mismo camino por donde yo había entrado. Salí del sitio y a medida que caminaba las cenizas se agrupaban y formaban miles de rostros que flotaban en la nada, con las caras de personas de todas las razas y edades, todos parecían hacerme saber algo, se les notaba la angustia en sus rostros, seguí caminando y al salir de la vieja capilla volteé, al mirarla noté que todo se transformaba de nuevo y parecía que nada había pasado. Salí a la calle y no había nadie, todo estaba vació, sin niños, ni viejos, ni siquiera una mínima paloma, se divisaba una ciudad sola y silenciosa.

Me dirigí a la plaza con paso lento y temeroso, fue entonces cuando se apareció Samuel y le dije:

 ─ Háblame claro, ¿que se supone que fue todo eso? 

 ─ Tranquilo, se trata de la apertura del portal a la dimensión transitoria de las almas en pena de sombra y los ángeles negros.

 ─ ¿Tiene que ver eso con lo de las cinco dimensiones?

 ─ Sí, sé  que el sabio “Don Lorenzo” te hizo referencia a eso. La confluencia de energías y materia, dio origen a cinco dimensiones que coexisten paralelamente desde hace millones de años; y estas, en orden secuencial están dispuestas de la siguiente manera:

LA PRIMERA: dimensión de los celestiales de la creación y todopoderosos del bien, la cual conocemos como: “El Dios”.

LA SEGUNDA: dimensión transitoria de las almas en pena de luz y ángeles blancos.

LA TERCERA: dimensión equilibrio, la de los carnales.

LA CUARTA: dimensión transitoria de las almas en pena de sombra y los ángeles negros.

LA QUINTA: dimensión de los todopoderosos del mal y bestias  de la destrucción, la más oscura.

Los seres sólo pueden pasar de una dimensión a su vecina cuando el portal límite entre esas dimensiones se abre y esto ocurre cada vez que algún planeta da su órbita completa y se alinee con dos supernovas. Si un ser pasa a otra dimensión no se puede materializar, sólo se divisará como un cuerpo traslúcido y borroso, es imposible que un ser traspase dos dimensiones, es por ello que nunca los todopoderosos del bien o el mal podrán ni siquiera divisarse en la dimensión equilibrio, sólo las almas en penas y los ángeles pueden hacerlo, y estos son sus enviados. 

 ─ ¿Se supone que en esa iglesia existe un portal?

  ─ Hay sitios en la tierra que poseen un campo magnético mayor de lo usual y precisamente esa capilla es uno de ellos, con el tiempo te darás cuenta que al estar en un sitio donde sientas un exceso de energía positiva o negativa, sabrás que es señal de la existencia de un portal a la segunda o cuarta dimensión respectivamente, tendrás que estar preparado para cuando el portal se abra, lo que acabas de presenciar fue la apertura del portal límite entre la tercera y cuarta dimensión, sin saberlo pasaste a la cuarta dimensión, pues tu alma está capacitada para hacerlo.

 ─ ¿Y la gente, dónde está?   

 ─ La gente está bien, lo que ocurre es que cuando un portal se va a abrir, activa en el cerebro de los mortales comunes una reacción instintiva que los aleja del lugar por unos cuantos metros, son patrones de seguridad que se han establecidos.

 ─ De igual manera, todo es muy confuso y aparte de eso, el no contar con el apoyo de “Don Lorenzo” me ha vuelto un poco vulnerable.
       
 ─ Se que no será fácil; “El Maestro” también está muy anciano, además la partida de “Don Lorenzo” le ha caído muy mal, pasa horas dormido y cuando no lo está, se ocupa única y exclusivamente de entrenarme y motivarme a seguir con el legado, en esto tenemos que trabajar los dos.

Hay otro punto que debes conocer; se trata del “Bonumulam”, el libro de los portales, todo lo que he aprendido proviene de allí, y ha sido “El Maestro” quien me lo ha contado. El libro contiene toda la información, las leyes e historias de las cinco dimensiones, de lo que ha sido, es y será, de los que existieron, existen y existirán, todo ser ocupa un lugar en “Bonumulam”, y jamás nadie conocerá ni la milésima parte de lo que está escrito en sus páginas.

Cada dimensión se rige por siete leyes que dictaminan las condiciones de existencia o permanencia, y es necesario que conozcas las siete leyes que nos rigen en la dimensión equilibrio:

1ra    La vida es la esencia del existir y cada ser tendrá que cuidarla y enriquecerla, no debe existir ningún ser que anule esta esencia, ni la propia, ni la ajena.

2da    Deberás cuidar, querer y aceptar con sinceridad al que te rodea, y no serás participe de su sufrimiento, velando por la integridad de él y de todo aquello por lo que ha luchado.

3ra  Dos seres podrán establecer relaciones de índole sentimental y reproductiva, sólo si existe mutuo beneficio y cada uno deberá acarrear las responsabilidades que esto implique, abarcando las posibles permutaciones de géneros y razas.

4ta    Deberás apreciar y conservar todo el espacio bio-físico que te rodea, pues son las creaciones hechas por los celestiales, y serás garante de su perpetua existencia.

5ta  El ser carnal, estará comprendido de cuerpo, alma y conciencia de mente y corazón, su existencia dependerá del buen funcionamiento y equilibrio entre estos.

6ta   El no funcionamiento del cuerpo, conlleva a un estado que se denomina muerte, y esta es la separación del cuerpo de la conciencia y alma, lo que implicará a una exclusión involuntaria de esta dimensión, para pasar a una segunda o cuarta dimensión de manera transitoria.

7ma    Cuando un ser muere, su propia conciencia dictamina la dimensión a la que irá su alma, en función de la cantidad de energía positiva o negativa que haya acumulado, y si por alguna causa no ocurre, este reencarnará en otro cuerpo.

Estas leyes son función de las acciones y entorno de cada dimensión, han sido cambiadas y adecuadas según los intereses de cada dogma, por lo que poco a poco se ha  roto el equilibrio y es aquí donde nos corresponde actuar para evitar el caos.

 ─ ¿Y que hay de las leyes de las demás dimensiones? ¿Las conoces?

 ─ No, es imposible entenderlas, poseemos acciones y entornos inconsistentes con el resto de las dimensiones y eso las hace incomprensibles para nosotros.

 ─ ¿Que lineamiento hay que seguir para evitar el caos?

 ─ Enfrentaremos a los nuevos augures del mal, estos han ido ganando espacio sobre las muchedumbres y se erigen como falsos profetas.

 ─ Hay algo que no te he contado, cuando me dirigí al sacerdote y lo miré, descubrí en el fondo de sus ojos una imagen extraña, se trataba de una especie de caverna, como esculpida en una roca de color rojizo, también observé que en las paredes de ésta, se situaban antorchas de gran tamaño y cuya llama apuntaba hacia el piso.

 ─ ¡Se trata de la gran caverna! Los hombres del mal saldrán de la gran caverna y sus voces se escucharán como el estruendo de las aguas, su destrucción se propagará como una gran pandemia y sólo los fuertes de mente sobrevivirán, porque ellos saben que es el pensamiento el que domina la materia, y con su pensamiento dominarán las grandes armas con las que los hombres del mal pretenderán hacer la guerra.

 ─ ¿De quién escuchaste eso?

 ─ De nadie, sólo sentí que lo sabía y mis palabras salían de manera involuntaria, debe estar en las escrituras del “Bonumulam”, mis palabras son el reflejo de tus imágenes, y esto es un hecho que ocurrirá y ambos pudimos predecir, ya nos acercamos al onceavo año y ese día habremos alcanzado la madurez intelectual.

 ─ ¿Y ahora, que pasará conmigo?, llevo días sin comer bien y ni siquiera tengo donde dormir.

 ─ Lo sé, son pruebas que debemos afrontar, eso te irá haciendo más recio y te ayuda a madurar. En siete días deberás ir a un poblado ubicado en las alturas de las montañas próximas a Aguas Calientes, se trata de unas construcciones muy antiguas dejadas por los Incas, es un sitio de difícil acceso y que muy poca gente conoce, allí deberás permanecer once días en meditación, para sobrevivir sólo tendrás que guiarte por tu impulso básico de supervivencia, luego un grupo de musulmanes te esperarán en Aguas Calientes, para que te inicies en su dogma, ellos cuidarán de ti, hasta que puedas hacerlo tu mismo.

 ─ ¿Qué debo hacer con esas personas?

 ─ La razón por la cual te unirás a la comunidad musulmán, tiene  que ver con el proceso de conocimiento de ideologías de cada dogma.

De pronto Samuel se desvaneció, seguí caminando y llegué a la orilla de un riachuelo, me quedé sentado y veía como “Gris” se metía al agua y sacaba los peces, habían de todas las formas y colores, me acerqué y cogí uno del tamaño de la palma de mi mano y lo comí, sabía muy bien, era un sabor y una textura parecida al de caña de azúcar, comí un par de ellos y me monté en un árbol cuyas ramas formaban una especie de silla natural, allí dormí.

Al día siguiente me desperté muy sudado, había tenido otra de mis pesadillas, la quinta exactamente:

Estaba subido en una colina desnuda de vegetación, observaba un terreno árido y muy rocoso, veía a un hombre blanco de gran tamaño, vestido de negro que llevaba consigo seis robustos perros negros, ellos botaban mucha secreción por sus bocas. En el sitio también había seis grandes fosas ondas y al lado de las fosas un montón de tierra que parecía haber sido extraída de allí, luego el hombre metía a cada perro vivo en cada una de las fosas y los sepultaba, ellos tenían las patas atadas con cadenas y mientras eran enterrados emitían un ensordecedor aullido que timbraba mis oídos.



CAPITULO 6: La palabra eterna e increada.

Había llegado el día de irme a Aguas Calientes, para ese entonces logré conseguir ropa limpia y una anciana me había hecho el favor de cortarme el cabello.

Durante la travesía, transbordé tantas veces que no recuerdo el número de camiones en los que me había montado para llegar al sitio, casi todos eran transportistas de cosechas y ganado, llevaba un pequeño mapa que había obtenido en la Biblioteca Nacional, el cual me especificaba de manera muy detallada la ruta a Aguas Calientes.

Dos días después había llegado. En el pueblo había poca gente y hacia bastante frío. Samuel me había indicado que tenía que subir y bajar muchas montañas para llegar al lugar sagrado, pero eran demasiados caminos posibles y no sabía cual tomar, temía escoger el equivocado y que fuera a parar a otro sitio del cual quizás no pudiera regresar. Entonces recordé que Samuel me había dicho que era un sitio que muy poca gente visitaba y eso me daba una pista, pues se suponía que tendría que escoger un camino que se mostrara poco transitado, es decir un camino algo boscoso y con pocos signos de erosión humana, habían tres con esas características. Fue entonces cuando me senté sobre una roca a observar todo el esplendor de las montañas, noté como mi mano derecha se acalambraba y no podía doblar mis dedos, inmediatamente esta se enrojecía y letra a letra aparecía un escrito, como hecho con metal caliente que decía: “Las llamas te guiarán”.

Giré mi cabeza y vi un rebaño de llamas que se dirigían por uno de esos tantos senderos, y sin dudar las seguí a lo largo de la pradera. Avanzábamos de forma lenta, eran animales amigables y silenciosos, comía donde ellos comían y bebía donde ellos bebían, a “Gris” parecía no gustarle el pasto y pasó casi todo el viaje dormido dentro de mi mochila.

Al llegar la noche, el frío se hacía insoportable y decidí colocarme mi camisón azul encima del par de camisetas y el abrigo que ya traía puesto. Las llamas no se detenían a descansar en ningún momento y parecían guiadas por el más veterano de los pastores, por suerte había luna llena y se podía ver todo perfectamente.

Al amanecer nos acercábamos a la más abrupta subida, ya estaba dispuesto a abandonar el viaje pero seguía luchando, con cada paso que daba sentía que era menos el aire que llegaba a mis pulmones, sudaba frío y tenía las pantorrillas acalambradas. Hasta que logré ver un puñado de paredes y construcciones extrañas hechas todas con piedras, parecía que alguien hubiese traído todo listo y lo hubiera colocado aquí, no había muchos techos y todo estaba cubierto con una fina capa de rocío. Seguí caminando y me impresionaba la verde alfombra natural que había por todos lados, parecía pasto perfectamente podado, también noté orquídeas, más grandes y coloridas de las que pude ver en el camino. Las llamas se habían esparcido por todos lados y en el sitio ya se encontraban muchas de ellas, yo me senté y me di cuenta de que al fin habíamos llegado.

Dormí por unas horas y luego sentí que algo me rasguñaba la cara, cuando desperté era “Gris” que estaba montado sobre mi pecho, lo tomé y observé que estaba hambriento, nos pusimos a revisar por todos lados a ver si comíamos algo distinto a pasto y no conseguimos nada; en la travesía había visto muchos símbolos de la cultura Inca y mi mente los almacenaba uno a uno para así lograr descifrarlos, pero era algo que hasta el más experto de los arqueólogos no haría con facilidad. 

Gris y yo nos hallábamos en uno de los sitios más alto de la ciudadela, se podía ver la inmensidad del paisaje y las nubes rozando las montañas, sentía que mi alma se engrandecía y la brisa era como largos cabellos que me recorrían el cuerpo y que luego se perdían en el infinito. Todo era incomparablemente perfecto, como un gran cuadro pintado por el más célebre artista.

          De pronto se interrumpió el silencio y escuché a una llama berrear, seguí el sonido, vi que en un hoyo y atorada con una piedra se encontraba una llama, traté de sacarla pero la piedra era de gran tamaño y me era imposible levantarla, la llama era algo joven y berreaba cada vez más fuerte, otras llamas se acercaban y la observaban y simplemente berreaban junto a ella, me encontraba entre un coro de llamas berreando y todos sin poder hacer nada. Miré arriba y vi que la piedra se había desprendido de un muro que estaba justo al lado de nosotros, me alejé un poco por seguridad y en el suelo vi un trozo de madera, traté con él de levantar la piedra, era imposible, la piedra pesaba por lo menos lo mismo que yo. Me recosté y me calmé, traté de concentrarme para ver si podía transformar el peso de la piedra, coloqué mis dos manos en mi cabeza y trataba de imaginarme que la piedra se rodaría, lo hice una docenas de veces, sentía que la piedra se rodaba cada vez más, hasta que se encontraba lejos de la llama, fui donde estaba la llama y la saqué del hoyo, no se movía, estaba como dormida, puse mi cabeza en su pecho y no escuchaba su corazón latir, tomé agua de mi cantimplora, le eché en la cara y no respondía, entonces vi que su vientre había sido presionado por la piedra y tenía rato sangrando.                No sé cuanto tiempo había estado la llama debajo de esa piedra pero ya era demasiado tarde y estaba muerta, me entristecía ver como otra pequeña llama, la observaba y le lamía el rostro.

          Para burlar el hambre, tomé un puñado de pasto y lo comí, luego subí a un pequeño cuarto sin techo y traté de dormir de nuevo, aún estaba muy hambriento y el sonido de mi estomago no me dejaba dormir, me levanté y noté que “Gris” no se encontraba. Bajé unos escalones y al llegar observé que se encontraba comiendo carne de la llama muerta. Al mirarlo me quedé quieto y pensé en las palabras que me había dicho Samuel “impulso básico de supervivencia”, era lo que el gato instintivamente estaba haciendo, y era lo que yo debía hacer, sin mucho pensar agarré una daga que llevaba conmigo y empecé a sacar carne de sus muslos. El sabor era asqueroso y mientras que la comía, aún estaba grabada en mi mente la imagen de la llama convaleciente. Pero tenía que hacerlo o terminaría igual que ella.

          Los días siguientes me mantenía comiendo pasto y carne de llama, pero en realidad lo que más me importaba era concentrarme en la meditación y en lo que había significado ese lugar para los Incas, el cual estaba cargado de muy buena energía y todo parecía indicar que por alguna razón esa comunidad había desaparecido repentinamente.

          Poco a poco lograba dominar el frío y el miedo, también leía El Corán que me había regalado Sor Hilda “La palabra eterna e increada”, nunca me había propuesto leerlo y ahora era un momento que consideraba preciso para hacerlo, leía por largas horas y en sólo siete días lo había terminado.

          Sólo restaban tres días para regresar a Aguas Calientes, debía prepararme física y mentalmente para la travesía, era un viaje largo y esta vez no contaríamos con la guía de las llamas.

          En las noches dormíamos en un pequeño cuarto, el cual me pareció el más idóneo, se veía limpio y estaba ubicado en uno de los sitios donde la brisa pegaba con menos intensidad, antes de dormir me quedaba acostado boca arriba, observando las nubes y las extrañas tonalidades que tomaba el cielo, parecían fuegos artificiales o montones de estrellas fugaces que adornaban el firmamento, cuando se hacían más notables me levantaba y salía a ver el espectáculo celestial desde un sitio más abierto, era verdaderamente asombroso, nunca había visto un juego de luces y colores como ese.

          Al cumplirse el onceavo día de mi estadía, debía retornar, tomé mis cosas y traté de dejar todo tal cual lo había encontrado, era un lugar muy sagrado y no quería que sufriera ninguna alteración. “Gris” no quiso meterse en la mochila y me seguía caminando, recordaba exactamente por donde habíamos pasado, esta vez hice el viaje más calmado y me paraba a descansar cada vez que creía necesario; por mi cabeza pasaban muchas de las oraciones más tajantes que había leído del Corán:

“Alá es enemigo de los incrédulos”
“En verdad, Alá no ama a los infractores”
“No toméis a los judíos y a los cristianos por amigos”
“Los que creen, combaten en la senda de Alá y los que no, combaten en la senda de Tagut. Combatid, pues, a los amigos de Satán”

          Recuerdo que una vez le pregunte a “Don Lorenzo” sobre El Corán, y me dijo que era el libro sagrado de los musulmanes; espero que sean ellos los que me ayuden a aclarar esas oscuras palabras.

          Cuando logré llegar a Aguas Calientes, me senté en la entrada del pueblo a esperar a alguien que se suponía que vendría por mí. Ni siquiera sabía quien era ni donde debía esperarlo, sólo me quedé allí porque pensé que era lo correcto.

          Las horas pasaban y nadie se acercaba a mí, no sabía que hacer, si quedarme allí sentado o ir a otro lugar, en eso una señora muy abrigada me llama y me preguntó si esperaba a alguien. Sólo le contesté que suponía que si, pero que ya tenía rato esperando; y me dijo:

  ¡Tú debes ser Francisco!

 ─ Sí, y que creo que es a usted a quien debo esperar.

 ─ Yo soy Hafsa, hemos recibido varias cartas de tus padres comentándonos que querías ser parte de nuestra comunidad musulmán y hasta nos han enviado una fotografía tuya.

  ─ Bueno, si ese soy yo y estoy a su disposición.

 ─ ¡Que bueno! Temía que hubiese llegado demasiado tarde y te hubieras ido, te llevaré a nuestra comunidad, veras que te sentirás en familia y te adaptarás muy rápido.

        Al llegar, me recibe un señor con bigote y barba negra, antes de dirigirse a mi le comenta algo a la dama en un extraño idioma, que suponía que era árabe. Y me dijo:

  ─ Bienvenido Francisco, de verdad es un honor que estés hoy aquí.

  ─  El honor es para mi señor.

  ─ Tus padres nos han escrito varias veces hablándonos de ti y el interés que tienes por la palabra eterna e increada, sé que para ti debió haber sido difícil convivir con tantos hermanos, y que estos no compartieran la misma curiosidad por el Islam, el señor y la señora Salvatierra han tomado la mejor decisión. Sígueme, te mostraré tu habitación, ordena tus cosas de ese lado y si quieres recuéstate en tu cama, iré a buscarte algo de comer, debes estar cansado y muy hambriento, el viaje desde Lima debe haber sido largo, créeme que lo sé.

          Era un sitio muy cerrado y con un placentero olor a incienso, había notado que absolutamente todo allí adentro era de color verde. Me quedé parado y me puse a pensar lo extraño del asunto, se suponía que me llamaba Francisco Salvatierra, que tenía padres y hermanos, los cuales vivían en Lima y que además ellos habían enviado cartas, no entendía quién se había encargado de asignarme esa identidad, estaba nervioso, temía que se dieran cuenta de que era una mentira, trataba de cerrar los ojos para comunicarme con Samuel y era imposible, seguí pensando en como eludir preguntas a las cuales no les tenía respuesta y pensé que en el último caso lo mejor seria llorar, todos los niños lloran cuando no quieren decir algo, me pareció lo más adecuado.

          Al instante el señor de bigote y barba entró a la habitación, traía una bandeja con un trozo de pan, queso, también leche y muchas frutas, hacía meses que no desayunaba tan bien. Luego me dijo:

─ Descansa, a la hora del almuerzo te presentaré como nuevo integrante de nuestra comunidad, estarás bien.

          Me senté y devoré la bandeja entera sin dejar ni las conchas de las frutas, luego escuché a “Gris” maullando y me acordé que estaba dentro de mi mochila, no estaba seguro si podía quedarse conmigo en ese sitio y traté de esconderlo debajo de la cama, dentro de una caja vacía que allí se encontraba.

Luego entra un muchacho más o menos de mi edad y me dice:

 ─ ¡Ah, ya estás aquí! Yo soy Ubay y voy a ser tu compañero de cuarto, espero que seamos buenos amigos, nunca he compartido mi habitación con nadie, de hecho hasta ahora el único niño aquí era yo. Este es un lugar tranquilo, todos nos llevamos bien y realmente somos felices, de verdad que me da gusto de tener un compañero, ¿que edad tienes?

─ Diez años, aunque a veces mis padres ni siquiera recuerdan bien mi edad, somos muchos y a veces simplemente lo olvidan.

 ─ Yo tengo doce años y hay gente que piensa que tengo más, los adultos son malos para recordar las edades.

 ─ Sí, eso creo ¿y tú de donde vienes?

 ─ Casi todos venimos de Siria y Líbano, somos familiares cercanos o amigos de crianza, con la llegada de las tres mujeres de Cuzco ya sumamos dieciocho.

 ─ ¡Ah! Son muchos, pensé que eran menos.

 ─ No creas, somos los únicos musulmanes en este territorio, además nadie o casi nadie, sabe de nuestra existencia, sólo los hermanos del Islam lo saben.

 ─ ¿Y eso por qué?

 ─ En estas tierras la gente está muy abocada al cristianismo y no aceptan al Islam como religión, mucho menos la comunidad netamente indígena. Es por eso que decidimos emigrar y darles a conocer la palabra de Alá, aunque debemos ser precavidos. Poco a poco iremos agregando personas a nuestra comunidad y debe ser de manera muy discreta, pues no queremos que el gobierno sepa de nuestra existencia, pues la Iglesia Católica tiene aquí mucho poder y nos podrían deportar a Siria si saben que somos una célula Islámica.

          De pronto intente darle vueltas a lo que había dicho y me preguntaba cómo era posible que mis supuestos padres se hubieran enterado de la existencia de una comunidad Islámica en Aguas Calientes, era una de las preguntas que seguramente me harían, de verdad me preocupaba no tener esa respuesta, pero de pronto Ubay dice:

 ─ También tratamos de ubicar a las personas que muestran interés por el Islam y que mantienen contacto con el resto de las comunidades Islámicas en toda Latinoamérica, y estos están conectados con Palestina, Líbano y Siria básicamente. El servicio de correo aún es muy seguro y de esa manera damos con personas como tú y las otras tres mujeres que han llegado de Cuzco.

Sentí un profundo alivio y preferí no seguir preguntando. 

Luego de conversar durante un par de horas, el señor barbudo entró a la habitación y me dice:

Ven a la mesa, conocerás al resto de los hermanos.

          Al llegar al comedor, había una larga mesa con más de veinte sillas y todos sentados esperando a que llegara. Le pregunté a Ubay de forma disimulada, si el señor era su papá y respondió:

No, el es mi tío y es nuestro Imán, guía espiritual.

           Seguí caminando y el Imán se sentó en la punta de la mesa, me pidió que me pusiera a su lado y me quede de pie, empezó a presentarme, y dio inicio a una ceremonia; diciendo:

 ─ Él es Francisco Salvatierra y ha venido desde Lima, a partir de hoy y hasta que la voluntad de Alá lo dictamine, formará parte de nuestra comunidad. Sabemos que ya conoces El Corán y que has recurrido a cada una de sus azoras y sus respectivas aleyas en búsqueda de la palabra eterna e increada. Alá es nuestra única divinidad y Mahoma es su mensajero, la oración, el ayuno en el mes de Ramadán, el azaque y la peregrinación a la santa ciudad de la Meca, serán tus pilares y te llevarán a la paz interna.

          Mientras todos repetían: “Abdallah es nuestro Imán, guía espiritual, y este nuestro hermano y está a la disposición de Alá”.

─ Ahora implorarás a Alá y serás parte activa del Islam y te conocerán con el nombre de Gibrail.

          Todos repetían nuevamente: “Abdallah es nuestro Imán, guía espiritual y Gibrail nuestro hermano y está a la disposición de Alá”.

          Me sentía extraño, todos me miraban como si fuera el becerro de oro y no pensé que era necesario cambiarme el nombre. Luego la señora Hafsa que se encontraba a mi lado, me puso la mano en el hombro, me pidió que me sentara y que estuviese tranquilo. Después de eso, cada uno se levantó y dijo su nombre, era muy complicados y logré entender sólo el de Ubay, Hafsa, Abdallah y el de las mujeres de Cuzco, Ana, Maria y Adriana. Ellas tenían nombres normales, por alguna razón no se los cambiaron. Antes de tocar el sustento, todos bajaban la cabeza, cerraban sus ojos y repetían: “subhan Allah”, Hafsa me susurró en el oído y me explicaba lo que significaba “glorificado es Alá”.

          Cuando estábamos comiendo, noto que “Gris” se había salido de la caja, escuchaba sus maullidos cada vez más cerca, los cuales inoportunamente hacían eco en todo el recinto, por un minuto todos se quedaron en silencio, hasta que vi que el gato estaba montado en la mesa y el Imán lo había notado, no sabía que cara poner, pues venía directo a mi.

Cuando me volteo y veo la cara del Imán, noto que este parece sonreír y dice:

 ─ “Subhan Allah”, hacia mucho que no veía un animal tan hermoso y bien cuidado, ¿es tuyo el gato Gibrail?

 ─ Sí señor Abdallah, respondí. Lo he traído en mi mochila y pensé en decírselo, pero con todo el ajetreo lo olvidé, debió haberse salido de allí.

 ─ ¡Grandioso! Hoy es un gran día, hemos recibido dos grandes regalos de Alá, bien lo decía el Sultán Baybars de El Cairo, “honrad a los gatos, ellos representan la supremacía del Ra”. No te preocupes muchacho quédatelo, yo mismo te ayudaré a cuidarlo y a darle de comer, además conservo unos aceites fragantes de Siria que me gustaría untarle.

          Suspiré profundo y relajé mis hombros, hasta ahora todo había venido saliendo a la perfección. Esperé que el Imán se levantara y me dirigí a la habitación, Hafsa había tomado el gato y le había servido un plato de comida tan grande como el que había recibido yo.

          Quité las cosas que había colocado sobre la cama, la sacudí y me acosté, en ese instante entró Ubay, se notaba impaciente por hablar conmigo y contarme sus historias, pero tenía tantas cosas que coordinar que era muy poca la atención que le prestaba.

          Luego me dirigí a él y le pregunté de forma temerosa:

─ ¿Ubay, a qué se debe que El Corán a veces hable del odio a los cristianos y judíos y de luchar hasta vencer?  

─ Es simple hermano, los cristianos y los judíos le han hecho mucho mal a nuestra gente, ellos ocupan nuestros lugares sagrados, cambian nuestra historia y promueven el materialismo y lo banal. Los musulmanes hieren, porque se sienten heridos, es una eterna lucha que no sabría explicarte quien inició. Debemos apoyar la causa y eludir la amenaza, un musulmán nunca irá al infierno por matar a un infiel.

          Me impresionaba la serenidad y naturalidad que mostraba al decir esas palabras, parecía muy convencido de lo que decía, fui bautizado como cristiano en la capilla del orfanato, tuve una crianza muy católica conociendo perfectamente cada libro de La Biblia, era lo que había aprendido y sé que las hermanas y mis compañeros creían firmemente en la palabra de Dios, eran personas muy puras que poco énfasis hacían a este tipo de conflictos. Se había creado en mí un gran dilema.

          Luego que me dijo eso, cerré mis ojos y empezaba a organizar las piezas de mi rompecabezas, mientras escuchaba como Ubay oraba. Había algo que me llamaba mucho la atención, era el mensaje que había logrado captar de El Corán y lo que transmitían las figuras Incas, notaba un extraño enlace entre ambas cosas, algo me decía que tanto los Incas como los musulmanes, parecían predecir el impacto nefasto que tendrían los cristianos sobre sus culturas ¿sería posible acaso, que las tribus prehispánicas hubiesen tenido conocimiento del Islam? Era una pregunta a la que parecía tenerle respuesta la cual me costaba aceptar.

          Otra cosa que me llamaba la atención, era no comprender como una mujer tan abnegada al cristianismo como lo era Sor Hilda, tuviera bajo su poder El Corán, y que me lo diera a mí precisamente ¿acaso era adivina, o tenía un oculto interés por el Islam?

          Lo que si era claro para mí, es que alguien que me conocía bastante, se había encargado minuciosamente de inventarme una falsa identidad, evaluando todos los parámetros que concernían con mi vida, sólo podía pensar que las cartas habían sido enviadas de Hong Kong por “El Maestro” o Samuel, y no desde Lima.

          Luego de dormir casi toda la tarde, “Gris” me levanta pasando su carrasposa lengua sobre mi mentón. Miro hacia la cama de Ubay y no estaba, me levanto y llevo a “Gris” sobre mi espalda, me dirijo al comedor y no observo a nadie, sigo caminando y veo que casi todos se encontraban reunidos dentro de una especie de capilla. Hafsa y Maria me invitan a pasar por un estrecho pasillo que conducía a un deposito lleno con rollos de lana y máquinas extrañas, seguimos caminando hasta llegar a una tienda abarrotada de ropa, edredones y todo tipo de artículos hechos con lana, que era atendida por Adriana y Ubay.

          Le pregunté a Hafsa acerca de la tienda y me explicó que la tienda servía para proporcionarle sustento y que también era una manera de ocultar la existencia de la célula islámica, sólo era atendida por las tres mujeres de Cuzco, ella y su hijo Ubay, ya que exceptuando al Imán todos los demás sabían muy poco español, y se encargaban de trabajar en los talleres de fabricación.

          Seguí mirando la mercancía y me impresionaba la cantidad de estampado y diferentes tejidos que eran capaces de hacer. En eso Hafsa se acerca a Ubay y le pide que vaya Cuzco a comprar rollos de lana y que si quería, yo lo podría acompañar.

          Salimos del lugar y al llegar a Cuzco, Ubay se detuvo en cada mercader a comprar cualquier cosa que a él le resultaba interesante, tardamos varias horas y llegamos a Aguas Calientes caída la noche. Hafsa tenía una gran curiosidad por las flores y plantas exóticas, y Ubay se encargaba de llevarle siempre alguna de las que encontraba en el camino.

          Antes de cenar, el señor Abdallah se encargó de mostrarme todo el edificio, habían quince habitaciones, un gran comedor, cuatros salones, la pequeña mezquita, los jardines, una gran cocina con muchos estantes abarrotados de comida y una hilera de baños, era un lugar bastante grande, más de lo que hubiera sido el orfanato y lleno de gente amable, quienes solían llevar vestidos atípicos.

         Pasaban las semanas y ya aprendía a hablar árabe, todos los domingos iba con Ubay a Cuzco a comprar mercancía, poco a poco lograba entender la ideología musulmán, mientras que en la comunidad ya habían cinco personas tramitando para incluirse en las filas del Islam, era notable que para ellos la idea era que se fueran sumando personas y poco les importaba corroborar su procedencia.

          Un domingo a altas horas de la noche, reaparece Samuel en el momento menos esperado, alzo la mirada y se dirige a mí:

─ Hay que reconocer que estás haciendo un excelente trabajo, creo que ya tienes claro que ha sido “El Maestro” quien ha escrito las cartas y las ha enviado por telecinesis, estas no han pasado por ningún servicio de correo, pues sería obvio que provendrían de Hong Kong. El viaje a las montañas ha causado el efecto deseado, como sabrás la colonización cristiana destruyó casi todos los templos prehispánicos, de la misma manera que lo haría con judíos y musulmanes durante las cruzadas y eso parte de un origen común, hay un gran interés en destruir todo lo que consideran pagano o distinto a ellos.

          Con el tiempo te consagrarás como líder activo del Islam, tendrás un inmenso poder sobre los musulmanes, sólo debes actuar con cautela y escuchar con detenimiento a tus hermanos, tienes el conocimiento y la energía para catapultarte sobre ellos, Ubay te será de gran ayuda, el te aprecia mucho y es capaz de hacer cualquier cosa para conservar tu integridad.

Era notable que Samuel estaba apostando todo para llevar a cabo los planes necesarios para conservar el legado.

          A la mañana siguiente, luego de desayunar, Abdallah me invita a su habitación con el objeto de seguir con el adoctrinamiento sobre los idiomas orientales, observé que en su pared colgaba un complejo calendario con fechas y símbolos ligados al Islam, no era la primera vez que lo veía, pero ese día me había llamado la atención, le pregunté al Imán sobre cómo debía leerse y me explicó que en el oriente medio era usado un calendario regido por la luna y no por el sol, como era el caso del occidental. Incluye acontecimientos importantes para los musulmanes, y se inicia con la hégira, el viaje que haría Mahoma de la Meca a Medina en el 622 d.C. y es por ello, que se conoce como calendario heriano, los matemáticos han conseguido hacer una sencilla conversión al gregoriano o solar, la cual consiste en restarle al año gregoriano, seis ciento veinte y dos divido luego entre cero punto noventa y siete, de esa manera obtienes el año heriano.

          Realicé la operación y descubrí que había nacido alrededor del año 1.313 musulmán, paradójicamente los Incas se basaban en el sol y no en la luna para hacer su calendario, habría encontrado entonces la primera distinción entre las dos culturas.

          Llegado el domingo, Ubay y yo nos alistamos para comprar lo acostumbrado a Cuzco. Esa vez Ubay conoció a una muchacha muy humilde pero de una belleza incomparable y con la cual había quedado embobado, eso me recordó el día en que conocí a Maria Fernanda, luego de despedirnos de ella y durante todo el trayecto llevaba dibujado en su rostro una sonrisa que se hizo permanente durante varios días.

          Cercano al tren y lejos de donde estaba, noté que entre la muchedumbre había una mujer con indumentaria cristiana y seguí caminando hasta dar con ella, se trataba de Sor Hilda, corrí a abrazarla y me sonrió, se notaba muy feliz, me dijo:

 ─ ¿Francisco dónde has estado?

 ─ En muchos sitios, me siento avergonzado por la manera en la que me fui, pero era una necesidad muy personal.

 ─ Habrás tenido tus razones, veo que estás bien, ¡Cuánto has crecido!

Conversamos un rato y sin vacilar le dije:

─ Hay algo que debo saber, ¿que significado tiene para usted El Corán?

 ─ Para mí ninguno, pero para tu madre mucho, nunca te lo había comentado, pero ahora que te he vuelto a ver lo más sensato es que conozcas toda la historia.

Hace mucho tiempo el Arzobispado envió a un grupo de misioneras cristianas a Inglaterra, incluidas nos hallábamos tu madre y yo, Maria Andrea Orozco era su nombre y era proveniente de Guayaquil.

Sería en Londres donde tu madre se haría amiga de un judío, en ese entonces éramos muy jóvenes e ingenuas, tu madre se enamoró del judío y se veían a solas, yo le hacía la vuelta y nadie supo lo ocurrido. Un día tu madre me había confesado que el judío y ella habían avanzado más de lo que debían, dos meses después nos regresamos a Perú y tu madre no volvió a ver al judío. Ya una vez en el convento, las hermanas comentaban a escondidas, que tu madre estaba fecundada. La Madre Superior se enteró de lo ocurrido y sin mediar palabras, la humilló ante todas las demás y le hizo prometer que no saldría de un oscuro cuarto hasta que diera a luz, yo le llevaba comida y la atendía. Siete meses después nacías tú y ese mismo día tu madre era expulsada del convento y censurada por la iglesia. Para ese entonces no existía el orfanato, fue con tú nacimiento que se planteo la idea de crearlo, con el tiempo iban  llegando muchos niños e incluso mayores que tú, yo cuidé de ti al igual que la hermana Bartola, tu madre se fue de Perú y según cartas recibidas se encontraba en Venezuela en un pueblo llamado Villa de Todos los Santos.
          Se consagró al Islam y fue ella misma quien me envió El Corán, me hizo prometer que te lo diera cuando cumplieras los diez años, si algún día vas a Venezuela búscala, no he sabido más de ella. Ahora debo irme, las hermanas ya están en el tren y si te ven, te enviarían de nuevo al orfanato, cuídate mi niño y que Dios te bendiga, siempre te guardare en un rincón muy especial de mi corazón.

 ─ Usted también Sor Hilda, vaya con Dios, es mucho lo que tengo que agradecerle, de verdad gracias.

          Se montó en el tren corriendo y nunca más la vi. Desde ese día todo cambiaría para mí, la hermana Hilda había aclarado una de las partes más sombrías de mi pasado, con suerte Ubay se encontraba hurgando entre las mercancías de los mercaderes y no notó la presencia de la Sor. En el camino de regreso no mencioné ni una sola palabra.
  

CAPITULO 7: La Despedida.

          Transcurría el mes de julio, había oscurecido y faltaba  muy poco para mi cumpleaños, esa noche me sentía muy triste, pues era la primera vez que pasaría esta fecha sin la compañía de las hermanas del orfanato, además mi corazón latía fuertemente pues sentía que algo en mi, iba cambiando lentamente. Me recosté en mi cama y dormí por unas cuantas horas, de pronto sentí como mi cuerpo era rodeado por corrientes frías y calientes que extrañamente se alternaban, mis pies estaban helados al igual que mis manos mientras mi frente y abdomen parecían hervir cada vez más.

         Desperté y noté que no se trataba de un sueño e intenté levantarme y me era imposible, estaba como atado a mi cama por alguna fuerza infrahumana. Miré a las paredes y vi el reflejo de rostros luminoso que cada vez sumaban más, mientras que el techo estaba abarrotado de rostros más sombríos que la oscuridad, el silencio se iba rompiendo y observé como estos rostros alzaban la voz y vociferaban frases en tantos dialectos que me era difícil interpretar su significado.

Entre sus oraciones logré descifrar algunas de las que parecían más claras:

La Gran Fraternidad Universal, vencerá”
“¡Un altar y una victima!”
“El fuego de la naturaleza lo renueva todo”
“Sin derramamiento de sangre no hay redención”
“Recibirás la potestad del apóstol Pedro”
“Lucifer, Gran Arquitecto Universal”
“Ni una muerte más en nombre de la fe”
“Ciertamente Jesucristo, era musulmán”

          Estaba presenciando una colosal lucha de entes no físicos del bien y del mal, entre carcajadas y llantos el clima de la habitación se hacía insoportable y tan escandaloso que no comprendía como era posible que nadie más se hubiera despertado. Era claro que algunos de esos entes pretendían perturbarme y poner en duda mi fe.

          De pronto, exactamente sobre mi cama aparecía un gran espejo y en el me reflejaba yo perfectamente, noté que la imagen empezaba a hablar en tono altanero decía:

 ─ Que quede claro que soy yo el que reina y reinará en el siguiente tercio de milenio, ustedes están aquí para servirme y rendirme culto. Mucho hago con soportar todos estos disgustos, además no logro entender cómo voy a luchar en pro de un mundo lleno de tanta gente inservible  y al que nada tengo que agradecer. Sobre mis hombros he llevado una carga y una lucha constante, a la que poco beneficio le veo. Estoy harto de que un déspota e insignificante duende se me aparezca cada vez que se le de la gana y me diga cuatro bobadas, las que tengo que cumplir como si fuera un borrego.

          Los rostros huían y se desvanecían ante su presencia, estaba tan desconcertado que mi mente permanecía en blanco, hasta que un instinto proveniente de lo más profundo de mi subconsciente me impulsó a tomar un candelabro y lanzarlo sobre el espejo, luego este se desquebrajaba y con el la imagen. Los fragmentos del espejo se transformaban en una lluvia de líquido putrefacto que caía sobre mí.

          Me levanté de la cama y lavé mi cara, mientras lo hacía pensaba en aquel demonio que copió mi voz y mi figura, diciendo barbaries sobre el legado y la misión que me había encargado “Don Lorenzo”.

          Al amanecer me dirigí a los talleres de tejido, allí se encontraba Ubay organizando rollos de lana. Ese día todo transcurrió igual que siempre, a nadie le había contado que estaba de cumpleaños, no quería celebrar nada ni causar mucho alboroto. Además, estaba más centrado en lo de la iniciación y todo lo que eso acarreaba.

           Ese día, debía ir a Cuzco a comprar mercancía. Ubay se encontraba algo enfermo y no pudo acompañarme. Era la primera vez que iba sin su compañía a la ciudad vecina, y fue entonces cuando conocí a unos sacerdotes que estaban caminando por la plaza mientras yo tocaba mi armónica. Se presentaron como los hermanos García y estaban interesados en que participara junto a otros niños en el grupo musical de la iglesia.

          Mostraban insistente interés en que fuera domingo a domingo a su capilla y tocara mi armónica al compás de las canciones eclesiásticas. Vacilé un poco en tomar esa decisión y preferí no hacerlo, ya que sentía que estaría traicionando a la comunidad musulmán, además en las horas que teníamos que esperar el tren, Ubay y yo nos dedicábamos a conocer cuanto rincón extraño conseguíamos, habíamos probado innumerables tipos de comidas y nos metíamos en cualquier lugar que pareciera curioso.

          Al llegar, noté que todos en el recinto musulmán tenían caras tristes y llorosas. No quise preguntar nada por prudencia y si algo tenía bien claro era, que cuando uno pregunta lo que no debe, suele escuchar lo que no quiere. Puse las cosas en los armarios y me metí en mi habitación.

          Cuando entré al cuarto, Ubay me abrazó y rompió en llanto, luego me explicó que su padre había sufrido un infarto, estaba muy grave y con pocas probabilidades de sobrevivir, y que lo antes posible zarparía con su madre a Siria para ir a verlo.

           Ubay me había comentado que su padre había sido una persona muy déspota e intolerante, que de niño hacía sufrir mucho a su madre y nunca se había interesado en él, pero en ese momento un sentimiento de perdón y de reconciliación lo abordaba, en el fondo se notaba que aún lo quería.

          En menos tiempo de lo previsto, Hafsa y Ubay emprendieron su viaje a Siria, al momento de despedirse todos estaban nostálgicos, sentía que mi nueva madre y mi hermano se iban, no sabía si regresarían, parecía una escena  repetitiva, siempre que me encariñaba con alguien terminaba perdiéndolo, trataba de acostumbrarme a este tipo de situación, pero estaba seguro que nadie se acostumbra a eso.


CAPITULO 8: La Torah

Los días trascurrían y el recinto se hacía rutinario y triste, para ese entonces me quedaba en la tienda todo el día para burlar mi aburrimiento. No tenía otra opción más que resignarme a la ausencia de Hafsa y Ubay.

Semanas después me dirigí a la capilla de los hermanos García para incluirme en el grupo musical, ellos me recibieron con mucho agrado y me presentaron ante su comunidad católica, yo les había hecho creer que vivía con mis abuelos en Aguas Calientes y que cada domingo pasaba por Cuzco para hacerles mandados.

          Su capilla era muy sencilla, pero con una calidez humana increíble, todas las personas de la parroquia iban cada domingo y para ellos era un sitio de reencuentro, verdaderamente se trataba de una gran hermandad.

Detrás del altar, había un compartimiento en donde los sacerdotes y los monaguillos se cambiaban, era un sitio que siempre se encontraba muy limpio y en donde reinaba un agradable olor a canela. Una vez, me hallaba solo ordenando el lugar y empecé a notar una extraña sensación de cosquilleo por todo el cuerpo, me pasaba la mano por la cara y sentía una pequeña capa de magnetismo que me cubría de pies a cabeza, cerré los ojos y observé que de pronto todo el lugar estaba teñido de blanco luminoso y lo que anteriormente era ladrillo y concreto se transformaba en un puñado de esculturas sólidas de manos amontonadas, una al lado de la otra, se sentía como si estuvieses caminando por una multitud de personas que alzaban sus manos para darme apoyo. Salí del compartimiento y la iglesia mostraba el mismo escenario, con la diferencia de contar con una hilera de pequeñas mesas triangulares apoyadas en sus tres patas, todo estaba completamente solo, la blancura de las cosas se hacía compañía con el leve sonido de un piano que no alcanzaba a ver.

          Al regresar al compartimiento, lentamente todo volvía a cambiar, era agradable la sensación de tranquilidad y bienestar que daba el entorno, había comprendido entonces que en ese sitio había un portal a la segunda dimensión. Era la segunda vez que cruzaba un portal, y realmente esta vez me sentí más tranquilo y menos impresionado.

          Durante el tiempo que pasé acostumbrándome a la partida de Ubay y Hafsa, Abdallah se había comportado como un buen amigo. Si bien, era cierto que no poseía el mejor carácter, para ese entonces había cambiado mucho, Hafsa era su única hermana y quien a veces tenía la última palabra.

El tenía una visión bien amplia de lo que significaba la vida, recuerdo que decía:

“La vida es un principio, un transcurso y un final, da igual cuanto dure y la muerte es el final de una vida y el principio de otra. Además el alma siempre será eterna y de ti dependerá la dimensión en que se encuentre. Los que añoran una vida terrenal eterna son cobardes y egoístas, pues los que mueren dan paso a los que nacen, todo en función del santo equilibrio”.

Una tarde, me encontraba solo en mi habitación leyendo una Torah que había comprado en un puesto de antigüedades, estaba algo amarillenta y con olor a húmedo, pero aún así se podía leer perfectamente. Una anciana me había insistido en que la comprara, hasta el punto que quiso regalármela, yo saque un par de monedas que me sobraban y se las di, estaba escrita en hebreo y aunque nunca había aprendido el hebreo, la podía entender claramente.

De pronto sentí la presencia de Samuel en mi habitación, hacía tiempo que no conversábamos y tenía muchas cosas que preguntarle.

 ─ He venido a prevenirte, las almas de sombra me han rondado desde hace un par de semanas y cada vez me atormentan más, hasta el punto que me maltratan físicamente, azotan mi espalda y aturden mis oídos con sus ineludibles gritos y llantos, por alguna razón un ángel negro te está protegiendo, fue a él quien viste en el espejo, este tiene poder sobre las almas de la oscuridad y por esa razón son incapaces de hacerte daño.

 ─ ¿Y “El Maestro” que ha hecho para ayudarte? ¿Está al tanto de lo que está sucediendo?

 ─ No he querido decirle, se que son pruebas que superaré y es parte del proceso de adaptación que debemos vivir. Estábamos sumergidos en una fase parecida a un período de incubación de la que hemos salido y ahora esta nueva fase será un reto. Una vez terminada, todo estará bien.

 ─ ¿Pero que buscan ellas en ti? ¿O en mí?

 ─ Representamos la supremacía del santo equilibrio y tratan de evitar que nos consagremos como la máxima autoridad de la Gran Fraternidad Universal. Se aproxima uno de los períodos más negros de la humanidad y esta hermandad unirá sus fuerzas para cuando esto se lleve acabo.

─ Debes decirle a “El Maestro” lo que te está ocurriendo, el tiene más de tres siglos de sabiduría y sabrá como sacarte del infierno que estás viviendo.

 ─ El siempre me ha inculcado que debo aprender a actuar en función del bien y de la divinidad celestial, pero que también debo adiestrarme en las artimañas que emplean los que juegan sucio y representan el mal y la oscuridad, y este es el momento para hacerlo.

 ─ ¿Cuándo ocurrirá el período que me mencionaste?

 ─ Se trata de la décima cruzada, el Papa Urbano II, uno de los seres más oscuros que ha reinado en el cristianismo ha reencarnado en la figura de un notable miembro de la iglesia, que se hará cardenal y luego Papa, se conocerá como el cardenal Pacelli, y en torno a su mandato esto ocurrirá.

 ─ ¿“El Maestro” te ha enseñado hebreo?

 ─ Si, he aprendido hebreo, mandarín, latín, inglés y francés; juntos tenemos el conocimiento de casi diez lenguas.

        Luego escuché que Abdallah llamó a mi puerta y Samuel desapareció. Tomé La Torah y la escondí bajo la cama, él entró a la habitación y se sentó a charlar por largo rato, en sus ojos se podía notar la tristeza y el sentimiento de ausencia que aún poseía tras la ida de Hafsa, y me decía:

─  He estado reflexionando sobre la vida, la religión y todas esas cosas con las cuales complicamos y amargamos nuestra existencia, he leído mucho y me he internado en la esencia filosófica de las antiguas civilizaciones.

La igualdad entre hombres, mujeres, niños, ancianos y gente de todas las razas y credos. Así como el derecho pleno que debe tener cada ser vivo de seguir disfrutando de las bendiciones de su entorno y que se le respete como parte imprescindible de la naturaleza por más pequeño e infuncional que pueda parecer; es un concepto que todos deberíamos entender y es el legado que muchos han querido dejar. No es necesario adorar una imagen, ni un muro y ninguna figura distinta a la madre naturaleza para descubrir la chispa de divinidad que todos poseemos, quizás si aún conserváramos el respeto por la tierra, el cielo y las aguas que poseían los hombres primitivos, no habrían tantos males como los que nos acechan.

A través de generaciones, la intolerancia y el odio se han sembrado entre adeptos de un credo u otro. Quizás el problema radica en el que en los dogmas tradicionales es poca la gente que conoce el trasfondo real de las doctrinas, y que los fieles o simples creyentes tienen una noción muy vaga de lo que en las altas jerarquías se está fraguando, son a veces sólo personas inocentes guiadas por seres inclementes.

        Estaba asombrado por la manera en la cual una persona tan arraigada al Islam, mantuviera puntos de vistas que estarían en contra de lo que la ideología musulman pregona, realmente Abdallah había cambiado mucho y más rápido de lo que cualquiera hubiera pensado.

Las noches siguientes las dedicaba exclusivamente a leer La Torah, era el tercer libro sagrado que leía y era increíble la manera de cómo sus escritores habían plasmado historias en formas tan distintas partiendo de hechos similares.

Al final del libro había un montón de páginas adicionales, se notaba por la diferencia en el color y la textura de sus hojas y porque estaban escritas a puño y letra, arriba tenía un título que decía en latín: “Jesuitas, la plaga mayor”, seguí hojeando y observé que se trataba de un montón de párrafos escritos en letra inversa y alternando partes hebreas con árabe y latín, poco a poco con la ayuda de un espejo descifraba lo que decía:

“Desde el año 1054, la iglesia católica romana ha estado en guerra con los cristianos ortodoxos, y para los jesuitas estos son sus enemigos hereditarios. A mediados del 1914, ésta emprenderá una serie de guerras diabólicas, haciendo tributo a la sangre e instigando guerras como lo han venido haciendo por años el Papa y sus agentes.

Años más tardes caerá el último zar de Rusia y con él su familia, esto representará una notable pérdida para la iglesia ortodoxa, los jesuitas se vengarán de Alemania por su oposición al papado durante el siglo XIX, la muerte se sembrará en el lugar de nacimiento de los tan odiados luteranos. Todo esto, estará envuelto en la primera gran guerra.

Las máscaras reinarán y detrás de la figura del papado se sembrará el odio y la discriminación contra judíos y ortodoxos, el otorgamiento de la Orden Suprema de Cristo a uno de los más oscuros gobernantes italianos no significará nada ante lo que ha de venir.

La persecución a los judíos no tendrá compasión, el conviértete o muere será su grito de guerra, muchos cristianos ortodoxos morirán en Rusia, Yugoslavia y por toda Europa en manos de los jesuitas.
Luego de la primera gran guerra el deseo universal será la paz, se querrá establecer un gobierno mundial escondido tras la figura de La Liga de las Naciones, manipulada por los jesuitas en Norteamérica, pero estos fallarán miserablemente y el plan de crear dicho gobierno desde el cual pudiesen controlar el mundo tendrá que esperar casi treinta años cuando culmine la segunda gran guerra, una guerra tan devastadora que los pueblos pedirán a gritos un sistema pacificador y se llevará a cabo con la creación de las Naciones Unidas.

La segunda gran guerra será la más extensa y devastadora de la historia, la mayoría de la gente ni siquiera sabrá el trasfondo real de la guerra.

Los jesuitas y el papado contarán con la ayuda del mayor de los títeres en Europa, un austriaco que arrasará con Alemania durante su gobierno, éste aniquilará a los judíos y será respaldado por dinero de la América en mano de los jesuitas, quienes vivirán en la América pero no la amarán, quienes harán de esta tierra un sitio en donde muchos de sus gobernantes no tendrán reparo en dañar su propia raza, con el sólo propósito de justificar una hazaña inhumana, la cual supuestamente buscará el bien del colectivo.   

Japón pagará un alto precio por impedir una vez la entrada a su país a los intolerantes misioneros católicos quienes como una verdadera plaga quisieron adueñarse de su tierra (como están acostumbrados a hacerlo). Los cielos se teñirán de negro y el suelo de rojo, se visualizará una tierra devastada y desolada.

Luego de las dos guerras el circo de las Naciones Unidas, proveerá de hogar a los judíos cerca de Palestina, con el sólo propósito de ser aniquilados por los musulmanes (los judíos y musulmanes, sólo significan una punta de carnada para los jesuitas quienes se burlan de sus predecibles acciones). Esto creará un caos entre judíos y musulmanes y el mundo clamará porque se envíe un supuesto pacificador, el cual estará representado por la figura del Papa cuando consigan que se le otorgue el trono de Salomón en Jerusalén, una meta muy ansiada, pero que no será alcanzada”.

Luego de terminar de leer ese texto, se me hacía difícil procesar tantas frases, entonces lo leí otra vez, lo traduje completo y lo escribí de nuevo. Quería imaginarme el sentimiento que habría tenido la persona mientras lo escribía, sólo me venían dos palabras a la cabeza: rabia e impotencia.

Dos cosas estaban claras; una era, que la persona que había escrito el texto era un visionario, alguien con un inmenso poder de predecir tantas cosas y de manera tan clara, la otra era que esa persona no simpatizaba con los jesuitas, y su voluntad estaba inclinada a que sólo una persona políglota y muy sabia descifrara el texto e hiciera algo para impedir todas esas atrocidades. En la parte baja de la última página se veía en letra pequeña que estaba escrito un nombre y una fecha: Fabricio Mondragón, Junio 1880.

Me quedé pensando en la letra del texto y el latín me parecía familiar, pero no podía ni sabía asignarle esa letra a alguna persona.

Era extraño lo del libro, nunca lo hubiese comprado si lo hubiera visto puesto en cualquier estante, era un libro viejo que a simple vista no suscitaba ningún interés; ahora me preguntaba ¿Cuál era el interés de esa anciana de regalarme ese libro? ¿Quién habría sido Fabricio Mondragón?

Antes de leer el libro no poseía ninguna conexión con el judaísmo, lo único que me relacionaba a ello, sería un memorá que habría comprado Ubay en Cuzco, el cual me obsequió en el momento de irse a Siria. Eso sin contar con el hecho de que por mis venas corría sangre judía, pues según la historia de la hermana Hilda mi padre era adepto al judaísmo, pero de igual manera es un ser del cual ni siquiera el nombre conocía y mucho menos sabría de mi existencia, sería demasiada casualidad que haya sido el quien me haría llegar el libro. Me planteaba la idea de que si alguna vez mi madre le habría escrito contándole sobre mi, para el sería casi imposible dar conmigo, ya que hacía más de un año que no estaba en el orfanato y después de eso, me encontraba en las calles y ahora en la comunidad musulmán, donde hasta el nombre me cambiaron. Si esa hipótesis fuera cierta estaría entre los más desafortunados, pues tendría padres en lugares lejanos y sólo los podía relacionar con libros sagrados que me han sido enviados.

La única manera de resolver esto, sería dando con mi madre, desde el momento que supe que realmente tenía una madre mis ideas se han centrado en buscar la manera de dar con ella, pero no será fácil, pues habría que atravesar medio continente para llegar a un poblado que sólo el nombre conocía.

El domingo siguiente había llegado muy temprano a la capilla de los hermanos García, al entrar únicamente había tres de los niños especiales que formaban parte del coro, tenían una profesora de canto que se encargaba especialmente de ellos, ella decía que había nacido para cuidar y querer a esos niños, se refería a ellos como niños eternos, ya que siempre conservaban la inocencia y candidez de un niño. En el pequeño mundo en el que viven no existen las preocupaciones ni estrictas responsabilidades, pero aún así suelen ser muy disciplinados.

Una vez me llevé a “Gris” en una mochila, y era el centro de atención de la capilla, los niños agarraron al gato y se encariñaron tanto con él que se lo obsequie, y desde esa vez están a cargo de su cuidado.

        Los hermanos García me habían pedido que les enseñara a tocar la armónica, conseguí un par de ellas en un bazar a buen precio y las compré, me centré en que dos de ellos aprendieran bien la técnica y luego estos la enseñarían a los demás.

        Llegada la hora de la misa, se iniciaron los cantos, era la primera vez que los niños tocaban la armónica junto a mí ante los fieles de la capilla,  estaba sorprendido por la manera tan rápida en la que habían perfeccionado la técnica, el sonido era uniforme y celestial, parecían un montón de ángeles blancos dándonos la bienvenida a su dimensión; todos, absolutamente todos mostraban un rostro de impresión marcado por pequeñas lágrimas que involuntariamente salían de sus ojos. No había ningún ruido ni murmullo en la capilla que entorpeciera el majestuoso esplendor de los niños, era tanta la fascinación  que las canciones eran tocadas dos veces. Al finalizar, Israel el mayor de ellos se paró delante de los demás, se declinó para dar las gracias y me abrazó, era uno de los momentos más emotivos que había vivido, luego todos los demás correrían a abrazarlo. Cuando alcé la mirada noté que entre la gente se encontraba David, el había sido un buen amigo en el orfanato y hacía tiempo que no sabía de él. Bajé a saludarlo y conversé un rato con su familia, sus padres me comentaron que se dedicaba a pintar y que llevaba meses vendiendo sus pinturas. El me pidió que lo incluyera en el coro de los niños especiales, lo tomé de la mano y lo presenté ante los demás niños, ya conocía algunos de ellos, en un abrir y cerrar de ojos se había adaptado al grupo.        
   
Horas después, ya en Aguas Calientes me topé con Abdallah en la estación del tren, y sin darse cuenta que lo estaba observando se montó en el que iba hacia Cuzco. Era  curioso, pues siempre que regresaba de Cuzco Abdallah nunca se encontraba en casa, y esta vez había encontrado el por qué. Quizás era una simple casualidad, aunque algo me decía que yo no era el único con ocupaciones secretas en la ciudad vecina.

Al llegar a mi habitación, vacié en mi cama la caja que contenía mis ahorros y los conté, aún era muy poco como para emprender mí viaje a Venezuela; había pensado en irme escondido en algún barco hasta Colombia y luego llegar a Venezuela por tierra, pero sería arriesgado e igual debía contar con un mínimo de dinero para lograrlo. De alguna manera debía llegar allá, sólo tendría que esperar el momento indicado.

Mientras tanto debía pensar en algún modo de dar con la localización precisa de mi madre, la Hermana Hilda me había dicho que se encontraba en un poblado llamado Villa de Todos los Santos, y que allí se encargaba de servir en una comunidad musulmán, en estos países son muy pocos los adeptos al Islam y de seguro Abdallah debería tener algún contacto con esa gente en Venezuela. Sólo le rogaba al Dios que aún permaneciera viva y tener el privilegio de conocerla, ya hacía muchos años que no se sabía de ella, ni siquiera si realmente permanezca allí, y mucho menos si seguía conservando la misma identidad.

Al caer la noche, escuché abrir la puerta de entrada, se trataba de Abdallah quien silenciosamente se dirigía a su habitación, era la misma escena que se hacía repetitiva desde hace un par de meses. Luego oí que conversaba con otros dos de los sirios que vivían en la comunidad, hablaban sobre una iniciación, en voz silenciosa decía: 

─ Ya he tramitado todo para que la próxima semana se lleve a cabo el ritual de iniciación, como aprendices conservarán su opinión personal y tendrán una visión libre sobre cualquier tema, sin tratar de ninguna manera de uniformizar pensamientos, cada uno sustentará sus propias ideas basadas en el conocimiento.

Trataba de entender las palabras que había dicho y no entendía nada en absoluto ¿en qué sociedad o grupo pudiera haber incursionado el Imán?, no lo sabía, pero era algo que manejaba con mucha discreción. Estaba claro que a Abdallah no sólo le interesaban los rituales de iniciación del Islam, los cuales eran simples y no requerían de grandes trámites para llevarse a cabo, paralelamente estaría tratando de incluir gente en alguna clase de institución, de la cual pocos en la comunidad tenían conocimiento.   

En el fondo todas estas cosas que había vivido, no desvirtuaba en ninguna manera la curiosidad que suscitó en mí La Torah. En los ratos libres, luego de colaborar en los talleres de fabricación y hacer mis tareas, me iba a mi habitación y la volvía a ojear rigurosamente. En algunas ocasiones sentía que alguien me vigilaba mientras leía, quería contar con la presencia de Samuel para que aclarara muchas de las dudas que últimamente se acumulaban y me desconcertaban cada vez más.

Una tarde me dirigí a la pradera que se encontraba cerca de la comunidad, trataba de comunicarme con Samuel de alguna manera, las horas pasaban y no ocurría nada, le hacía el llamado en todas las formas de lenguaje que conocía y hasta había pensado en usar la hierva que él mismo me había regalado para así entablar contacto. De pronto la brisa sopló cada vez más fuerte, y el ambiente iba tomando una calidez gratificante, delante de mí lentamente se materializaba la figura de un hombre anciano, no poseía barba ni cabello, al mirarlo me asuste un poco y luego empezó a hablarme, diciendo:

─ No tengas miedo Francisco, soy Tomás Savitakaya “El Maestro” de quien Samuel te ha hablado. Me da gusto conocerte.

─ El honor es para mí, siempre quise conocerlo, y llega en el momento más indicado, Samuel me ha contado de la gran sabiduría que usted posee.

─ La misma sabiduría que posees tú, pero que aún debes explorar.

─ Quisiera comunicarme con Samuel pero hace meses que no sé de él, ¿qué le ha ocurrido?

Nada, sólo está en un período de aislamiento y absoluta meditación.

        Sé que tienes bajo tu poder una Torah, lo que te ha generado muchas preguntas, y es esa la razón por la que he venido. Ese libro perteneció a quien en vida recibió el nombre de Fabricio Mondragón, el último de los tres hijos que habría tenido “Don Lorenzo” a lo largo de su última permanencia en esta dimensión, se trata de un eminente rabino que vivió en España y que murió a los 88 años, sólo semanas después de haber escrito los párrafos que has leído.

─ ¿Poseía él la capacidad de vaticinar el futuro?

No, ese escrito fue producto de una predicción que habría tenido su padre, quien mientras dormía la exponía repetitivamente, siendo el mismo “Don Lorenzo” quien le pidió que la escribiera.

─ ¿Y entonces, qué papel cumple la anciana que me entregó el libro?

Se trata de un ángel blanco enviado por “Don Lorenzo”, él te aprecia como un hijo y quiso que conservaras la Torah pues es un libro que posee un gran valor para él, además que intenta  prevenirte sobre las guerras que han de venir, debido a que son inevitables, y tienes que prepararte para el papel que debemos desempeñar cuando ocurran.

─ Eso aclara mucho las cosas. ¿Y usted ha tenido hijos?

Nunca los tuve, no siempre se deben tener.

─ No entiendo, ¿es por el hecho de ser monje?

Sólo soy monje desde hace 50 años. Tiene que ver con un sin número de cosas que aún no comprenderías.
Desde mucho antes de la Edad Antigua los grandes emperadores, faraones y seres de la realeza anhelaban tener bajo su poder ejércitos numerosos, personas que emprendieran la tarea de luchar en guerras y construir fastuosos palacios y estructuras diversas. El ser humano era visto como una especie de abeja obrera que debía reproducirse cada vez más y multiplicarse vertiginosamente. Realmente quien lograra esto, tenía la clave principal para conquistar territorios y levantar magníficos imperios.
Se le había inculcado a la gente la necesidad indispensable e irrefutable de tener una buena cantidad de hijos, y que toda mujer y hombre debían contar con su opuesto para llevar a cabo la tarea de Dios y vivir en absoluta felicidad.

─ ¿Qué consecuencia tendría eso?

Entre otras cosas, ha sido y será un factor determinante en el crecimiento desmedido de la raza humana, lo cual conllevará a la sobrepoblación, que a su vez dará lugar al deterioro y agotamiento de los recursos naturales
Si bien es cierto, que un hijo resulta la bendición más grande fruto del enlace entre dos personas y es el reflejo de nuestra esencia que se conservará con su existencia, sólo los hombres con gran poder tenían el conocimiento de que no todas las personas nacían para tener hijos, y mucho menos que debían enlazarse con el género opuesto.
Incluso a las mujeres de la realeza se les ocultaba esa información y fueron muchos los reyes y eruditos que abiertamente expresaban cualquier tipo de preferencia, incluidos se encontrarían siete de los que recibieron la potestad del apóstol Pedro.

─ ¿Conoció usted a alguno de ellos?

─  Si te refieres a los Papas no, el último de ellos murió en el año 1555, y para ese entonces aún no había nacido. Ese fue Julio III, y anterior a él se encontraron: León X, Julio II, Sixto IV, Pablo II, Benedicto IX, y Juan XII, con respecto a los demás es una lista tan larga e interminable que no tiene sentido nombrar. He aprendido, que en lo que todo el mundo cree, no siempre es en lo que se debe creer.

─ ¿Y que hay de las guerras? ¿Qué podemos hacer?   

─ Como te dije, están escritas en Bonumulam y aunque los acontecimiento tengan fecha y lugar, es posible evitar que se derrame tanta sangre. El trabajo que debemos desempeñar está relacionado con acciones de ayuda humanitaria y espionaje, entre otras cosas. Pero de eso te hablaré en su momento.
Creo que ya he resuelto muchos de tus enigmas, espero verte pronto.

En eso “El Maestro” se dio media vuelta y se desmaterializó rápidamente. Tenía una sensación de incertidumbre, pues se habían aclarado algunas de mis dudas, pero al mismo tiempo se desvanecía la esperanza que tenía de que Fabricio Mondragón fuera mi padre. De igual manera me alegraba la idea de que “Don Lorenzo” tuviera la intención de regalarme algo que para él significo mucho, fue de él de quien recibí la fortaleza y el espíritu luchador con el cual debía afrontar cada tropiezo del largo camino que me espera.      

  

CAPITULO 9: Una organización secreta.

Me encontraba en mi habitación y escuché el sonido de piezas de metal que se golpeaban una y otra vez. Ese día casi todos se encontraban de paseo por las montañas; exceptuando al Imán y sus dos más cercanos confidentes (Muhammad Sair y Muhammad Deif) yo estaba un poco quebrantado y decidí quedarme en la cama. Al rato de haber escuchado el ruido, abrí mi puerta con cuidado y salí al comedor, sentí que se escuchaba cada vez más, seguí caminando y observé que el ruido provenía de la habitación de Abdallah, la puerta estaba entreabierta, me asomé por la abertura y vi que se trataba de un par de espadas de bronce sostenidas por Abdallah y Muhammad Deif, quienes se encontraban haciendo prácticas de luchas medievales.

Luego de eso, caminé hasta mi habitación y me acosté a pensar; Abdallah se iba volviendo más enigmático de lo que cualquiera hubiese imaginado ¿De dónde habían obtenido esas espadas? ¿Cuál era el propósito de adiestrarse en su uso?
Quizás era demasiado pronto para tener esas respuestas.

La mañana siguiente Muhammad Sair y Muhammad Deif salieron del recinto mucho antes de que los demás se levantaran, me encontraba en el comedor leyendo cuando los vi salir. A los pocos minutos de su ida, regresaron y se dirigieron a mí preguntando si tenía conocimiento de los nombres de las calles de Lima, ellos confiaban que yo provenía de allí y que por lo menos debía conocer el nombre y ubicación de algunas de ellas.

Era lógico que conociera perfectamente la ubicación de casi todas las calles de Lima, pues había permanecido ahí junto a los músicos durante un tiempo considerable y cuando estuve sin ellos, hice de mandadero de las mucamas de las mejores residencias.
Les pregunte el nombre de la calle y respondieron:

─ Calle Sucre intersección con calle Bolívar.

En ese momento recordé que muy cerca de allí se encontraba una pequeña capilla a la que frecuentaba. Pero quería estar seguro y fue cuando se me ocurrió  buscar el mapa que había usado para llegar a Aguas Calientes, el cual venía acompañado de otro grupo de mapas que mostraban de manera detallada la distribución urbanística de las ciudades de la zona. Entonces respondí:

─ Sí, recuerdo esa intersección, pero para su mayor seguridad buscaré entre mis cosas un mapa que les precisará como llegar sin perderse.

Busqué mis mapas y efectivamente me habían señalado un local que quedaba justo al lado de la capilla, recuerdo que en ese sitio funcionaba una carpintería, pero ellos me habían dicho que se trataba de la casa de un compañero que recién había llegado de Palestina.

Estaba casi seguro de que estaban mintiendo, y me hacía la interrogante ¿sería a la capilla a donde irían? Pues en ambas calles, sólo se encontraban comercios y los conocía absolutamente todos, era poco probable que alguien viviera allí, y mucho menos en esa carpintería que era un inmenso galpón con sólo cuatro paredes y un techo, y que en las noches ha de estar invadido por ratas. Quizás ya la carpintería no operaba allí o señalaban un lugar equivocado, al fin de cuentas se suponía que nunca habían ido a aquel lugar, sólo eran vagas inferencias que podía hacer.

Les presté el mapa y se marcharon. Seguí pensando en la capilla y recordé que el sacerdote que estaba encargado de ella, era un hombre joven que en ocasiones conversaba conmigo, recuerdo que se llamaba Raúl Valiente. Siempre hablaba de lo singular que yo le parecía, y no le gustaba la idea de que, siendo un niño tan audaz e inteligente anduviese deambulando por las calles como un mendigo.

A pesar de pertenecer al clero, era un hombre liberal y siempre vestía con buena ropa, además la gente decía que formaba parte de la administración de un reconocido banco de la capital. En sus sermones siempre hablaba del trabajo, la justicia y el aporte significativo que le daba la ciencia a nuestra sociedad, solía terminar con una peculiar frase: “lo que tú haces, te hace.”

 Percibía una compleja relación entre él y el nuevo Abdallah, era obvio que mi capacidad extrasensorial se afinaba cada vez más y me iba volviendo increíblemente observador e intuitivo, haciéndome ver cosas donde anteriormente no era capaz de verlas. Muchas situaciones parecían enlazarse; los ritos secretos de iniciación, las espadas y el viaje de Muhammad Sair y Muhammad Deif a Lima.

El domingo siguiente me había quedado en la capilla de los hermanos García más tiempo de lo acostumbrado, pues me encontraba preparando las nuevas canciones, junto María Juan la profesora asignada a los niños especiales. Para esa vez, ella había pensado en incluir un poco de teatro en las presentaciones y eso retardaba el proceso de aprendizaje. Ellos debían combinar el canto, con el uso de la armónica y la representación de los personajes que ella había creado. Miré el reloj y me despedí rápidamente de todos, ya que era casi de noche y nunca había llegado tan tarde a la comunidad.

        Al salir de la capilla, vi algo que sería la gota que derramaría el vaso; se encontraban los hermanos García conversando de manera muy amena con Abdallah, era la casualidad más grande que jamás había tenido. Estaba al descubierto por lo menos una de las diligencias que tenía el Imán en Cuzco, y además de eso se me hacía complicado seguir caminando sin que ellos me vieran. De pronto observé que se dirigían hacía donde yo estaba y rápidamente entré en la capilla y me escondí en el confesionario, Abdallah se veía muy cómodo dentro de la capilla y parecía haber dejado atrás el rencor hacia los cristianos que tanto caracteriza a los musulmanes, siguieron caminando hasta entrar al compartimiento que estaba detrás del altar. Sin darme cuenta, una anciana se había arrodillado junto al confesionario y se dirigía a mí diciendo:

Padre, he pecado.

Sin prestarle mayor atención salí corriendo de allí y me dirigí rápidamente hasta la estación del tren, estaba por salir el último y con suerte pude tomarlo…

Al llegar a la comunidad, María y Ana estaban en la mesa esperándome, María se dirigió a mí diciendo:

─ ¿Por qué has tardado tanto Gibrail?

─ Había mucha gente en los mercaderes y  la estación del tren estaba muy congestionada, pero por suerte pude conseguir todo lo que me pidieron, hasta les traje algunos inciensos que recién han llegado de India.

─ Toma precauciones hijo, no es bueno que andes de noche en la calle. Siéntate a comer un poco, debes estar hambriento y cansado.

─ Gracias.

Después de comer me fui a mi habitación e inmediatamente me quedé dormido. Luego de algunas horas desperté al sentir la puerta de entrada, seguramente se  trataba del Imán, miré mi reloj y eran las once de la noche, era poco usual que alguien llegase a la comunidad a tan altas horas de la noche. Luego escuché un auto que aceleraba y se alejaba rápidamente. 

Estaba claro, Abdallah mantenía una estrecha relación con los hermanos García y probablemente habían sido ellos los que lo traerían de vuelta a Aguas Calientes ¿pero qué tipo de relación podía mantener un líder activo del Islam y dos reconocidos sacerdotes católicos? ¿Acaso Abdallah se estaba volviendo cristiano? Esa idea resultaba aunque probable, muy simple para todo lo que percibía, se trataba de algo más complejo, algo que más que ver con una conversión, trataba otros asuntos que abarcaban mucho más que la religión e involucraba más personas de las que yo suponía.

Había otra cosa que me preocupaba, era el que Abdallah descubriera mi relación con los cristianos de la capilla, si bien era cierto, que no era él precisamente quien debía reprochármelo, sentía un profundo respeto hacia el Imán y la comunidad, quería ser yo mismo quien le contara sobre mis labores en Cuzco, al fin de cuentas sólo contribuía con un grupo de niños que me hacía sentir útil y apreciaba mucho, además eran ahora mis únicos amigos contemporáneos.          

Todos los días, se había vuelto costumbre en la hora del almuerzo notar cierta fricción entre Abdallah y su primo mayor Mostafah, este le reclamaba al Imán la poca atención que le estaba prestando a los asuntos de la comunidad y que había de pasar demasiado tiempo alejado de ella con la excusa de ir en busca de nuevos fieles. 

Sólo Muhammah Deif, Muhammah Sair y las tres mujeres de Cuzco parecían apoyar al Imán, el resto de la comunidad empezaba a prescindir de él y buscaba ayuda espiritual en Mostafah, en ese momento quedó evidenciada la bipolaridad existente en el recinto. Yo por mi parte, trataba a toda costa de cuidarle la espalda al Abdallah, pues siempre me ha parecido la persona más sabia y pluralista de la comunidad, era esa la razón por la cual había sido electo como guía espiritual, no me imaginaba el día en el que Mostafah se auto nombrara Sheik, pues a mi parecer era un viejo obstinado e irreverente.            
           
Siempre que terminaba el almuerzo todos se iban a dormir, yo me quedaba en mí habitación escribiendo y haciendo cualquier clase de figura que me pasaba por la mente. Una tarde de esas sentí que me llovían ideas, y se dibujaban imágenes en mi mente las cuales eran tan claras y detalladas como una fotografía. Trataba de escribir y dibujar todo de la manera más exacta y rápida posible. Fue ese día que Abdallah entró en mi habitación sin previo aviso y me observó cuando escribía con las dos manos, y que con cada mano escribía un párrafo distinto asociado a una imagen.

Al observarlo, subí mi cara y lentamente solté mis lápices, el Imán estaba boquiabierto y con una sonrisa de asombro que jamás había mostrado, no soltaba ninguna palabra y le dije:

─ Con práctica y esmero aprendes a hacerlo.

─ Siempre me has parecido un muchacho increíble, pero jamás imaginé que pudieras hacer eso.

        Tomó mis hojas y las observó detalladamente, constató que se trataban de imágenes distintas y párrafos distintos.

Realmente es asombroso ¿tienes idea de lo que has dibujado? 

─ Sólo son figuras que se me ocurren algunas veces, nada en especial.

─ No son cualquier tipo de figuras, son figuras asociadas al gnosticismo pagano y que existen desde hace más de 2000 años, además no sabía que podías escribir en hebreo.

─ Ahora lo recuerdo, mi papá una vez me regaló un libro sobre el gnosticismo pagano y tenía párrafos en hebreo, siempre los copiaba y de vez en cuando me vienen a la mente algunos de ellos.

No creo que lo que me estas diciendo sea cierto, estos dibujos han estado ocultos por cientos de años y sólo el Vaticano tiene bajo su poder escritos como esos. Sólo personas de la alta jerarquía eclesiástica saben de la existencia de estos símbolos y esos párrafos. Creo que me estas ocultando algo y es algo grande ¿realmente que escondes Gibrail?      

No tenía nada que alegar, pues había quedado casi al descubierto y lo único que se me ocurrió fue contestar con otra pregunta.

─ Quizás sea cierto lo que usted está diciendo, pero explíqueme entonces ¿cómo es posible que un líder del Islam conozca secretos sólo sabidos por la alta jerarquía católica?  

Eso es algo que aún no te puedo explicar, pero me gusta que seas inteligente y tengas el coraje de poder hablar cara a cara conmigo sin que te tiemble el pulso y sin bajar la mirada. Mi interés no es incomodarte ni hacerte preguntas a las que no tengas respuesta, simplemente estoy empezando a descubrir en ti a un muchacho con capacidades asombrosas y una sabiduría digna de maestros.    

─ Ha sido de usted de quien he aprendido muchas cosas,  y si hay alguien aquí con cualidades de maestro es usted, yo sólo soy un muchacho que trata de aprender cosas que más adelante me serán útiles y si en algún momento pensó que lo estaba confrontando, discúlpeme Imán, nunca será esa mi intención.

Me gusta que seas preciso y a la misma vez humilde, notarás que de ahora en adelante confiaré más en ti y estaré dispuesto a aclarar cualquier duda que tengas.   
       
        Luego se sentó en mi cama y pude observar entre una de las aberturas de su camisa una pequeña placa redonda grabada con símbolos, los cuales conocía por separado pero nunca los había vistos combinados de la manera que se mostraban. Era una estrella de David que en el centro tenía una cruz ansata y a su vez la estrella era circundada por una gran serpiente que se tragaba su cola, en la parte superior también se observaba una cruz de fuego y otro extraño símbolo que no lograba distinguir.
       
        En el instante que me detuve a descifrar la joya, el Imán aún se encontraba observando mis dibujos y fijamente los observaba una y otra vez. Me dijo:

─ Tienes una gran influencia gnóstica, quizás la hayas heredado o probablemente sea un don con el cual has nacido, no conozco a nadie que emane tanta esencia pura, realmente brillas por luz propia y conservas mucho de la chispa de divinidad       que cada ser guarda por naturaleza. Debes confiar en que ciertamente puedes  llegar a ser grande, si no crees en ti mismo nadie lo hará, siempre ve en búsqueda de la verdad y haz de la paz tu sendero.

─ ¿Y esa verdad me hará sabio?  

He escuchado que el más sabio de los sabios vive oculto entre nosotros, no hace presentaciones públicas ni alardea de su poder, y no confunde la edificación de grandes templos ni la grandeza del arte, con la fe.
Quizás sean cualidades atribuidas a grupos de sabios y homogenizadas en un solo ser, pero el día que logremos agrupar cualidades como esas y más, estaremos cerca de obtener la sabiduría plena.

        Verdaderamente el Imán parecía saber más cosas de lo que imaginé, la extraña medalla que guindaba de su cuello era sin duda, algún amuleto relacionado con los nuevos asuntos en los que estaba implicado. En el momento en el que Abdallah se dirigía a mí, tuve la sensación de estar frente a un sabio de la magnitud de “Don Lorenzo”. Algo me impulsaba a dirigirme a él y hacerle saber que tenía inquietud sobre el nuevo rol que desempeñaba, pero preferí esperar y documentarme sobre el significado del conjunto de símbolos contemplados en su medalla.

         En ese momento Muhammad Sair tocó la puerta de mi habitación y le pidió al Imán que lo acompañara, él salió y señalándome con el dedo me dijo:

Todavía tenemos mucho de que hablar.

Respire profundo y tomé mis dibujos y los guardé bajo llave.

        De pronto sentí que un vendaval entró por la ventana, golpeó mi puerta e hizo temblar todo lo que en mí habitación se encontraba. El techo se había transformado en un gran abismo negro que emanaba una brisa helada y un crujido parecido al de pasto ardiendo en llamas. Subí mis manos y pude notar que el abismo inhalaba y exhalaba cual ser vivo. Al fondo del abismo escuché la voz de Samuel que me dijo:

Ven, te invito a que conozcas algo.

Vi que extendió su mano y me haló hacia el abismo. Dimos un recorrido al pasado, a fechas donde el hombre aún adoraba  la tierra, el sol y la naturaleza, un paseo por el inicio de muchas religiones y su proceso evolutivo, y en todos los casos la fe estuvo presente, así como la necesidad de asignarle símbolos al bien, al mal y a todo aquello que alguna vez consideramos sagrado.

Entonces entendí que Samuel intentaba explicar el papel que juega la simbología en nuestras creencias. Luego  se dirige a mí diciendo:

Sé que la medalla que posee Abdallah te causó curiosidad, y que casi todos los símbolos que en ella viste los conocías por separado.
La Serpiente representa la sabiduría, la Cruz Ansata el triunfo de la vida sobre la muerte, la Cruz de Fuego, el Aum y la Estrella de David tienen significados diversos y todos en conjunto son emblema de la Sociedad Teosófica, una sociedad que ha intentado conciliar doctrinas y volver a la sencillez de nuestros inicios.
Los símbolos originalmente son creados para representar un sentimiento, ideología o estereotipo religioso, buscando sintetizar en ellos todo aquello con lo que se quiere identificar. Pero a través de la historia su significado entra en un proceso de evolución, distorsión o contradicción, minimizando o en peor de los casos satanizando dicho significado, perdiéndose así su objetivo original.
Es por ello que ha de resultar estúpido y sin sentido quererle asignar a nuestra fe o creencia religiosa un sin números de símbolos que no siempre están asociados a los lineamientos y manera de pensar que poseemos. Por esa razón la simbología religiosa cada vez resulta más engorrosa, llegando a ser innecesaria e ineficiente en la representación de la búsqueda particular de la verdad.

─ ¿Qué representa la Sociedad Teosófica?

Para muchos sólo es una sociedad que agrupa doctrinas antiguas y orientales; adaptando el ocultismo, el hinduismo, la teosofía y otros grupos de corrientes al occidente actual. Buscando así creencias pluralistas y universales con bases firmes en el gnosticismo.
        Para  otros, se trata de una Hermandad Humana Universal, donde no existe distinción de raza, sexo, casta o color, fomentando el estudio comparativo de las religiones, filosofías y ciencias. Teniendo como consigna: “no hay religión más elevada que la verdad”. Buscando romper antagonismos religiosos e investigando las leyes inexplicadas de la naturaleza y los poderes latentes del hombre.    

─ ¿Y para ti que significa? ¿Por qué un musulmán busca refugio en una sociedad con esas características?

Yo sólo pienso que las creencias deben ser el resultado del estudio individual o de la intuición y que deben estar basadas en el conocimiento. A lo largo de la historia irán surgiendo movimientos que buscarán refugiar personas que van detrás de la verdad, pero esa búsqueda no debe ser obsesiva, ni debe interferir en nuestra sana manera de pensar y actuar, ni tampoco debe convertirnos en seres netamente teóricos que sólo emplean su vida en comprender lo que los demás han hecho y no en ejecutar lo que ellos deben hacer. 
        Antiguamente se decía que el gnosticismo era la forma suprema del conocimiento y yendo de la mano con el paganismo, dio origen a la masonería, la cual a su vez, fue fundamental en el surgimiento de la Sociedad Teosófica, todas confluyen en un punto común y aunque con distintos nombres y una notable evolución, siempre conservarán la esencia fundamental de sus doctrinas; es decir, comprender que todos somos Mesías menores que cargamos con responsabilidades particulares al encarnar.
        Es probable que esa búsqueda de la verdad, haya llevado a Abdallah a refugiarse en la Sociedad Teosófica, como lo han de hacer, católicos, judíos y todo tipo de personas adeptas a una religión u otra. Al igual que ocurre en la masonería, muchos credos confluyen y honran al Gran Arquitecto Universal.
        Pero hay dos cosas fundamentales que empañan la fiel labor de un musulmán en este tipo de sociedades; y es que la Hermandad de la Humanidad, es la antítesis de la Hermandad del Islam y que con el pasar de las décadas el surgente fanatismo islámico tendrá entre sus objetivos nuevos a la masonería y otras sociedades similares.

─ Sabía que el Imán guardaba consigo pensamientos liberales, y que esos pensamientos harían de él un ser más equilibrado y conforme consigo mismo, pero que a su vez; eso lo alejaría del Islam tradicional. También resulta curioso, hasta el punto de parecer contradictorio el hecho de que personas fieles al Vaticano, sean partidarios de organizaciones que se originan principalmente a través del sincretismo.

La Iglesia Católica aborrece el sincretismo y todo lo que surge a partir de ello, tal como la masonería, la santería, la teosofía y otros, habiéndose originado ella misma como institución y ganando espacios garrafales a través de procesos netamente sincréticos.
         Así como el sincretismo la ayudó a crecer, también la hará desvanecer, y la estrategia de ridiculizar antiguas creencias e historias que no eran convenientes difundirlas, será la misma estrategia que indeteniblemente le restará credibilidad, hasta el punto que prácticamente desaparecerá, llegando a tomar estrategias tan drásticas como el de difundir entre las masas que el nuevo rostro de Dios acogerá a todos aquellos no creyentes y bandidos, con el sólo fin de cobijar un gran número de adeptos.
        Quiero que mañana a las seis de la tarde te dirijas a Cuzco y observes por ti mismo los rituales de la Sociedad Teosófica.
        Iras hasta la capilla de los hermanos García y buscarás detrás del altar una gran alfombra roja, que tiene estampada el emblema oficial de la sociedad, debajo de ella hay una tapa de acero que gira en sentido contrario a las agujas del reloj, una vez abierta verás una escalera que va directamente al salón principal de congregación. Debes tener cuidado e ir contando una a una las barras de metal que te harán bajar la escalera, pues sólo las qué en orden ascendente tienen múltiplo de 2 y 3 funcionan, las demás sólo están ligeramente colocadas. Llevarás puesto un hábito verde oliva que encontrarás guindado detrás de la puerta principal de acceso a la capilla y te limitarás a observar sin decir ninguna palabra, cuando termine la ceremonia seguirás al hombre que llevará un brazalete azul y verde, luego él te dirá que hacer.

─ ¿Y si por alguna razón, Abdallah o alguna otra persona se da cuenta de que no pertenezco a la sociedad? 

─ A ese punto quería llegar. Te tocará emplear el más asombroso de nuestros dones; todo ser humano posee una combinación única de genes que establecen la secuencia de aminoácidos y proteínas, los cuales desempeñan una función importante en la determinación del fenotipo final o apariencia física del organismo. En nuestro caso dicha secuencia es distinta a la del resto de los mortales comunes, pues poseemos caracteres adicionales que nos dan cualidades y funciones especiales, tales como cambiar el tono de voz y forma del cuerpo, entre otros
 
─ ¿Por qué “El Maestro” no me habló de eso?

Él tiene tanto por enseñarnos, que trata de no abrumarnos de información y de explicarnos todo en el momento indicado, como habrás notado sabe cosas que aún la ciencia no ha explorado y eso se debe a que siempre se ha dedicado a conocer y aprender.
        Con respecto a la posibilidad de que alguno de la Sociedad Teosófica te reconozca, es sencillo; copiaras la forma de un adulto, pues sólo la estatura es impedimento, el rostro lo llevarás tapado y por lo demás no te preocupes.

─ ¿Cómo se supone que lo haré? 

─ Sólo debes enfocar firmemente como deseas verte, puedes adelantar o atrasar tu edad cronológica, copiar el aspecto y voz de cualquier ser humano, así como cambiar de manera puntual cualquier rasgo que desees.
Por ahora debo irme.  

─ Una última pregunta ¿cuál es la razón física por la cual siempre que estoy ante una materialización, sienta venir un gran vendaval?

Se debe a la desaceleración ocurrida en la interfase de una dimensión a otra, pues cada dimensión tiene una velocidad absoluta distinta a las demás, lo mismo ocurre cuanto hay transferencia de espectros entre una latitud y otra situada a muchos kilómetros de distancia.



 CAPITULO 10: Cielo azul, Árboles verdes.

        La mañana siguiente quise poner en práctica mi capacidad de transformación. Me paré frente al espejo y me imaginé que era un niño 5 años; inmediatamente mis brazos, mis piernas y todo mi cuerpo se reducían y ante el espejo se divisiva un pequeño niño blanco que era la viva imagen de mí ser. Luego supuse que era “Don Lorenzo”, aquel sabio que siempre recordaré como mi padre, mis piernas se engrosaron y todo mi cuerpo se alargaba y se arrugaba simultáneamente; al mirarme, era el retrato vivo de mi gran amigo, su misma cara, su encorvada figura y su mirada honda y multidireccional. Era obvio que la naturaleza me había dotado con más herramientas de las que cualquiera pudo haber imaginado.

        Luego de eso me dirigí al taller de fabricación y ayude a reacomodar toda la mercancía que había llegado de oriente, Ana y Adriana se encontraban conversando sobre un asunto que tenía preocupados a todos en la comunidad, y era el continuo deterioro de las relaciones entre Mostafah y Abdallah, era algo cada vez más notorio y muchos alertaban que la cuerda estaba por romper en su punto más débil,  y sin embargo, para ese entonces era un asunto que no estaba entre las prioridades del Imán.
        Llegada la tarde me dirigí a tomar el tren que me llevaría a Cuzco. Ese día el vagón en donde viajaba venía casi vacío y apenas llevaba dos ancianos, quienes dormían durante el trayecto. Antes de llegar a la penúltima estación me enfoqué en copiar la forma del señor Luís, el potero que cuidó el orfanato por años; alguien con un somatotipo parecido al de Abdallah y de unos 45 años de edad. Aproveché mientras los ancianos dormían de cambiarme mi ropa por una que llevaba en mi mochila, las había tomado de una cesta que guardaba Abdallah en su habitación, al llegar a la penúltima estación unas personas subieron al vagón y en la confusión los ancianos no notaron mi metamorfosis.

        Quince minutos después el tren había llegado a mí destino, todo iba marchando a la perfección. Sólo faltaba dirigirme a la capilla y colocarme él hábito.

        Aunque para mí se había vuelto costumbre visitar cada semana a los hermanos García, esta vez me sentía como si fuese la primera, y es que realmente era así, pues me encontraba preso en un cuerpo que no me pertenecía. Al caminar por la plaza golpeé mi cabeza con un par de ramas que encontré en el camino, tropecé con el borde de una acera y fui empujado por un par de personas, me costaba un poco adaptarme a mi nueva corpulencia.    

          Cuado llegue todo estaba completamente solo, entré, tomé mi habito y seguí directo al altar; ciertamente detrás de allí, había una enorme alfombra roja estampada con las mismas figuras que había visto en la medalla de Abdallah, la hice a un lado y observé una  tapa de acero que tenía inscrita la frase: “Cielos azules, Árboles verdes” y debajo, un montón de triángulos escálenos consecutivos que los bordes estaban pintados de tonalidad azul que se iban degradando hasta llegar a verde. Giré la tapa, entré y desde adentro la tomé por debajo y volví a cerrar, poco a poco fui bajando la escalera de la manera que Samuel me había indicado. Cuando toqué suelo, noté que había más de cincuenta personas en aquel sitio, de los cuales diez tenían hábito de color blanco y el rostro al descubierto; entre los que alcancé a reconocer vi a Abdallah, los hermanos García, el padre Raúl Valiente y Mohammad Deif. Me uní al grupo y me quedé parado simplemente imitando todo lo que hacían aquellos que vestían de verde.

        Era un lugar construido en su totalidad con bloques de barro cocido, en el centro había una gran fuente de forma triangular y dentro de ella se encontraban sumergidas algunas serpientes de gran tamaño, también observé hogueras situadas en las esquinas del recinto cuya llama era tenue y de color azul.
        Entre ritos y oraciones se escuchaba en murmullo un sin fin de voces y palabras que no seguían ningún orden lógico, sólo lograba entender lo que los hombres de blanco repetían mientras colocaban sus manos cruzadas sobre su pecho:

─ Señor Todopoderoso, devuélvenos la paz y la sabiduría que alguna vez tuvieron los nefilines, sólo tu puedes hacerlo.

        Mientras los rituales continuaban, buscaba la manera de dar con la persona que poseía el brazalete azul y verde, pero la menudees de la luz me impedía ver con claridad y me era difícil distinguir colores. Al poco tiempo se dio por terminada la ceremonia y todos se dirigían a un largo y angosto túnel que parecía ser la salida del recinto, me quedé entre los últimos en entrar al túnel y alguien noto mi tosquedad, me tomó de la mano y levantó su brazo izquierdo, el cual mostraba un fluorescente brazalete azul y verde. Se me acercó al oído y me dijo que lo siguiera.

        Al salir del túnel descubrí un enorme valle completamente rodeado por altas montañas y lleno de una gran variedad de plantas y animales, era un sitio verdaderamente inimaginable y de una belleza superior a todo lo que alguna vez vi y soñé.

Por todo el valle se observaban árboles frondosos entretejidos con enredaderas, los cuales daban la sensación de parecer pequeñas cabañas, y muy cercano a ellas  algunos riachuelos que circundaban el valle, y en sus riveras unas personas con rasgos indígenas. 

Luego el hombre del brazalete se descubrió el rostro y me dio la mano, era asombroso, pues se trataba de Tomás, “El Maestro”. Se dirigió a mí diciendo:

─ Francisco, estás ante la presencia de algo que se creyó extinto e inexistente; se trata, de una comunidad de nefilines confinados en este pequeño paraíso, son los seres más puros y sabios que han existido en la historia y aún conservan el poder de entablar contacto directo con El Dios. 
         No se sabe realmente como han perdurado a través de los siglos, pero lo que sí es cierto es que para ellos la Madre Tierra es sagrada y sólo bajo ese criterio han sabido vivir sin necesidad de agotar sus recursos. Y aunque no han evidenciado una extrema tecnología, comprenden instintivamente el principio del Santo Equilibrio, la fusión de lo cóncavo con lo convexo y/o la  armonía entre el bien y el mal.

        Aunque había un enorme desfiladero que nos separaba del valle, podía ver claramente que se trataba de personas distintas a nosotros y de un aspecto casi prehistórico, pues no poseían ningún tipo de vestido ni calzado y daba la impresión de estar frente al vivo retrato del alegórico génesis.

        Igualmente las demás personas se encontraban en otro extremo observando el valle, parecía que algunos de los más sabios podían iniciar contacto con los nefilines, era como un ritual más de los teosóficos. De pronto vi que una persona vestida con hábito blanco se acercó a nosotros y le susurraba algunas palabras en el oído a “El Maestro”. Luego el se dirige a mí nuevamente y me dice:

─ Hijo, hay alguien que desea verte, se trata de una persona que significa mucho para ti y que hace mucho que no ves.

Hay tanta gente que he querido y extrañado a lo largo de mi corta vida que no tenía la menor idea de quien se podría ser, y mucho menos, si ese alguien frecuentaba ese lugar. De verdad había visto tantas cosas nuevas que creía que ya nada me podría sorprender. Entonces le respondí a “El Maestro”:

─  Dígame maestro ¿de quién se trata?

        Una de las personas de hábito blanco cuyo rostro estaba escondido con su cabello se acercó a mi, luego descubrió su rostro y mis manos empezaron a temblar, su cara mostraba una sonrisa nerviosa y un par de lágrimas que parecían haber estado guardadas y reservadas sólo para la ocasión. Entre la cantidad de emociones encontradas mi cuerpo entró en metamorfosis y en sólo segundos había vuelto a su estado natural.

        Aunque se trataba de alguien que solamente había visto una vez en la vida y hacía más de una década que no sabía de ella, mi sangre y mi corazón habían identificado rápidamente de quien se trataba, jamás imaginé que sería en ese lugar y en esas condiciones que la volvería a ver, efectivamente se trataba de mi madre, no me quedaba ni la menor duda. Me abrazó, rozó su nariz sobre mi frente y besó mi cara una y otra vez, me dijo:

─ Al fin hijo, cuanto te he soñado y extrañado, mi envejecido rostro es la clara evidencia de todo lo que he llorado noche tras noche ante tu ausencia, ¡cómo has crecido! Realmente eres idéntico a tu padre.

Me sentía tan complacido y desconcertado a la vez que no quería hacer preguntas. Simplemente me conformada con abrasarla y sentir su olor, en ese momento entendí que siempre hay algo que día a día nos pude sorprender y si ese algo es favorable, con más razón debemos abrir las puertas de la razón ante su llegada.

En medio de nuestra emoción “El Maestro” nos mostró un pequeño puente colgante que atravesaba el desfiladero y se extendía hasta el valle de los nefilines. Me dijo:

Allí está el puente que los llevará rumbo a una nueva vida, llena de absoluta y plena armonía, sólo las personas puras y con capacidad de desmaterializase pueden atravesarlo, tú eliges tu destino Francisco.

─ Maestro y todo que me han enseñado y encomendado usted y “Don Lorenzo” ¿qué va a pasar con todo eso?

Eso te será más útil en el valle que en la calle, no te preocupes, que lo que ha de ser, será.
       
         Samuel y yo haremos lo posible por resolver algunas de las dificultades que se han de presentar, y difundiremos verdades entre la muchedumbre. Igualmente no somos los únicos facultados para esto, siempre han existido un grupo de sabios que llevan sobre sus hombros el rumbo de la humanidad, y son los encargados de sacar al mundo del abismo de la ignorancia, de igual manera tu mente puede volar y atravesar cualquier barrera, aquí estarás a salvo. Por tu gente no te preocupes que ellos esperaran el día de Kuñanandingo Kao.

  
CAPITULO 11: Diez y siete meses.

─ Lucía: ¡Doctor Blanco venga pronto! No me va a creer pero vi que Francisco movía sus dedos. 

Francisco hijo escúchanos ¡despierta!

─ Doctor: Señora hágase a un lado, debo examinar al paciente.

─ Lucía: ¿Dígame que observa? ¿Cree que estén volviendo sus signos vitales? De verdad vi cuando cerró su mano izquierda, note que aún está ligeramente empuñada.

─ Doctor: Como le he dicho varias veces, su hijo se encuentra en un estado patológico de total inactividad del sistema activador reticular, del tipo coma metabólico; lo que se traduce literalmente en lo que se conoce como estado vegetativo, y gracias a su fe y a los aparatos a los que está conectado aún no ha muerto. Pero déjeme decirle que sin ánimos de crearle falsas esperanzas, el hecho de empuñar su mano es un indicio de que el niño tiene gran probabilidad de recuperar la conciencia.

─ Lucía: ¿Y cuanto tiempo más cree que debamos esperar? Ya llevamos casi diez y siete meses con la incertidumbre y realmente no sé si tenga fuerzas para seguir.

─ Doctor: Vuelvo y le repito, la capacidad de sobrevivencia es inversamente proporcional al daño sistémico irreversible. Asimismo la probabilidad de recuperar la conciencia va a depender de la plasticidad y la sinapsis a nivel neuronal; es decir, la capacidad de que una neurona pueda realizar funciones a las cuales no estaba programada y que luego dichas neuronas en estado plástico puedan comunicarse entre si mismas y las demás que sí están programadas para tales funciones.

 ─ Lucía: ¿Y qué dicen los últimos exámenes de sangre? 

 ─ Doctor: Precisamente de eso iba a hablarle. Sé que hace ya varios días que se le tomó la última muestra sanguínea, pero por razones burocráticas estos resultados apenas acaban de llegar. Al igual que los demás, estos resultados confirman que la causa del estado de coma en el cual está sumergido su hijo es debido a la existencia de metabolitos reductores en la sangre del paciente, específicamente estamos hablando de arsénico suministrado por vía oral. Nos has tomado meses diagnosticar la causa de dicha patología para así conseguir el  resultado definitivo.
        El asunto es más grave de lo que parece, pues dichos resultados han sido enviados a los organismos de seguridad del estado y a los entes de protección al menor; y estos ya han iniciado investigaciones con la finalidad de revelar si la sustancia fue ingerida accidentalmente o si alguna persona se lo suministró al infante. Además, hay que tomar en cuenta que un niño difícilmente tiene acceso a este tipo de fármacos.
  
─ Lucía: ¿Usted está queriendo decir que alguno de nosotros pudo haber envenenado a mi hijo? ¿Tiene usted idea de lo que me está diciendo?

─ Doctor: Yo sencillamente soy médico, mucho hago con ponerla al tanto de los procedimientos legales que se han de llevar acabo a raíz del envenenamiento de su hijo, ruéguele a Dios para que ese gran ser despierte y sea él mismo quien pueda esclarecer todo.

 ─ Lucía: Justamente eso es lo que he hecho noche tras noche, rogar por la salud y el mejoramiento de mi único hijo, mi esposo y mi suegra han sido los que me han dado fuerza para no perder la fe, algo me dice que Francisco volverá, sé que así será.
─ Doctor: Todos tenemos la esperanza de que el pequeño sacristán despertará. Entre otras cosas su corta edad es una variable que favorece la recuperación neuronal.

─ Lucía: ¡Doctor sus dedos! Volvió a mover sus dedos.

─ Doctor: Llámeme al Doctor Salazar y por favor cálmese no es bueno que se desespere.
        Enfermera por favor sírvale agua a la señora, siéntela y si es necesario tómele la tensión. Si puede dígale a la recepcionista que llame a su casa y me comunique con el padre de niño, es bueno que esté aquí.

─ Lucía: No se preocupe por mi doctor, yo estoy bien. Ocúpese del niño que es el que ahora importa.

─ Doctor: ¡Un momento! Está regresando, ciertamente el niño está regresando.
        Enfermera por segunda vez se lo digo ¡Llámeme al Doctor Salazar!

─ Lucía: ¡Francisco, soy yo tu madre! Por lo que más quieras abre esos ojos, devuélvenos la armonía que una vez tuvimos.

        En el profundo sueño que me envolvía escuchaba a lo lejos leves voces que parecían provenir de una lejana dimensión. Lentamente un despiadado frió se iba apoderando de mis huesos  y mi espalda me empezaba a doler de arriba a abajo. 

        A medida que mis males se iban acentuando, tenía la impresión de que alguien gritaba mi nombre una y otra vez. De pronto a mi cabeza vino una frase; la cual quise pronunciar y no sabía como: “Kuñanandingo Kao”.

─ Lucía: ¡Doctor parece que intenta hablar!

─ Doctor: Señores estamos ante un milagro. El paciente está volviendo, enfermera colóquele un poco de gasa en los ojos, este niño lleva demasiado tiempo sin ver luz y es probable que muestre fotosensibilidad.

        Luego desperté, abrí mis ojos y no pude ver nada. Me encontraba acostado de la manera más incomoda en la que había estado, me hallaba en un sitio frió y con un acentuado olor a alcohol, pude escuchar a una mujer llorar y a varias personas conversar y caminar de un lado a otro.

        Tenía mucha sed y nuevamente intenté hablar pero ni yo mismo me podía escuchar. Mis extremidades estaban completamente acalambradas y en mi boca había un repulsivo sabor que me producía nauseas.

  ─ Doctor: Felicidades Señora Lucia, de verdad es un milagro el hecho de que su hijo haya recuperado su actividad cerebral, es una pequeña muestra del avance que tiene la medicina en el siglo XXI.
      Por ahora debemos dejar al paciente en observación, hay una serie de exámenes que se le deben hacer para así diagnosticar el alcance del daño, Dios quiera y sea mínimo.

        No entendía nada, no sabía donde estaba, ni a que se referían. Me sentía incapaz de diferenciar entre la realidad y el sueño; verdaderamente no sabía que creer, estaba aturdido y sin poder recordar nada.

─ Lucía: ¿Doctor cree que pueda hablar?

─ Doctor: Realmente es imposible dar esa respuesta. Los daños neuronales en ocasiones invalidan de manera transitoria o permanente algunas funciones del organismo, tales como: hablar, oír o mover sus extremidades, así mismo pueden ocasionar pérdida de la memoria u otros inconvenientes.

      Su recuperación dependerá de él mismo, esperemos que en corto plazo pueda ir recobrando todas sus funciones.

Al momento de escuchar al fulano doctor hablar, iba entendiendo de qué trataba todo, era innegable que por alguna razón estaba recluido en un hospital y según lo que logré entender llevaba algún tiempo preso en esta cama, entonces me preguntaba ¿Cuál había sido la causa de mi enfermedad?, ¿Quién era la señora que llevaba rato diciéndome hijo?

        De pronto a mi cabeza venían recuerdos confusos que intentaban aclarar mi situación; una desabrida sopa, el sonido de una mujer bajando una escalera y una iglesia en donde me hallaba yo apagando algunas velas. Entonces me volví a preguntar ¿Quién era realmente yo? ¿Cuáles de todas las historias que había vivido eran reales? Fue cuando escuché a la mujer hablar.

 ─ Lucía: ¿Francisco cómo te sientes? ¿Puedes reconocerme? Aquí están tu padre y tu abuela quienes han venido a corroborar el asombro de tu regreso, por ahora tienes unas gasas puestas en los ojos para que la luz no los afecte; quizá no lo recuerdes, pero llevas casi diez y siete meses sin mostrar ningún signo vital. Por fin has vuelto, ya veras que todo será como antes.

        Entonces mis recuerdos empezaban a llegar y minuto a minuto iba entendiendo el meollo del asunto, recuerdo que me sentía algo mareado y que de pronto todo se tornaba negro y luego no supe más de mí.

─ Doctor: Señores es bueno que le vayan recordando datos simples de su vida para que el paciente logre familiarizarse con el entorno, lo más seguro es que por el largo período de inactividad cerebral, haya olvidado algunas cosas, las cuales cualquiera creería imposible de olvidar.

─ Lucía: Hijo tu nombre es Francisco Santiago Torres, yo soy Lucía tu madre, tu padre se llama Juan y tu abuela Diometila, vivimos al sur de Nuevo México y somos inmigrantes guatemaltecos. Estudias en la escuela San Francisco de Asís, sueles ir a la capilla San Miguel, tienes casi once años y siempre has soñado con ser el mejor sacristán.

        Era cierto, había permanecido dormido por un largo tiempo. Alejado de mi gente, de mi monótona vida e incluso alejado de mis creencias. No sabía si apenarme por el hecho de haber quedado en coma, o por haberme dado cuenta de que todo lo que había vivido los últimos meses era irreal. El claroscuro mundo en el que estaba sumergido tenía más matices de los que mostraba mi entorno actual, y aunque debo admitir que la relación amor-odio que mantenía con aquel mundo ilusorio estaba al borde de llevarme a la locura, era innegable que ya me había acostumbrado a sus encantos y desencantos.

        Donde no había dudas, era en que a partir de este día, mi vida había dado un vuelco de ciento ochenta grados, creando la necesidad de replantear de manera puntual todas las variables que involucraban mi modo de pensar, actuar y vivir. Debía descubrir la razón por la cual mi conciencia tuvo que ser troncada e inhabilitada durante ese tiempo, nada ocurre sin algún motivo, era algo que había logrado aprender durante el paseo por mi pre-muerte. 

        Mientras me acostumbraba a mi despertar, noté que sobre mi pecho un oscuro ser colocaba su mano, y aunque ya no me encontraba en mi mundo fantástico, tuve la sensación de extraer algunos pensamientos de la mente de aquella desquiciada mujer. Se trataba de mi abuela paterna, en el archivo de imágenes que ocultaba su alocada cabeza descubrí algunas cosas que quizás anteriormente no creería: la morbosa emoción que le causaba enviar coronas de flores a la casa de todos y cada uno de sus enemigos, así como el modo tan silencioso y pecaminosamente inteligente con el cual colocaba pequeñas dosis de arsénico en mi comida con la única intención de mantenerme enfermo, y así evitar la partida de mis padres a la guerra, escenario en el cual habían fallecido sus dos primeros esposos, mutilados y contaminados con Uranio Reducido(DU). 

        Realmente la sutil manera con la cual aquella mujer te envolvía y hacía que su cara permaneciera grabada en tu mente de una forma religiosamente maléfica, y el hecho de poseer una inteligencia nociva y digna de admiración, daban la impresión de estar, no ante un foco de oscuridad, sino ante la oscuridad misma; quizás algo de eso pude haber heredado, quizás no. Solamente el tiempo dirá que camino debo escoger, todo dependerá de la manera con la cual asuma el compromiso de cumplir la misión fundamental por la que he vuelto a la vida, aunque posiblemente esa misión me lleve a sacrificar mi paz, le dará sentido a mi vida y me dará fuerzas para engrandecer mi alma y mi sabiduría. La verdad deberá conocerse y divulgarse entre la muchedumbre, así los escogidos afrontaran con humildad, fe y esperanza la nueva era, el nuevo mundo.

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